PASTA CON SALSA BLANCA Y MAÍZ / ELOTE / CHOCLO

Otro clásico de mi mamá.  Esta pasta es riquísima, y es una alternativa fácil cuando se cansen de la salsa de tomate.  Se hace con una bechamel menos espesa, y se le pone queso parmesano.  Yo utilizo tanto leche como crema, pero si quieren hacerla más light, omitan la crema y aumenten la cantidad de leche.  También se puede hacer la versión al gratén, dejando la pasta más cruda para que se termine de cocinar en el horno (les paso las dos versiones abajo).
INGREDIENTES
Para 4-6 personas
2 cucharadas de mantequilla, aproximadamente
1/2 cebolla ó 2 chalotes / escalonias / shallots medianos, picados muy finos
2 cucharadas (soperas, copetonas, generosas) de harina
3 tazas (o más) de leche
200 ml de crema de leche
Una pizca de nuez moscada (aproximadamente 1/4 cucharadita)
Sal, al gusto
Pimienta blanca, al gusto
1 lata pequeña de maíz
1/2 taza de queso parmesano rallado (y un poco más para servir)
Opcionales
Jamón de pavo o pollo en cuadritos
500 g de la pasta de su preferencia
  • Derretir la mantequilla a fuego medio en una olla mediana y saltear la cebolla o chalote hasta que esté suave y transparente.

 

  • Echar la harina y revolver bien, tratando de que todos los pedacitos de cebolla queden cubiertos de harina.  Al seguir revolviendo, debería formarse una pasta de harina y mantequilla.  Saltear por 2-3 minutos, tratando de deshacer los grumos grandes, de modo que queden con la consistencia de migas gruesas de pan.

 

  • Echar primero dos tazas de leche fría y revolver vigorosa y constantemente hasta que ya se hayan disuelto todos los grumos.
    • La regla general para hacer bechamel es que cuando la pasta de harina y mantequilla (roux, en francés) está caliente, se debe usar leche fría. Esto previene la formación de grumos. Si de todas maneras les queda grumosa, no pasa nada. Pueden darle un par de toques en la licuadora.

 

  • Agregar la crema de leche y seguir batiendo.  Sazonar con un toque de nuez moscada.

 

  • Llevar a un hervor suave y añadir la lata de maíz.  Echar también la media taza de parmesano rallado.  A medida que la salsa hierva, se irá espesando más.  En este punto pueden ir ajustando cuán líquida o espesa la quieren.
    • Si notan que está muy líquida, pueden subir un poquito más el fuego y dejar que hierva (revolviendo constantemente) unos minutos.
    • Si, por el contrario, sienten que está muy espesa, pueden ir agregándole más leche.  Dejar al fuego por unos 5-7 minutos, para que la salsa se cocine bien y se impregne del sabor del maíz.
    • Recuerden también que la bechamel espesa un poco más al enfriarse.  Si van a hacer la versión al gratén, les sugiero que la dejen más líquida para que termine de espesarse en el horno.

 

  • Sazonar al final de la cocción con sal y pimienta (recuerden que si el queso parmesano está muy salado, no deben echar demasiada sal). Prueben y ajusten la sazón, si sienten que le hace falta más nuez moscada.

 

  • Si van a ponerle pollo o pavo, hacerlo unos minutos antes de quitar del fuego.
  • Mientras tanto, preparar la pasta de su preferencia como lo indique el paquete.  Si se deciden por la pasta al gratén, no completen el tiempo de cocción.  Recórtenlo unos 3-4 minutos, cuelen la pasta y sírvanla en un molde o refractario para el horno.

 

  • Echar toda la salsa por encima, revolver un poco, rallar más de parmesano y cubrir toda la superficie.  Hornear (en horno precalentado) a 200º C / 390º F hasta que se dore por encima (tal vez unos 7-10 minutos).

