CANELONES RELLENOS DE RICOTTA Y ESPINACA

Hay olores que me transportan a sitios y épocas.  No sé por qué, pero cada vez que hago canelones, de pronto tengo 7, 8 años y estoy en casa de mi tía abuela Rosa, maravillada con los rincones de una casa enorme que conocía poco.  Había un teléfono antiguo en la entrada, un piano en el estudio del tío Pepino, montones de libros en italiano que parecían más bien reliquias de museo, ¡había hasta una cascada en el jardín!  Pero a mí lo que más me gustaba era la cocina, llena de miles de ollas y ollitas, todas humeantes, todas llenas de olores distintos.  Cada vez que íbamos a visitar, tenía la certeza de que sirvieran lo que sirvieran, yo iba a alucinar.  Es extraño porque no era una niña glotona, ni estaba particularmente pendiente de la comida, pero había algo extraordinario en las manos de Mamaía que hacía que una salsa de tomate normal supiera completamente distinta.  En mi cabeza se formó la idea, entonces, de que ése era el sabor de Italia.  Miles de años después, aun habiendo vivido en la tierra de Dante, la sazón de Mamaía sigue siendo mi prototipo del gusto italiano.  Aquí les va un intento por reproducir esa sazón.

 
INGREDIENTES
 
Para 4-6 personas
 
Para el relleno de los canelones 
 
250 g cannelloni (unos 24 canelones)
500 g espinaca (congelada funciona también)
375 g ricotta / requesón
2 tazas (generosas) parmesano rallado
1 huevo grande
1 cebolla pequeña o media grande, picada fina
Nuez moscada, al gusto
Sal y pimienta blanca, al gusto
 
  • Cortar la cebolla en trozos pequeños.   En un sartén pequeño, con un chorrito de aceite de oliva, sofreír a fuego medio-bajo hasta que se marchite, cuidando que no se queme (unos 4-5 minutos).
  • En un recipiente mediano, batir ligeramente el huevo y condimentar con sal, nuez moscada y pimienta blanca.  Agregar la ricotta y batir un poco hasta mezclar bien.  Incorporar una taza del parmesano rallado, el sofrito de cebolla, y mezclar bien.
    • No recomiendo usar queso cottage porque tiene un toque ácido que le mata el sabor a la espinaca, y además es mucho más líquido que la ricotta. 
  •  Si utilizan espinaca fresca (baby spinach, como ven en la foto), no hace falta saltearla.  Así conserva más su valor nutritivo.  Sólo hace falta lavarla bien, escurrirla por completo y cortarla en tiras delgadas. Pero si utilizan espinaca congelada, les recomiendo pasarlas por sartén para eliminar toda la humedad. Esto lo pueden hacer una vez que terminen de cocer la cebolla.
    • La espinaca se podría sustituir por acelga, o también se puede experimentar con el relleno e incluir, por ejemplo, trocitos de tomate seco, hongos, cuadritos de jamón o prosciutto crudo, piñones tostados, etc.
 
 
 
 
Para la salsa de tomate 
 
2 latas (de 400 g c/u) de tomate (mejor si ya viene picado)
1 cebolla mediana
1-2 dientes de ajo
, machacados
Orégano o albahaca, al gusto
Sal y pimienta, al gusto
1/2 taza de vino tinto (si tienen alguna botella abierta)
Una pizca de azúcar, si el tomate está muy ácido
 
  • Cortar la cebolla en trozos pequeños y machacar el ajo. Sofreír la cebolla en un poco de aceite de oliva por 4-5 minutos a fuego medio bajo, removiendo constantemente para que no se queme, y luego añadir el ajo. Saltear por un minuto más y agregar el tomate (si viene entero, les recomiendo que lo machaquen un poco antes).
  • Condimentar al gusto con la hierba de su preferencia, sal y pimienta. También se pueden usar otras hierbas, en lugar de orégano: albahaca (mejor si está fresca), mejorana, perejil…
  • Ponerle un chorrito de vino tinto (si quieren). Probar y rectificar la sazón. A veces el tomate está muy ácido y hay que ponerle una pizca de azúcar para neutralizar un poco.
  • Revolver bien, tapar y cocinar por una hora a fuego medio-bajo. Una vez que se enfríe un poco, se puede poner en una licuadora o procesador para hacer una salsa más suave, sin trocitos.
 