TORTA DE CALABAZA

En estos días tenía antojo de comer ponqué / torta / tarta.  En mi cabeza me imaginaba la miga esponjosa y húmeda, y se me hacía agua la boca.  Revisando mis libros, di con esta receta de Cook’s Library – Baking (Parragon Publishing).  Tuve suerte porque unas semanas atrás había congelado un poco de pulpa de calabaza que me sobró de una sopa amarilla, así que me salté ese paso por completo.  Aquí les paso entonces la receta de la torta de calabaza (que en Venezuela llamamos auyama), con algunos tips.  En el libro la llaman «pan», más por la forma de alargada tipo loaf que por la textura.
INGREDIENTES
450 g pulpa de calabaza / auyama
½ taza de mantequilla
½-3/4 taza de azúcar extrafina
2 huevos, previamente batidos
1½ taza generosa de harina leudante (ó 1½ taza de harina todo uso + 1½ cucharadita de polvo de hornear)
Una pizca de sal (½ cucharadita, más o menos)
1 cucharadita de guayabita / malagueta / pimienta de Jamaica / allspice
2 cucharadas de semillas de calabaza
  • Para preparar la pulpa de calabaza, precalentar el horno a 200º C / 400º F.  Pelar la calabaza y cortarla en trozos grandes.  Envolver en papel aluminio enmantequillado y hornear por 30-40 minutos.  Dejar enfriar un poco y aplastar con un tenedor hasta obtener una pasta gruesa.  Si sienten que está muy aguada, ponerla en una ollita a fuego medio y secar un poco hasta que esté espesa.  Dejar enfriar por completo antes de usar.
    • Una alternativa es hervir los trozos por unos 15 minutos, escurrir bien, machacar y luego saltear para secar.  Dejar enfriar antes de usar.
    • Como las calabazas suelen tener más de 450 g, les recomiendo cocinarlas completas y congelar lo que no usen.  Luego lo pueden usar para hacer una crema, puré, croquetas, pan, otra torta, etc.
  • Precalentar el horno ahora a 160º C / 325º F y engrasar y molde rectangular para panes de 23x13x7 cm / 9x5x3″ / 900 g / 2 lb (yo uso dos pequeños de 15x9x5 cm / 6×3,5×2″).
  • Con batidora eléctrica, suavizar primero la mantequilla, y luego ir agregando el azúcar poco a poco.  Batir hasta que la mezcla esté esponjosa.
    • La receta original pide 3/4 taza de azúcar, pero a veces la calabaza es súper dulce, así que vale la pena probarla antes y decidir si se puede reducir a media taza.  Si utilizan butternut squash, pueden cortar la cantidad de azúcar sin problema, y la torta queda perfecta.
  • Ir agregando los huevos poco a poco, batiendo todo el tiempo.
  • Echar la pasta de calabaza (enfriada) y mezclar bien.
  • Cernir los ingredientes secos e incorporar sin batir, sino mezclando con una cuchara o espátula.
    • En lugar de guayabita, se podría poner canela o nuez moscada.
  • Por último, mezclar las semillas de calabaza.
    • Supongo que no son indispensables, pero le dan un toque crujiente muy rico a la torta.
  • Verter la mezcla en el molde y hornear por 1¼-1½ minutos (si usan dos moldecitos pequeños, el tiempo de cocción se reduce a unos 50-60 minutos).  Para saber si ya está listo el pan, insertar un palillo en el medio.  Si sale limpio, sacar del horno y dejar enfriar un poco sobre una rejilla antes de desmoldar.  Si sale lleno de masa, dejar por unos 5-10 minutos más e ir probando.
  • Dejar enfriar por completo antes de cortar.  Como es una torta húmeda, si se corta caliente, se desmorona.

PASTEL DE CHUCHO

El otro día puse un estatus en FB que decía «Ceci almorzó pastel de chucho».  El comentario causó revuelo en mi mini-comunidad latina (no venezolana), así que empiezo esta gastrocrónica aclarando: CHUCHO, no chucha…  Una especialidad del oriente de Venezuela que se hace con un tipo de raya, aunque a veces también se prepara con cazón (un tiburoncito que se usa ampliamente en nuestra cocina).  La idea es formar capas de plátano, queso y guiso de pescado, contrastando dulce y salado.

La primera vez que probé el pastel fue en Margarita, en un restorán-taguara en Boca del Río llamado Friomar.  Este sitio, de apariencia «modesta», manteles de plástico y sillas playeras, se convirtió en parada obligada después de nuestro peregrinaje anual a Macanao.  De ida, los «viejos» hacían una parada técnica y le encargaban a La Negra comida para un batallón.  Al final de la tarde, después de horas de playa y aventuras en Punta Arenas, llenos de salitre y agotados de tanto sol, comíamos en Friomar como si no hubiera mañana.

Evocando la sazón de La Negra, aquí les va mi versión, light, profana y exiliada (y que me perdonen los ñeros).  Usualmente se hace friendo el plátano y alineando las tajadas para formar capas, pero en este caso decidí darle un poco más de vida a mis arterias y hacer las capas con puré de plátano.

Nota bene: Ya Friomar no existe, pero La Negra abrió otro restorancito ahí mismo en Boca del Río.  Por lo que me han dicho fuentes fidedignas (i.e., mi primo, uno de los personajes de aquellos viajes de infancia-adolescencia, que ahora vive en la Isla), La Negra no ha perdido su toque mágico y sigue preparando la mejor comida margariteña.  Si tienen la oportunidad, no dejen de visitar ese pueblito, con su museo marino y uno de los mejores sitios para comer de todo el Oriente venezolano.

INGREDIENTES
Para un molde cuadrado de 9×9″ / 23×23 cm
Como para 4-6 personas
3-4 plátanos grandes maduros, pelados y troceados (plátano macho, plantain, no banana)
3 huevos, previamente batidos
3-5 cucharadas de papelón / panela / piloncillo / chancaca, rallad@
500 g filete de pescado blanco bien limpio (raya, cazón, tiburón o, si están desesperados, bacalao)
1/2 pimentón rojo, sin semillas y picado en cuadritos pequeños
3-5 ajíes dulces, sin semillas y picaditos
1/2 cebolla blanca, en cuadritos pequeños
1-2 palitos de cebollín, en rodajas finas
Cilantro, al gusto (4-5 ramitas, aproximadamente)
1-2 cucharadas de alcaparras bien escurridas (opcional)
Aceite con onoto / achiote o de oliva
Sal y pimienta, al gusto
300 g de queso blanco / fresco rallado (a falta de, puede ser feta o salad cheese desmoronado, o una mezcla de mozzarella con edam, cheddar, farmer’s cheese, etc.)
  • En una olla grande, poner a hervir bastante agua y echar los trozos de plátano.  Sancochar  hasta que estén suaves (hacer la prueba pinchándolos con un tenedor), sacarlos del agua y escurrirlos bien.  Pisarlos con un pasapuré mientras estén calientes (si se enfrían, se hace mucho más difícil aplastarlos).
    • Ya he hablado sobre el plátano en otras gastrocrónicas, pero repito la explicación para los que llegaron a esta receta por casualidad (y no vienen de una cultura bananera-platanera como yo).  El plátano (llamado plátano macho en México) no es lo mismo que la banana / cambur / guineo.  Si está maduro, va a tener pintas negras en la piel y se va a sentir más suave al tacto que uno verde.  Si no viven en el Trópico, seguro lo consiguen en cualquier mercado latino, asiático o afrocaribeño.  Para pelarlo, corten primero los extremos, luego pasen la punta de un cuchillo suavemente a lo largo de todo el plátano y ábranlo por ahí-  Si está bien maduro, la concha se debería despegar fácilmente.  La diferencia de sabor y textura entre el plátano verde y el maduro es del cielo a la tierra, así que no inventen.  Si la receta (ésta o cualquier otra que lleve plátano) pide un tipo de plátano, síganla al pie de la letra.  Mientras más maduro, más aguado y dulce va a estar.
  • Agregar los tres huevos previamente batidos, y también el papelón rallado.  Mezclar bien.
    • Muchas recetas piden que se haga melado de papelón, pero para ahorrar tiempo, si logran rallar bien la panela, se puede poner directamente y con el mismo calor del plátano se disuelve sin problema.
    • La cantidad depende del gusto de cada quien.  Si quieren un contraste más acentuado entre el dulce del plátano y lo salado del guiso, entonces agreguen más papelón.  A mí, en lo personal, me gusta sentirle el sabor, sin que llegue a opacar el del plátano, así que tiendo a moderarlo.
  • Para comenzar a preparar el guiso, poner a hervir agua (con un poco de sal) en una olla mediana y echar el pescado.  Puede estar troceado, e incluso con piel.  Es mucho más fácil quitársela una vez cocido. Cocer a fuego medio por unos 10 minutos, hasta que esté completamente hecho.
    • Como dije en la introducción, el chucho venezolano es una raya, pero también sirve el cazón (tiburón) o, para qué negarlo, el bacalao.  Creo que lo fundamental es que usen un pescado que sepa a pescado.  Esto les parecerá obvio, pero hay muchos pescados de carne blanca que son bastante neutros (la perca y el rape, por ejemplo).  La idea de este plato es que los sabores contrasten.  El plátano, endulzado con el papelón, ya tiene un sabor bastante fuerte, así que si eligen un pescado soso, el sabor se va a diluir con el de las otras capas.  En Dublín se consigue raya fácilmente, pero esta vez tenía a mano un buen pedazo de bacalao fresco (que es lo más barato aquí) y eso fue lo que utilicé.
  • Una vez cocido, colar el pescado y dejar enfriar un poco.  Terminar de limpiar (quitar la piel, por ejemplo) y desmenuzar.  Les sugiero hacerlo con la mano, de manera que puedan sentir si hay alguna espina escondida.
  • Para hacer el sofrito que le va a dar todo el sabor al guiso (secreto de la cocina venezolana): poner a calentar un poquito de aceite onotado (o aceite de oliva, si quieren algo más light) en un caldero o sartén a fuego medio.  Saltear la cebolla primero por un par de minutos. Cuando empiece a cambiar de color, agregar el pimentón y seguir salteando por unos 3 minutos más.  Agregar el ají dulce y el cebollín, cocinar por 1 ó 2 minutos y, por último, echar el cilantro.
    • Si no consiguen ají dulce, pueden usar 1/4 de pimentón amarillo o un pedacito de pimiento de piquillo.  Aparte del sabor dulzón y afrutado, el ají dulce también le da un toque ácido a las comidas, así que cuando lo sustituyo por otro tipo de pimiento, suelo echarle a la comida un chorrito de limón (del verde).
    • Hay gente que también le pone alcaparras.  Si son saladas, asegúrense de lavarlas bien antes, para que no les vaya a matar el sabor del guiso.
  • Agregar el pescado desmenuzado, y revolver bien.  Salpimentar al gusto. Cocinar, revolviendo constantemente, por unos 5-10 minutos.
    • Recuerden probar primero si usaron alcaparras, y también recuerden que el guiso tiene que estar súper gustoso, para que el sabor contraste con el del plátano.
  • Para armar el pastel, engrasar el molde con un poco de mantequilla y precalentar el horno a 175º C / 350º F.  Tienen que decidir si quieren hacer varias capas de cada ingrediente o si prefieren hacerlo tipo sandwich (plátano-queso, guiso, plátano-queso), de modo que dividan bien las cantidades.  En mi caso, como no hice grandes cantidades, preferí esta última opción, que es la que les doy aquí:  formar una capa con la mitad del puré de plátano, aplanándola con la parte de atrás de una cuchara o con una espátula para que quede uniforme.  Luego rociar con la mitad del queso (ser generosos).  Poner todo el guiso, distribuyéndolo uniformemente y aplanando bien para que no queden «burbujas».  Cubrir con lo que queda de plátano, mismo procedimiento.  Rociar con el queso, tratando de cubrir toda la superficie del pastel.  Resumiendo: plátano, queso, guiso, plátano, queso.
  • Hornear por 20 minutos a 175º C / 350º F, luego encender el broil a temperatura alta y dejar hasta que dore la capa de queso (en mi horno son unos 5 minutos, pero supongo que si el horno es muy potente, esto puede demorar sólo unos segundos).

PLÁTANOS

Al menos en las Gastrocrónicas, plátano (Musa paradisiaca) se refiere NO a la banana / banano / guineo / cambur (el que se come crudo), sino al grande, de concha más dura que se debe cocinar (en México se llama plátano macho, y en inglés se llama plantain).