Bechamel [opcional]

60 g mantequilla

2 cucharadas soperas de harina

3-4 tazas de leche

Nuez moscada, al gusto

Sal y pimienta, al gusto

Mozzarella, al gusto (unas dos tazas, rallado)

  • Se derrite la mantequilla en una olla mediana. Se agrega la harina y se mezcla bien con la mantequilla. Se cocina esta pasta por un par de minutos a fuego medio bajo, sin que agarre color, hasta que se cocine un poco la harina (esta pasta se llama roux, en francés).

  • A fuego bajo, se agregan dos tazas de leche fría, y se bate bien con un batidor manual, de manera que no queden grumos. Hay que batir bien y rápido, antes de que comience a espesar la mezcla. Luego se puede ir ajustando con más leche, a medida que espese. Al final, cuando ya rompa a hervir y lleguen a la consistencia deseada, pueden sasonar con sal, pimienta (preferiblemente blanca) y nuez moscada.
    • La regla básica para la bechamel es que si el roux está caliente, la leche debe estar fría. Si el roux está frío, la leche debe estar caliente. Si les queda grumosa, no pasa nada. Hagan trampa y usen un blender, o pásenla por un colador. La bechamel es una de las salsas básicas, pero tiene su truco técnico.
 Para armar los canelones

 

  • Seguir las instrucciones del paquete con respecto a la cocción de los canelones.  Es preferible conseguir esos que no hace falta cocinar previamente. Son mucho más fáciles de rellenar porque están firmes.  Hay una línea de Barilla al huevo que tiene unos canelones buenísimos.  Sí hay que hervirlos primero, por unos 4 minutos, pero no se ponen del todo aguados.
  • Para rellenar, se puede usar manga pastelera con un pico ancho.  Otra opción válida, contra todos los pronósticos, es rellenar cada canelón con una cucharita (esto si los canelones son de los que no hace falta precocinar).  Es un proceso lento, no es un plato que se pueda hacer  todos lo días, pero al final vale la pena el esfuerzo.  Con la cantidad de relleno de arriba, se pueden hacer los 24 canelones del paquete, pero sin atiborralos.  Si prefieren los canelones rellenos a reventar, tal vez sólo alcance para unos 18.  En todo caso, si les sobra mezcla, se puede refrigerar y utilizar luego para hacer una tortilla o una omelette de espinacas, por ejemplo.
  • Una vez rellenos los canelones, poner taza y media más o menos de la salsa de tomate en la base de un pyrex o refractario rectangular grande.  La idea es cubrir toda la base con una buena capa de salsa.
  • Luego acomodar los canelones en el mismo sentido.  En lo personal, yo prefiero que me quede una sola capa de canelones.  Echar otra taza y media (o más) de la salsa de tomate por encima de los canelones, y rociar con la taza de parmesano restante.
    • Una alternativa es hacer una bechamel y echar sobre los canelones, de modo que quede tomate por abajo y salsa blanca por encima.  En la foto abajo, pueden ver unos canelones con bechamel y mozzarella. De cualquier manera queda muy bien.
  • Hornear (en horno precalentado) a 180 ºC / 350 ºF / Gas 4 por unos 20-25 minutos (revisen las instrucciones de los canelones, en caso de usar esos que no requieren cocción previa).  Al sacar del horno, dejar asentar por unos 5-10 minutos, para que los canelones no se deshagan al servir.
 

En estas fotos pueden ver el proceso, utilizando unos canelones que no necesitan cocción previa. Las primeras fotos son con bechamel; las dos últimas (bastante feítas), solo con salsa de tomate.