El plátano es alimento fundamental en la dieta del venezolano (y del caribeño en general).  No mentiría si dijera que un venezolano promedio lo come (en alguna de sus variantes) al menos una vez al día.  Para los exiliados, la cosa se complica un poco pero, afortunadamente, donde haya chinos seguro hay plátano.  Es una ley de la globalización…  Así es como uno de mis rincones favoritos en Dublín es un mercado asiático que queda en el centro.  Entre vegetales retorcidos, raíces de jengibre y galanga, con cartelitos incomprensibles en mandarín, siempre hay yuca y plátano.  Los traen verdes e, invariablemente, hay que esperar semanas para que se maduren (si es que llegan a madurarse), pero el plátano da para todo.  Hay recetas que lo piden verde, otras maduro.  Como ya lo dije en alguna receta, hay que usar el plátano apropiado porque tanto sabor como textura cambian considerablemente dependiendo de la madurez.  El verde es harinoso y un poco astringente, mientras que el  maduro es suave y dulce.

Para aquellos que no saben cómo escoger un plátano, no se asusten con las pintas negras.  A medida que el plátano se va madurando, la concha se va poniendo más negra.  Sólo hay que cuidar que no esté muy magullado al escogerlos maduros.

Para pelarlos, hay que cortar los dos extremos y correr la punta de un cuchillo a lo largo del plátano.  Si está maduro, la concha debería despegarse fácilmente.  Con el plátano verde la concha se pega más, así que probablemente valga la pena hacer dos de estos cortes longitudinales.

Aquí tienen unas fotos de tajadas, hechas con plátanos pintones:

 

Algunas recetas que usan PLÁTANOS en las Gastrocrónicas:

AJI DULCE

Si tuviera que hacer una lista de las cosas que me hacen falta de Venezuela, el ají dulce la encabezaría sin duda alguna (y que me perdonen mi familia y amigos).

 

Es un chile pequeño, aparentemente igual al habanero;  su color varía de verde brillante a rojo.  De hecho, pertenece a la misma familia (Capsicum chinense), pero la gran diferencia es que no es picante.  No sé si exista algún equivalente en México, Perú, Colombia o en el Caribe.  Se cultiva sobre todo en el oriente de Venezuela y se usa muchísimo en nuestra cocina.  No es tan dulce como un pimentón / morrón, pero sí tiene un sabor afrutado, aparte de un regusto ácido que no he encontrado en ningún otro pariente.  Para sustituirlo, suelo poner un trocito de pimentón (rojo, amarillo o anaranjado, pero mucho mejor si es de piquillo o cualquier otro tipo) y unas gotas de limón.

 

La gran solución para mi gastro-nostalgia ha sido esta bolsita que ven en la foto de abajo:

Es ají dulce deshidratado, marca J & J Gourmet.  Aquí en Dublín no lo consigo, así que cada vez que alguien viene de visita se lo encargo.  Me dijeron que en España y Portugal sí se consigue (y probablemente en Florida también).  Para rehidratarlo, basta con poner un poquito de agua hirviendo en un plato hondo y dejar reposar el ají unos 10 minutos.  Nunca se recupera el sabor fresco por completo, pero bueno…

 

[Un intento por aclimatar una matica de ají dulce en Dublín]
Algunas recetas que llevan AJÍ DULCE en las Gastrocrónicas:

ONOTO o ACHIOTE

El onoto, llamado achiote en casi todos los países latinoamericanos (o también urucú o bija, de su nombre científico Bixa orellana; annatto, en inglés), es una semilla utilizada como tinte o como adobo en la cocina latinoamericana.  Se consigue fácilmente en cualquier mercado latino u oriental.  El onoto no sólo da color a la comida, sino que también da un sabor entre ahumado , terroso y dulzón.  Tiene un gusto difícil de describir, pero cualquier venezolano identificaría en un instante si en una hallaca falta esta especia, por ejemplo.   Eso sí, tengan cuidado al usarlo (sea en polvo o en aceite), porque mancha para siempre…

Tony Custer, en  El arte de la cocina peruana, dice: «Tiene que ser fresco, de color rojo brillante, con un ligero olor a pimienta. Desechar los que estén de color marrón o rojo muy oscuro, ya que no tendrán sabor. El aceite de achiote se puede conservar en un frasco bien sellado en la refrigeradora hasta por un año».

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Así se llama en Filipinas
* * *
ACEITE ONOTADO
1 taza de aceite (no les recomiendo de oliva, porque el sabor compite con el del onoto, que es más sutil.  En Venezuela lo más común es usar aceite de maíz o girasol, pero aparentemente es mucho más sano usar canola o grapeseed oil)
4-6 cucharadas de semillas de onoto (más o menos, dependiendo de cuán concentrado lo quieran)
  • Combinar el aceite con las semillas de onoto en una ollita pequeña.
  • Calentar a fuego lento, hasta que el aceite se pinte de amarillo tostado-rojo (pero sin que el aceite llegue a burbujear)
  • Dejar enfriar y colar.  Guardar en un frasco de vidrio.
* * *
PASTA DE ACHIOTE, estilo mexicano
La pasta de achiote con la que se prepara la cochinita pibil (y muchos otros platos mexicanos), ya viene lista y aliñada. Sólo basta con disolverla en jugo de naranja y/o vinagre.  Si no la consiguen, aquí les copio la receta de Rick Bayless en Authentic Mexican:
Para ¼ de taza
 