PASAPALOS DE YUCA

Para los europeos, este «pasapalo» o tapa puede fácilmente estar en el Top 10 de cosas exóticas, cuando en realidad es una tontería.  Incluso en un lugar perdido y remoto como Dublín, la yuca (mandioca, casabe o casava) se consigue sin mayor dificultad en cualquier mercado asiático o caribeño (y no es tan cara, no más de 2 euros el kilo).  Para nosotros, criaturas del trópico, la yuca es acompañante indispensable en cualquier parrilla / asado / barbacoa.  También es alimento crucial para los indígenas que viven al sur del país, pero no me voy a poner antropológica.  Aquí les paso  entonces algunas recetas para preparar la yuca.  Disculpen si las explicaciones resultan muy obvias (las escribo pensando que el gastrolector jamás ha puesto una mano en este tubérculo espantoso).
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Curiosidad lingüística
En Venezuela llamamos pasapalos a los canapés o bocados que se sirven, por ejemplo, en las fiestas.  Su nombre da cuenta de la cultura chupística del venezolano (palo = copa, bebida).  De este modo, caerse a palos no es golpearse con un garrote, sino beber hasta ponerse bruto.  Los pasapalos sirven, entonces, para caerse a palos sin morir en el intento.
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INGREDIENTES
Agua
Sal, una buena cantidad
Yuca (la cantidad que quieran, sólo tengan en cuenta que rinde y llena un montón, y dura bastante)
¿Cómo escoger la yuca?  
Como buen producto sudaca o africano de poca exportación, no creo que haya muchos controles de calidad en las plantaciones, así que es bastante factible que la yuca que uno escoja, aunque por fuera se vea perfecta, tenga partes negras o dañadas por dentro.  Lo importante es que a la hora de escogerla, no tenga partes suaves o blandas.  La yuca tiene que estar firme de punta a punta.  En un demo de comida criolla que hicimos, la gente nos preguntaba cuál era el tamaño ideal.  La verdad, a mí me da igual que sea gruesa o delgada, larga o corta (no sabría decir cuál es más tierna), pero siempre trato de que sean del mismo grosor para que se cocinen uniformemente.
  • Hagan la receta que hagan, lo primero es pelar bien la yuca.  Yo utilizo un pelapapas firme, de hojilla gruesa (es mucho más fácil y seguro que hacerlo con cuchillo).  
  • Hay que pelarla bien, primero eliminando la cáscara gruesa y cerosa de afuera, y luego raspando una capa de color morado hasta llegar a la carne blanca.  Igual luego de hervir los trozos, si queda algo de cáscara, es bastante fácil pelarla porque se escama.
  • Si van a hacerlo por partes, les recomiendo tener un recipiente con agua fría a mano para ir metiendo los pedazos de yuca de modo que no se oxiden.
  • Una vez pelada la yuca, cortarla con un cuchillo grande y afilado en pedazos grandes (de unos 7-8 cm).
  • Poner a hervir suficiente agua como para que queden todos los pedazos de yuca sumergidos, con una buena cantidad de sal.
  • Hervir la yuca por unos 15-25 minutos, dependiendo de lo que se quiera hacer (ver más abajo).
YUCA FRITA
  • Para yuca frita, los pedazos tienen que quedar tiernos pero bien firmes.  Calculo que unos 15-20 minutos es suficiente, dependiendo del grosor de la yuca y lo tierna que esté.  Hay que ir  probando y pinchando con un tenedor para que no se pase de cocción.  Si queda muy aguada, no hay problema, ver recetas más abajo.
  • Una vez que tengan la consistencia adecuada, escurrir el agua y dejar enfriar un poco antes de manipular.
  • Revisar que no queden pedazos de concha duros, cortar los trozos por la mitad y desvenar.  En el centro de la yuca hay una vena fibrosa que hay que eliminar porque es dura.
  • Luego, cortar en tiras largas, tipo papas fritas gruesas.  En Nicaragua, por ejemplo, se comen la yuca así como queda después de hervirla.
  • Les recomiendo refrigerar antes de freír, para que queden bien firmes.
    • Según Tony Custer, los palitos se pueden congelar y luego se pueden echar a freír sin necesidad de descongelar antes.
  • Las pueden aliñar antes o después de freírlas.  Al igual que con las papas fritas, las opciones son infinitas: sal gruesa, ajo en polvo, romero, páprika, un toque de comino, perejil u orégano, alguna mezcla cajún, etc.  En mi casa trabajó una vez una señora que era la reina del ajo, y marinaba la yuca y la papa en una especie de mojo hecho con ajo fresco machacado, sal y aceite de oliva.
  • Freír en una buena cantidad de aceite por tandas (como se imaginarán, en el trópico no nos podemos dar el lujo de hacerlo con aceite de oliva, sino que lo hacemos con aceite de maíz o girasol).  Como ya la yuca está cocida, basta freírla hasta que esté dorada.  Sacar con una espumadera, escurrir el exceso de aceite y poner sobre papel absorbente.
  • Los palitos de yuca se pueden acompañar con cualquier salsa.  Más abajo pongo algunas opciones.
BOLITAS DE YUCA
  • Tanto para el puré como para las bolitas, tal vez unos 20-25 minutos sean suficientes, hasta que la yuca esté bien suave, casi deshecha.
  • Escurrir bien el agua, partir por la mitad y desvenar.  Todavía caliente, aplastar en un pasapuré (o en lo que usen para hacer puré de papas).  Mientras más calientes, más fácil machacarlas.   Salar al gusto.  Dejar enfriar un poco antes de formar las bolitas. 
  • Enharinar el mesón o la superficie donde vayan a poner las bolitas, y enharinarse bien las manos.  Sacar una cucharada de «masa» y formar las bolitas con las manos, compactándolas lo más posible.  Una alternativa es ponerles un cuadrito de queso en el centro (tipo mozzarella, queso paisa o algún queso que se derrita).  Esto es delicioso, pero les sugiero que primero le agarren el truco a formar las bolitas antes de ponerse a experimentar con rellenos.
  • Espolvorear con un poco de harina las bolitas y, al igual que con los palitos, es buena idea refrigerarlas antes de freír.
  • Poner a calentar una buena cantidad de aceite y freír por tandas uniformemente hasta que las bolitas estén doradas.  Escurrir el exceso de aceite y poner sobre papel absorbente.
PURÉ DE YUCA
Para el puré, son los mismos pasos que arriba:
  • Hervir la yuca por 20-25 minutos, hasta que esté bien suave, casi deshecha.
  • Escurrir bien el agua, partir por la mitad y desvenar.  Todavía caliente, aplastar en un pasapuré (o en lo que usen para hacer puré de papas).  Mientras más calientes, más fácil machacarlas.   
  • Ponerle una buena cantidad de mantequilla, salar al gusto, y si quieren un puré más cremoso, ponerle un chorrito de leche (o, mejor aún, crema de leche).  
  • Se le puede poner un toque de nuez moscada o ajo en polvo.
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SALSAS PARA ACOMPAÑAR
Guasacaca
Guasacaca es el equivalente venezolano del guacamole mexicano.  Aquí les paso mi versión personal.
2 aguacates / paltas, bien madur@s
Jugo de un limón (más o menos, dependiendo del gusto)
Aceite de oliva, un chorrito
1 tomate grande, picado en cuadritos pequeños
Cebollín / cebolleta, 1-2 palitos (al gusto)
Cilantro / culantro, picado fino
Ajo en polvo, al gusto
Sal y pimienta, al gusto
  • Pelar los aguacates y quitarles la semilla (hay gente que la pone en agua para que el aguacate no se ponga negro, pero quién sabe… con el aguacate hay un millón de rituales extraños…).  Lo más fácil es ir machacándolos junto con el jugo de limón (que se pone a discreción, dependiendo de cuán ácida les guste la guasacaca) y el aceite de oliva.  
  • Una vez bien machacados los aguacates, incorporar el tomate, cebollín, cilantro y las especias.  Mezclar bien.
  • Como verán, no hay nada científico en esta receta.  Todo es al gusto.  La cantidad de aceite, por ejemplo, depende de lo cremoso que esté el aguacate.  Si está un poco seco, el aceite sirve para darle una textura más sedosa.  
  • Se podría poner ajo machacado, pero el ajo en polvo tiene un sabor más sutil que no opaca al del aguacate.
  • Hay gente que no machaca el aguacate, sino que lo pone en cuadritos.  Yo lo machaco para que sirva de dip.
  • Se puede sustituir el cebollín por cebolla, por supuesto.  Yo prefiero el sabor más suave del cebollín.
 