1 cda semillas de achiote/onoto (ó 1 cda generosa en polvo)
1 cdta pepitas de pimienta negra (o un poco menos de 1½ cdta en polvo)
1 cdta orégano en polvo
4 clavos (o 1/8 cdta molido)
½ cdta semillas de comino (ó ½ cdta generosa en polvo)
1 palito pequeño de canela (ó 1 cdta en polvo)
1 cdta semillas de cilantro (ó 1 cdta generosa en polvo)
1 cdta sal
5 dientes de ajo, pelados

2 cdas vinagre de sidra
1½ cdtas harina

  • Medir las semillas, ponerlas en un molinillo o procesador y molerlas hasta pulverizarlas (también se puede hacer en mortero, pero el achiote es bastante duro y hay que darle con ganas). Las semillas tienen que estar bien pulverizadas, para que la pasta no quede arenosa.
  • Pasar a un recipiente y agregar la sal. Picar finamente el ajo y agregarlo, mezclando con la parte de atrás de una cuchara hasta formar una pasta suave (todo esto es más fácil en el procesador, siempre y cuando tenga aspas pequeñas como para que muela bien las semillas; en ese caso, moler primero y agregar el ajo después).
  • Añadir el vinagre y la harina.
  • Guardar en un recipiente pequeño, que cierre bien. Dejar reposar varias horas antes de usar. Se puede refrigerar por meses.

 

Algunas recetas que usan ONOTO / ACHIOTE en las Gastrocrónicas:

BURRITOS DE POLLO CON FRIJOLES CHARROS

La mayoría de la gente asocia burritos con Taco-Bell o comida chatarra, pero la verdad es que un burrito medianamente bien hecho es una comida completa.  A diferencia de la versión tex-mex, éste no lleva arroz ni lechuga, pero si quieren, pueden ponerles.

Si preparan todo de cero, lleva un poco de tiempo, pero si tienen los frijoles congelados (o en lata), el resto se hace volando.  Para hacer las caraotas / frijoles, aquí está el link (y más abajo está el resto de la receta para transformarlos en frijoles charros).  Espero que el gastrolector mexicano no se ofenda con esta licencia culinaria que me he tomado al escribir esta receta medio inventada, medio inspirada en Authentic Mexican, de Rick Bayless.

INGREDIENTES
4 burritos groseros ó 6 burritos moderados
 
RELLENO DE POLLO
 
4 pechugas medianas, limpias, sancochadas y desmenuzadas gruesas
(para ver cómo sancochar las pechugas y hacer caldo de pollo, hagan clic aquí)
1/2 cebolla grande, picada en cuadritos
2 dientes de ajo grandes, machacados
3-4 cucharadas de salsa de jalapeño*
Caldo de pollo (lo suficiente para humedecer el pollo, calculo que entre 1/2-1 taza)
Sal al gusto
2 palitos de cebollín, picados en rodajas finas
4-6 tortillas de trigo
Crema agria, para servir
Gajos de limón
Queso blanco / fresco, rallado
Alguna salsa picante (chipotle, ranchera, Valentina…)
  • Si quieren una sugerencia para sancochar las pechugas y hacer caldo de pollo, vean aquí la receta.  Una vez que tengan las pechugas listas, desmenuzarlas (en trozos gruesos).
  • Calentar un poquito de aceite en una sartén o caldero a fuego medio-alto y sofreír la cebolla por unos minutos hasta que esté transparente (entre 3-5 minutos).  Agregar el ajo y revolver con frecuencia para que no se queme.  Sofreír por un minuto.
  • Echar la salsa de jalapeño (pongo 3-4 cucharadas como guía, pero obviamente es a gusto del gastrolector, dependiendo del paladar picante de cada quien).  Aquí tienen una foto de la salsa de jalapeño que utilicé (¡Gracias, Ale!), pero si no la consiguen, pueden hacer una casera (ver tips abajo).
  • Echar el pollo desmenuzado y mezclar bien.  Añadir un poquito de caldo, de manera que el pollo no quede muy seco.  Salpimentar al gusto y cocinar por 3-4 minutos.  Apagar el fuego y agregar el cebollín picadito.  Revolver bien.
 
Salsa de jalapeño casera
Jalapeños
Cebolla (un trocito)
Ajo
Vinagre
Cilantro
Sal
  • Las cantidades son al ojo, dependiendo de cuánta salsa quieran hacer.  Sólo recuerden no usar tanta cebolla o ajo que opaque el sabor de los jalapeños.
  • Desvenar y despepitar los jalapeños.
  • Poner todo en la licuadora o procesador y licuar hasta que esté todo bien mezclado.  Si quieren hacerla más líquida, agregar un poquito de agua.
  • Esta salsita dura bastante si la guardan en la nevera, porque el vinagre ayuda a conservarla.
FRIJOLES CHARROS
 