Mojo andino
Esta salsita es la especialidad de mi tía Elia, en Mérida (Venezuela). Parece sencilla, pero tiene su truco.  Si no les sale a la primera, no se desanimen. 
1-2 dientes de ajo, machacados
1 cebolla mediana, picada muy fina en cuadritos
2-3 ajíes dulces, sin semillas y picados muy finos
2-3 tomates, pelados y sin semillas, cortados en cuadritos pequeños
3-4 huevos, previamente batidos
2 tazas de suero de leche (o crema de leche, si no consiguen suero; o leche, si lo quieren hacer light)*
Cilantro picadito, 2-3 ramitas (al gusto)
Sal y pimienta, al gusto
  • En un recipiente mediano, batir bien los huevos (no es necesario hacerlo con batidora eléctrica, pero sí tienen que estar bien batidos).  Agregar el suero y mezclar bien. Reservar. 
    • El suero que pide esta receta no es el suero común que resulta cuando se corta la leche.  Es más bien tipo el buttermilk en el mundo anglo.  Si no están en Venezuela, pueden sustituirlo por crema de leche o buttermilk
    • La tía Elia dice que ella usa 2 huevos por cada taza de líquido, pero como aquí los huevos son enormes (yo suelo comprar los large), le pongo menos.
      • En una sartén a fuego medio-bajo, sofreír en un poquito de aceite el ajo, la cebolla y los ajíes hasta que estén bien tiernos, unos 7-8 minutos.  Agregar el tomate y seguir sofriendo por unos minutos más, hasta que se merme un poco el líquido y se deshaga el tomate.
        • Si no consiguen ají dulce, que es igual al habanero pero no pica, se puede eliminar o sustituir por un cuarto de pimentón / morrón amarillo.
      • Bajar el fuego más aún (a lo más bajo que se pueda) y salpimentar al gusto.
      • Para que el mojo quede líquido y el huevo no se solidifique y quede tipo revuelto, primero hay que temperarlo.  A la mezcla de huevo batido y suero se le agrega una cucharada del sofrito caliente y enseguida se revuelve muy bien hasta que todo esté bastante homogéneo.  Esto se repite un par de veces más, mezclando bien cada vez.  En este punto, el huevo debería estar lo suficientemente caliente como para no compactarse al incorporarlo a la sartén.
      • Revolver constantemente, mezclando bien con el sofrito restante.  Cocer por unos 3-4 minutos, agregar el cilantro y servir tibio.
    Salsas peruanas
    En Perú la yuca también es bastante popular.  Aquí les paso unas recetas tomadas de El arte de la cocina peruana, de Tony Custer.
    Huancaína
    1/2 taza cebolla roja, picada fina
    1 cucharadita de ajo en polvo
    2 cucharadas de aceite
    5 ajíes amarillos, sin venas ni semillas y cortado en trozos
    3-4 galletas soda
    1/4 taza de queso blanco/fresco, rallado
    1 taza de leche evaporada
    • En una sartén, calentar el aceite y saltear a fuego medio la cebolla, el ajo y el ají hasta que la cebolla esté transparente, entre 3 y 5 minutos.
    • El ají amarillo se parece al ají dulce venezolano (pero con un toque sutil de picante).  Si están en Venezuela, usar 5-6 ajíes dulces y uno picante.  Si están en otras latitudes y no consiguen el ají amarillo, tal vez se pueda conseguir un sabor parecido con una mezcla de pimentón / morrón amarillo y algún ají/chile picante, tipo poblano o tailandés.
    • Licuar o procesar todos los ingredientes (echar más aceite si quieren una textura más sedosa, o más galleta de soda si quieren espesar un poco más).  
    • Si no consiguen queso blanco o fresco, sustituir por feta, pero reducir un poco la cantidad.
    • Se puede servir tibia o fría.  Da para taza y media de salsa, aproximadamente.
    • Con unas papas hervidas o al vapor (coronadas con huevo duro y aceitunas negras), tienen el famoso plato peruano de las papas a la huancaína.
    Jalpahuaica
    1 ají rocoto, sin venas ni semillas
    2 tomates grandes, sin semillas
    2 cucharadas de aceite
    2 cebollines / cebolletas
    Jugo de un limón
    Sal, al gusto
    • El ají rocoto se llama forote en los Andes venezolanos.  Tiene forma de tomate y es bastante picante, pero de un sabor intenso.  No sé cuál es el equivalente en mexicano, pero supongo que se podría usar poblano también.
    • Se pueden licuar todos los ingredientes, o cortar finos y mezclar bien.  Para acompañar los palitos de yuca, es preferible tener una salsa líquida.  Da para 1 taza más o menos.

    TOSTADAS MEXICANAS DE NORMA

    No ocurre con frecuencia, pero de vez en cuando tengo el chance de publicar recetas con el permiso de sus autores.  He tenido la suerte de que mis amigas mexicanas sean generosas con sus secretos culinarios, como pueden corroborar con la cochinita pibil de Rossy (Obregón), el pastel de elote/maíz de Ale (Hermosillo),  y la salsa para tamales de Adalia (Saltillo). En esta ocasión les copio la receta del picadillo estilo norteño de Norma (Monterrey) para hacer tostadas (ella dice que se hacen originalmente de pollo, pero en su casa las prefieren de picadillo).  Norma es de esas personas que juntan tres ingredientes cualesquiera y les sale una delicia, así que espero poder seguir robándole recetas. Sin más preámbulos…
    PICADILLO
    1/2 kg carne molida (res o cerdo)
    Ajo en polvo, al gusto
    1 cebolla pequeña, cortada en cuadritos
    1-2 tomates licuados
    2-3 papas medianas, peladas y cortadas en cuadritos
    Sal y pimienta, al gusto
    Polvo Knorr, al gusto*

    • Poner a cocinar la carne con un poquito de agua y ajo en polvo al gusto, a fuego bajo.
    • Cuando se seque el líquido, echar la cebolla picada hasta que dore un poco.   Se puede agregar también pimentón /morrón en cuadritos si les gusta.
    • Agregar las papas cortadas en cuadros pequeños, y el tomate licuado.  Dejar que hierva.

    • Sazonar con sal y pimienta al gusto.  