3-4 tiras de tocineta, picadita
1/2 cebolla grande, picada en cuadritos
2 dientes de ajo grandes, machacados
1 chile chipotle, rehidratado y picadito
2 tomates medianos, bien maduros, cortados en cuadritos (pelados, si tienen tiempo)
1/2 pote de helado de caraotas / frijoles roj@s*
Cilantro picado, al gusto (1-2 cucharadas)
  • Para la receta base de los frijoles / caraotas, ver este link. Si les da flojera prepararl@s de cero, pueden comprar un par de latas y «envenenarlas» así:
  • Para rehidratar el chipotle, primero cortarlo por la mitad, sacarle venas y semillas, y tostarlo en una sartén bien caliente (o directamente en la llama, si usan cocina de gas), hasta que la piel comience a ampollarse.  Asegúrense de tener las ventanas abiertas, porque si se les pasa la mano de tostado, respirar el humito les va a dar una picazón de las buenas.  Una vez tostado, poner agua hirviendo en un plato hondo y remojar el chile por unos 10-15 minutos, asegurándose de que esté completamente sumergido.  Pasado este tiempo, sacarlo, escurrirlo un poco y picarlo en trocitos.
  • Calentar un caldero o sartén a fuego medio y echar los pedacitos de tocineta.  Como el fuego no está muy alto, la tocineta va a comenzar a botar la grasa antes de comenzar a tostarse, por eso no hace falta agregar aceite.
  • Después de un par de minutos, subir el fuego a medio-alto y echar la cebolla, el ajo y el chipotle.  Saltear por unos 3-5 minutos hasta que las cebollas cambien de color, cuidando de no quemar el ajo.  Agregar el tomate y seguir salteando por un par de minutos más, hasta que el tomate comience a deshacerse y se forme una especie de pasta.
  • Agregar los frijoles (*1/2 pote de helado hace referencia al recipiente donde suelo congelar las caraotas, que equivale a un par de tazas, con líquido incluido).  Cocinar, revolviendo constantemente, hasta que el líquido merme casi por completo, pero sin que se lleguen a secar las caraotas.
  • Rociar con el cilantro picado antes de servir.
Para armar el burrito:
  • Calentar un poco las tortillas (en un sartén caliente por unos segundos, o envueltas en un paño de cocina en el microondas).
    • Para una versión gluten-free, comprar tortillas de maíz en lugar de trigo.
  • Como se muestra en la foto, poner un poco de frijoles en el centro de la tortilla, dejando espacio abajo como para poder hacer el «bolsillo» del burrito.
  • Poner un poco de pollo encima de los frijoles.  Si les gusta la crema agria, pueden poner un poco sobre el pollo.  Lo mismo con queso fresco / blanco rallado (no aparece en la foto porque ese día no tenía).
  • Cerrar la parte de abajo del burrito (si la tortilla está fresca, no debería fracturarse).  Luego doblar hacia el centro la parte derecha y repetir con la parte izquierda.
  • Comer acompañando con unas goticas de limón o con alguna salsa picante.

TORTA / PASTEL DE CUMPLEAÑOS (PARTY CAKE)

Éste es un clásico de clásicos. Así se hacen las tortas/pasteles en mi casa y -modestia aparte- la gente alucina con ell@s. El nombre en inglés se debe a que la receta es tomada de un libro gringo viejísimo de mi abuela, de la época en que vivían en Denver.

Cuando la monté por primera vez en el blog no tenía todos los datos, pero finalmente di con la fuente y aquí les pongo algunas fotos del libro-reliquia de Yoya.  El libro está en muy buen estado, pero justo la página de la súper codiciada «party cake» ya está bastante maltratada…  Si logran leer la receta original, van a notar que mi transcripción es prácticamente literal, aunque hay diferencia en la temperatura y el tiempo de cocción.  Más abajo les explico la razón.  De resto, se puede decir que ésta es una receta perfecta.  Más de 50 años después de que mi abuela compró el libro, todas las mujeres de mi familia seguimos usándola sin cambiar nada.


INGREDIENTES

3 tazas de harina cernida
4½ cucharaditas de polvo de hornear
1/2 cucharadita de sal
3/4 taza de mantequilla
1½ taza de azúcar
1½ cucharadita de esencia de vainilla
3 huevos separados
1 taza + 2 cucharadas de leche

  • Precalentar el horno a 350° F / 175º C.

  • Medir y cernir la harina, sal y polvo de hornear juntos.
  • En otro recipiente, batir la mantequilla (con batidora eléctrica) hasta que esté suave y cremosa. Agregar el azúcar gradualmente mientras se continúa batiendo. Incluir la vainilla.
  • Batir aparte las amarillas de los huevos hasta que tomen un color amarillo pálido, y agregar.
  • Luego añadir los ingredientes secos, alternando con la leche (y continuar batiendo, por supuesto).
  • En otro recipiente, batir las claras a punto de nieve (asegúrense de que las aspas de la batidora estén perfectamente limpias) y agregar al resto de la masa con movimientos envolventes, usando una espátula (no batir, porque no queda esponjosa la torta).
  • Verter la mezcla en un molde previamente engrasado y enharinado (de 23 cm / 9″ de diámetro) y hornear a 350° F / 175º C por 45-60 minutos, hasta que al insertar un palillo en el centro, salga seco.
    • En la receta original se engrasan dos moldes y se divide la masa; por eso, la temperatura de cocción es de 375º F / 190º C y el tiempo es más corto -sólo 30 minutos.  Como yo uso sólo un molde, prefiero bajar un poco la temperatura para que la torta no se arrebate por arriba.  Y, desde luego, por ser más gruesa, requiere más tiempo en el horno.  En el mío, que es de convección (i.e. con ventilador), suele tardarse 50-55 minutos.
  • Dejar enfriar sobre una rejilla antes de desmoldar.  Y dejar enfriar POR COMPLETO si la van a cortar para rellenar.
  • En esta foto pueden ver que la torta se fracturó un poco por arriba.  Eso puede pasar por dos razones: porque tiene demasiado polvo de hornear; o porque el horno está a una temperatura demasiado alta, con lo cual, la masa crece muy rápido sin dar tiempo a que se haya formado una costra tostada por encima, capaz de soportar la tensión superficial de esa crecida.  Esta vez no fue tan grave, y se pudo disimular bastante bien con el nevado.
  • Para cortar la torta longitudinalmente, hay dos técnicas: con pulso y un buen cuchillo mata-suegra, o con un hilo.
    • Si lo hacen con cuchillo, sólo hay que asegurarse de que el corte sea horizontal y parejo.  A la hora de levantar la «tapa», ayúdense con el mismo cuchillo y con una espátula, de modo que haya dos puntos de soporte y la torta no se fracture.
    • A mí el método del hilo no me convence, pero muchos dicen que es una maravilla: basta con abrazar la torta con un hilo (como arriba, asegurándose de que esté a la misma altura en todo el diámetro) e ir cerrando el nudo hasta que quede dividida en dos.
  • Para el relleno, se puede usar crema pastelera, mermelada, alguna fruta en almíbar, crema inglesa, fudge de chocolate o dulce de leche (mi relleno favorito), con o sin nueces.  Mi único consejo es que no pongan litros de relleno y que sean austeros hacia los bordes para que, al ponerle la tapa, no chorree o baile la parte de arriba de la torta.

Nota sobre el polvo de hornear

  • La regla es que por cada taza de harina, se use cucharadita y media de polvo de hornear, PERO hay que tomar en cuenta que si uno vive cerca del nivel del mar, no hace falta poner tanto leudante. Aquí en Dublín, por ejemplo, me basta con usar tres cucharaditas y la torta crece perfectamente (de hecho, si uso más polvo de hornear, no soporto el sabor metálico que le queda a la torta).
  • Si usan harina leudante, pues obviamente no hace falta agregar polvo de hornear.

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PARA EL NEVADO / BETÚN DE CHOCOLATE

160 g de chocolate de taza, cortado en trocitos pequeños
Un chorrito de leche
1 lata de leche condensada
Un cuadrito de mantequilla

  • En una olla pequeña, derretir el chocolate con un chorrito de leche a fuego medio, asegurándose de no quemar el chocolate. La leche ayuda a que no se pegue en la olla.
  • Una vez que esté derretido el chocolate, agregar la lata de leche condensada y revolver hasta mezclar por completo. Seguir cociendo a fuego medio hasta que la mezcla espese y se comience a despegar de las paredes de la olla. La textura del nevado depende de la cantidad de tiempo que pase en el fuego: si se deja poco tiempo, queda más aguado y suele desparramarse a la hora de nevar la torta. Por el contrario, si se deja demasiado tiempo y queda espeso, se hace más difícil nevar la torta, pero queda más firme y no se desborda.
  • Retirar del fuego y añadir el cuadrito de mantequilla (esto hace que el nevado quede brillante).
  • Dejar enfriar un poco (no demasiado, para que sea más fácil esparcir sobre la torta). La torta NO puede estar recién sacada del horno a la hora de nevarse, porque al pasar el cuchillo se desmorona, o se derrite el «betún» y se desparrama.
Nevado en flor de mi tía Valen
(no pude llegar a la torta antes de que la cortaran) 

Nota sobre el chocolate

  • El secreto de un buen nevado es usar un buen chocolate. A mí me gusta usar de 60% cacao, pero se puede usar algún chocolate más oscuro, si les gusta el sabor amargo.
  • A los lectores venezolanos, les recomiendo usar El Rey. Usualmente le pongo dos tabletas (de 80 g c/u) de Bucare (58.5%) o Mijao (61%), pero la última vez usé Gran Samán (70%) y gustó mucho.
  • Abajo pueden ver una versión diferente (alegórica a los tiempos que corren jeje): el nevado es hecho con chocolate blanco, con el mismo procedimiento de arriba, pero revolviendo más y con el fuego un poquito más bajo porque se quema más fácilmente que el chocolate oscuro.
    • Para hacer los pentágonos, derretí chocolate oscuro (una tableta de 80 g de 61% y media de 70%) a baño de María, extendí el chocolate derretido en una bandejita (con papel encerado), tratando de que no quedara demasiado delgado (porque si no, al cortarlo se fractura), calculo que de unos 4 mm.  Después de refrigerar por un par de horas, hice una plantilla en cartón con la medida del pentágono y marqué el chocolate usando la punta de un palillo; luego, con un cuchillo afilado, corté los pentágonos (de 8, sólo se me fracturaron dos, pero no fue tan grave).  Hay que asegurarse de que el chocolate esté completamente endurecido, y tratar de no manosearlo mucho para que quede brillante y no se le marquen las huellas digitales.  Todo esto lo hice el día antes de preparar la torta y mantuve los pentágonos refrigerados.  Una vez enfriada la torta, se le pone el nevado blanco y se deja enfriar por completo, para que luego los pentágonos no se derritan.
    • Con los trozos de chocolate oscuro que sobraron, hice las líneas: volví a derretirlo (esta vez en el microondas), metí el líquido en una manga con un pico muy fino e hice las «divisiones».  Si no tienen manga, se puede usar una jeringa (sin aguja, claro está).  El contraste entre el dulce del nevado blanco y los pentágonos de chocolate negro quedó estupendo.
Update 03/2017: La decoración de esta torta fue pre-Le Cordon Bleu. Si mi chef de pastelería hubiera visto este adefesio, me pega en la cabeza con un rodillo…
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PINCHOS / KEBABS DE POLLO TIKKA

Cada cultura tiene su versión de los kebabs, típicos del Medio Oriente.  En Venezuela los llamamos pinchos; en Perú, Chile y Bolivia, anticuchos; satay, en el Sudeste Asiático; brocheta, en España; brochette, en Francia; espetada, en Portugal; yakitori, en Japón;  sosatie, en Sur África; shashlik, en Rusia… Y pare de contar.  Cada uno tiene su toque particular, pero creo que el truco común es dejar marinando la carne por bastantes horas.