    *Es bastante común en México (al menos en el norte), sazonar con polvo Knorr (como los cubitos, pero en polvo), en lugar de usar sal.  Yo utilicé medio cubito triturado, sal y pimienta negra recién molida.

    • Echar un poco más de agua, suficiente como para que las papas se puedan hervir.  Seguir cocinando hasta que las papas estén tiernas y el agua se merme.
    • Rectificar sazón y mantener caliente.
    • Medio kilo de carne es un montón, y calculo que alcanza para unas 16 tostadas pequeñas.
    FRIJOLES REFRITOS
    La receta completa de los frijoles o caraotas (como les llamamos en Venezuela) es harina de otro costal y prometo montarla pronto.  Para los mexicanos y caribeños, no tiene ninguna ciencia.  Creo que todos nacemos genéticamente predispuestos  para hacer buenos granos.  En todo caso, si el gastrolector no sabe prepararlos, puede salir corriendo a cualquier automercado y comprar una lata de frijoles La Costeña o Goya, calentarlos en una cacerolita o en el microondas, y listo. 
    TOSTADAS
    Se pueden comprar ya hechas, pero como aquí en Dublín sólo hay un sitio donde las venden y es una pesadilla llegar con el carro, prefiero hacerlas yo misma.  Además, estoy enfiebrada estrenando mi tortillera nueva, regalo de mi querida amiga Ale.
    Simplemente hay que seguir instrucciones del paquete de Maseca (la harina de maíz con la que se hacen las tortillas).  Para 16 tortillas pequeñas: 
    2 taza de Maseca
    1 1/4 taza de agua 
    1/4 cucharadita de sal 

    • Mezclar y amasar un poco todos los ingredientes, dividir la masa en 16 y formar bolitas redondas.  
      • OJO, gastrolectores venecos y colombianos: con el dolor de mi alma informo que la Harina Pan no sirve para hacer tortillas mexicanas.  Se parecen mucho, es cierto, pero la Harina Pan es más gruesa y esponjosa.  
    • Si tienen tortillera, o el artefacto para hacer empanadas venezolanas (no creo que tenga un nombre científico), forrarlo con una bolsa plástica o papel transparente (envoplast, cling film), poner la bolita en el centro y aplastarla hasta que quede lo más fina posible.  Si no tienen la tortillera, no se preocupen; se puede improvisar: yo solía usar dos tablas de cortar, también forradas con una bolsa plástica para que la tortilla luego se despegue fácilmente, ponía la bolita en el centro y aplastaba lo más uniformemente posible.
    • En una sartén o plancha bien caliente (comal o budare = planchas de metal que se usan para asar las tortillas y/o arepas), sin aceite, poner las tortillas (yo tengo una sartén de buen tamaño, así que caben dos tortillas pequeñas a la vez).  Tostar por cada lado hasta que empiecen a dorarse.  El tiempo depende del grosor de la sartén o plancha, y del tipo de cocina: las de gas suelen ser más potentes que las eléctricas, así que tal vez un minuto por lado sea más que suficiente.  Conservar las tortillas calientes, envolviéndolas en un paño de cocina mientras se hacen las demás.  
    • Así como están, las tortillas resultan suaves y flexibles, y sirven para sopes, tacos, etc., pero si quieren ponerlas duras, tipo para tostadas, entonces hay que freírlas en un poco de aceite (NO de oliva), hasta que doren por completo y se endurezcan.  No hace falta hacer un deep-fry, pero sí hay que poner suficiente aceite como para que se cocinen uniformemente.  Esto no tarda más que unos segundos por cada lado, así que hay que estar pendientes para que no se quemen.
    PARA CORONAR LAS TOSTADAS
    Lechuga en tiritas
    Tomate en lajitas
    Aguacate/palta en lajitas
    Cebollín/cebolleta, picadit@
    Crema de leche, crema agria, o yogur griego
    Queso blanco / fresco, rallado o desmoronado (a falta de, sirve también el feta o el salad cheese)
    Cebollitas al escabeche
    Algún picante, si les gusta (a nosotros nos gusta mucho la salsa de chipotle)

    • Norma coronó sus tostadas con lechuga, tomate, aguacate y crema de leche (o yogur griego, si quieren cuidar la figura).  Para darles el toque picante y ácido, también puso unas cebollitas al escabeche, pero se me olvidó pedirle la receta (tenía cebolla, zanahorias y rajas de chile poblano, creo).
    • No sé si es una blasfemia gastronómica, pero en Venezuela solemos poner crema agria en lugar de crema de leche.  Y también un toquecito de queso blanco rallado por encima.  
    • En muchos sitios, en lugar de ponerle el tomate en lajitas, he visto que le ponen pico de gallo, que es una ensalada de tomate picado fino, con bastante cilantro y limón.
    • El ensamblaje: untar la tostada con una capita de los frijoles refritos, ponerle una cucharada (o más) del picadillo de carne, y coronar con la lechuga, tomates, aguacate (cebollín, si quieren), crema de leche y picante.