Esta receta es de Cook’s Library – Chicken (Parragon Publishing).  Usualmente el tikka es más rojo que amarillo pero supongo que, en mi caso, la cúrcuma era muy fuerte y opacó el color del tomate.  Una lástima porque así no se aprecia el contraste del rojo con el amarillo del mango.  Si prefieren usar una mezcla de especias tikka ya preparada, también sirve.

Creo que ya lo he mencionado antes, pero yo no solía ser muy amante de la combinación dulce-salado en los platos principales.  Algo le pasó a mi paladar durante los embarazos y ahora aprecio mucho más la mezcla.  En estos días que es época de mango (en el Trópico, obviamente), aprovechen y prueben este plato.  Una delicia.  Se puede servir como principal o como tapa.

INGREDIENTES
Para 4 personas
4 pechugas limpias, cortadas en cubos de 2,5 cm
2 ajos machacados
2 cucharadita de jengibre rallado
1 ají / chile verde, picadito
6 cucharadas de yogur simple
1 cucharada de pasta de tomate
1 cucharadita de comino en polvo
1 cucharadita de cilantro en polvo
1 cucharadita de  cúrcuma
1 mango grande, pelado y cortado en cubos (no demasiado maduro)
1 cucharada de jugo de limón (del verde)
Sal y pimienta, al gusto
8 palillos para pinchos / kebabs (de metal o de madera)
Cilantro fresco picadito, para adornar
  • Preparar la pechuga (lavar, limpiar, cortar, etc.).  En un recipiente no reactivo (es decir, no de metal), poner a marinar los cubos de pollo con el ajo, jengibre, ají / chile, yogur, pasta de tomate y especias (yo prefiero hacer la pasta de yogur y aliños aparte y luego echársela al pollo).  Salpimentar al gusto.  Dejar en la nevera AL MENOS 2 horas.
  • Si van a usar palillos de madera, ponerlos a remojar en agua fría (al menos 45 minutos).  Esto sirve para que no se chamusquen en el horno o en la parrilla.
  • Cortar el mango y salpicarlo con el jugo de limón.  Yo no haría esto con demasiada antelación, sino apenas unos minutos antes de preparar los pinchos, de modo que el mango no bote todo su líquido, pero que sí tenga chance de impregnarse de limón.  Tampoco les recomiendo usar un mango demasiado maduro, para que sea más fácil cortarlo y mantenga la forma.
  • En la receta original no piden pimentón / morrón, pero tenía uno en la nevera y decidí incluirlo (como ven en las fotos).  No le queda mal, pero tampoco le hace falta.
  • Precalentar el grill o broiler del horno a fuego medio-alto (o prender la parrilla).  Si van a usar el horno, les recomiendo forrar una bandeja con papel aluminio, de manera que el líquido que boten los pinchos caiga ahí (ver fotos).
  • Armar los pinchos alternando cubos de pollo y mango, tratando de no apretarlos demasiado.  Colocarlos sobre la rejilla y/o bandeja y cocinar por 6-7 minutos por lado, untándolos con la pasta de yogur (si es que les sobró un poco al marinar).  La manera de saber si el pollo está listo es fijarse si la carne ya no está rosada y si los jugos que bota están claros.
  • Varias sugerencias para servir estos kebabs: arroz blanco (mejor si es basmati), ensalada verde, gajos de limón, pan indio (nan), etc.  Coronarlos con cilantro.

 

SALSA HUANCAÍNA

Receta tomada de El arte de la cocina peruana, de Tony Custer.

INGREDIENTES
Da para taza y media, aproximadamente
1/2 taza cebolla roja, picada fina
1 cucharadita de ajo en polvo
2 cucharadas de aceite
5 ajíes amarillos, sin venas ni semillas y cortado en trozos
3-4 galletas soda
1/4 taza de queso blanco/fresco, rallado
1 taza de leche evaporada
  • En una sartén, calentar el aceite y saltear a fuego medio la cebolla, el ajo y el ají hasta que la cebolla esté transparente, entre 3 y 5 minutos.
  • El ají amarillo se parece al ají dulce venezolano (pero con un toque sutil de picante).  Si están en Venezuela, usar 5-6 ajíes dulces y uno picante.  Si están en otras latitudes y no consiguen el ají amarillo, tal vez se pueda conseguir un sabor parecido con una mezcla de pimentón / morrón amarillo y algún ají/chile picante, tipo poblano o tailandés.
  • Licuar o procesar todos los ingredientes (echar más aceite si quieren una textura más sedosa, o más galleta de soda si quieren espesar un poco más).
  •  Si no consiguen queso blanco o fresco, sustituir por feta, pero reducir un poco la cantidad.
  • Se puede servir tibia o fría.
  • Con unas papas hervidas o al vapor (coronadas con huevo duro y aceitunas negras), tienen el famoso plato peruano de las papas a la huancaína.