    GALLETAS CON CHISPAS DE CHOCOLATE / CHOCOLATE CHIP COOKIES

    Para cualquier caraqueño que vivió su infancia/adolescencia en los 80s y 90s, el prototipo de chocolate chip cookies es el de Chip-a-cookies.  Yo odiaba ir al CCCT, detestaba el olor a comida china y el eco insoportable de la feria, las leyendas urbanas noventosas de que violaban a las mujeres en los baños o les quitaban los Timberland a los muchachos apenas ponían un pie en el centro comercial.  Sin embargo, me tragaba mis malos humores de teenager e iba chantajeada con la idea de que mi mamá nos comprara a mi hermano y a mí una bolsa de galletas.  Las pedíamos surtidas: doble chocolate, las de chispas tradicionales, y mi mamá pedía un par extra de mantequilla para ella.  El camino de regreso a la casa por la autopista, prolongado y aburrido por una cola sempiterna, de pronto se hacía demasiado corto. Las galletas, recién sacadas del horno, siempre estaban blandas en el centro, con los trozos grandes de chocolate semi-derretido que se terminaban de deshacer en la boca.  La bolsa llegaba irremediablemente vacía a la casa…

    Ya entrados los 90s, mi hermano pasó por una etapa de fiebre culinaria.  Se convirtió en un verdadero gourmet de la fritanga y, en el plano de la repostería, ni siquiera las galletas de Chip-a-cookies les ganaban a las de Jose.  Pero como todo en la adolescencia, después de hornear intensa y compulsivamente tarde tras tarde, un buen día se hartó y no lo volvió a hacer por casi una década.  Le he pedido la receta unas 14 mil veces, pero siempre dice que le se «olvida».  Resignada, entonces, a no regresar a los sabores de mi adolescencia, me puse a investigar aquí y allá, a leer tips (que a veces parecen más bien rituales supersticiosos) y a experimentar combinaciones distintas.


    Finalmente di en el clavo.  En la casa se conocen como «galletas para Santa», y si fuera por Andresito, un verdadero cookie monster, Santa se moriría de hambre.  Aquí les va entonces una adaptación personal de varias recetas (a, b y c, pero principalmente ésta de Allrecipes), con los comentarios de siempre.

    * * *



    P.D.: Jose, ¡todavía me la debes!


    INGREDIENTES

    Para unas 24 galletas de buen tamaño

    3/4 taza de mantequilla sin sal, derretida (no usar margarina)
    3/4 taza de azúcar morena
    1/4 taza azúcar blanca
    1 huevo entero
    1 yema de huevo
    1 cucharadita de extracto de vainilla
    2 tazas (240 g) harina no leudante
    1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
    1/2 cucharadita de sal (ojo, se puede eliminar si usan mantequilla salada)
    1 taza / 250 g de chispas o discos de chocolate (de al menos 60% de cacao)*

    • Derretir la mantequilla y esperar a que se enfríe un poco.  Luego, con una batidora eléctrica, batir la mantequilla en un recipiente grande e ir incorporando poco a poco el azúcar (morena y blanca) hasta que la mezcla esté esponjosa.  Agregar y batir el huevo y la yema, uno a la vez, luego echar la vainilla.

    • Cernir y agregar los ingredientes secos (harina, bicarbonato y sal) y batir hasta que se mezclen (no sobrebatir).  Echar las chispas de chocolate y mezclar con una cuchara de madera (ya en este punto la masa debe estar bastante dura).
      • Sobre el bicarbonato: hay gente que le pone más cantidad (e incluso una mezcla de bicarbonato con polvo de hornear) a la receta, pero el resultado es una textura más de torta/pastel que de galleta. Eliminarlos, por el contrario, tampoco es buena idea porque pierden su calidad esponjosa y quedan más tipo galletas de mantequilla (como shortbread).
      *Notas sobre el chocolate:

        • Las recetas originales piden hasta 2 tazas de chispas, pero me parece demasiado.  Eso lo dejo al criterio gordito de cada quien.
        • Como comenté en la introducción, siempre me quedó en la cabeza la textura de los trozos grandes de chocolate, en lugar de las chispas, así que en lo personal prefiero agarrar una tableta de chocolate y trocearla yo misma.  En el último lote de galletas utilicé 3 barras de un chocolate venezolano buenísimo: El Rey (Mijao, 61%, de 80 g).  Para los que viven en EE.UU., estoy segura de que en algunas tiendas latinas se debe conseguir.  Hacer postres con El Rey (o con un buen chocolate) hace toda la diferencia del mundo.  
        • No recomiendo usar chocolate de leche o con menos de 60% de cacao porque las galletas quedan empalagosas y pierden la profundidad del sabor del cacao.  Si no tienen opción, les sugiero que corten entonces la cantidad de azúcar.
        • Y ya que estamos con el azúcar, tampoco recomiendo usar sólo azúcar blanca.  El azúcar morena no sólo le da un sabor distintivo a las galletas (más acaramelado, incluso con un toque ahumado), sino que también les da textura, en especial si se usa azúcar gruesa.
      • Una vez incorporados todos los ingredientes, cubrir el recipiente con papel plástico (envoplast, cling film) y refrigerar la masa hasta que esté bien firme.  Si tienen tiempo, por unas 24 horas.  Si están muy apurados, entonces acelerar la cuestión metiéndola un rato en el freezer / congelador.  Esto parece una eternidad pero créanme: el truco de unas buenas galletas, crujientes y chiclosas a la vez, está en la refrigeración.  En muchas páginas y libros de recetas dicen que la masa puede durar hasta 72 horas en la nevera.

      • Al día siguiente, si la masa está demasiado tiesa, dejarla en el mesón de la cocina por unos 10 minutos hasta que se suavice un poco.  A mí en lo personal se me hace más fácil trabajarla cuando está helada.

      • Engrasar ligeramente y forrar varias bandejas con papel parafinado o para hornear (no les recomiendo hacer las galletas directamente sobre las bandejas aunque sean buenísimas y no peguen, a menos que sean de silicón).
      • Con una cuchara firme (o con una cuchara para servir helados), formar bolas del tamaño de una nuez o de una pelota de golf (dependiendo del gusto) y ponerlas en las bandejas con una buena separación (unos 4 cm entre cada una).  Si la masa se pega demasiado a la cuchara y las bolas no agarran forma, un buen truco es tener a la mano una taza con agua fría e irse mojando la punta de los dedos para darles forma, pero con la masa bien fría esto no debería pasar. 
        • Las pelotas se pueden congelar (guardadas en una sola capa) y no hace falta descongelarlas antes de hornear.  Basta con sacarlas y dejarlas afuera mientras el horno se precalienta. 
        • En las fotos de abajo pueden ver la diferencia entre una masa helada (primera foto, bolas bien formadas) y una no tan fría (segunda foto, masa pegajosa).  El resultado final son unas galletas esponjosas vs. unas galletas planas. 
      • Una vez formadas las bolas, volver a meter a la nevera por unos 15-20 minutos para que pongan firmes otra vez.  Esto ayuda a que las galletas queden esponjosas y no se fracturen después de horneadas.  Si, por el contrario, les gustan las galletas más secas y crujientes, entonces una vez formadas las bolas, se pueden aplastar un poco (pero igual les recomiendo refrigerarlas antes de hornear). 
      • Precalentar el horno a 325º F / 165º C y hornear por 10-15-17 minutos hasta que estén doradas por los bordes pero aún suaves al tacto en el centro. El tiempo perfecto depende del horno (gas, eléctrico, de convección, etc.), y del tamaño y tipo de galletas: si son pequeñas, del tamaño de una nuez, 10 minutos puede ser suficiente; si son grandes, del tamaño de una pelota de ping-pong, 15 minutos; si son gigantes, tamaño Starbucks, 17-20 minutos.  Esto sólo se puede saber a través de ensayo y error.  Para galletas chiclosas en el centro, el truco es sacarlas estando doradas pero aún suaves (de hecho, pareciera que todavía están crudas); al dejarlas reposar sobre la bandeja caliente se van endureciendo un poco.  Mientras más tiempo en el horno, más crujientes. 

      • Dejar reposar en la bandeja por unos 3-5 minutos y luego poner a enfriar por completo en una rejilla (para las galletas grandes, mucha gente recomienda que en lugar de dejarlas 20 minutos en el horno, es preferible sacarlas un poco antes y dejar que se terminen de cocinar en la misma bandeja caliente fuera del horno, unos 10 minutos más). 
           
          • Las galletas tienen que estar completamente frías antes de guardarlas en un recipiente bien sellado, para que no se pongan aguadas.