ALBÓNDIGAS PARA DESNUTRIDOS Y MANIÁTICOS

Admítalo. Usted es un mañoso para comer. Escarba la comida y aparta meticulosamente los trocitos de cebolla que tanto lo perturban en el paladar. La presencia del célery le produce arcadas. Todo lo que sea verde es sinónimo de moco. Usted es monocromático: sólo puede comer carne y arroz, pero la presión mediática lo agobia. La voz nasal de la nutricionista del telediario le rebota en la cabeza. «Hay que comer sano». Palabras como «antioxidantes», «dieta balanceada», «vegetales» y «enfermedades coronarias» lo atormentan. Para gente como usted, gastrolector carnívoro y mal alimentado, va esta receta casera de albóndigas a prueba de mañosos.

INGREDIENTES

Salen unas 20-25 albóndigas medianas

1/3 taza bulgur
1/2 kilo carne molida
1 huevo
1/2 cebolla mediana, partida en 2
2 dientes de ajo
Comino, al gusto
Orégano, al gusto
Sal y pimienta, al gusto
1 zanahoria grande, pelada
1 calabacín (zucchini) grande
3-4 ajíes dulces ó 1/2 pimentón / morrón rojo
2 tallos grandes de célery / apio
1/2 taza de migas de pan (o más)
Aceite de oliva para «freír» las albóndigas

  • Poner el bulgur en un plato hondo y cubrir con agua hirviendo. Dejar reposar por unos 10-15 minutos (o el tiempo que demore preparando el resto de las cosas).
  • Bulgur vs cuscús: no son lo mismo. El cuscús es más pequeño y más suave. El bulgur es el que se usa para el tabule. No sé cómo quedarían las albóndigas con cuscús pero, en todo caso, como la idea de este plato es meterle una bomba proteica al gastrolector, use bulgur, que es más nutritivo incluso que el arroz.
  • En una licuadora o procesadora, poner el huevo, la cebolla (no es mala idea cortarla en gajos, para que se procese más fácilmente), los dientes de ajo (pelados, claro está), el comino (depende del gusto personal, pero calculo que puede ser 1/4 de cucharadita), el orégano (ídem, 1/2 cucharadita), la sal y la pimienta. Licuar bien hasta que se forme una pasta. Si el gastrolector o sus comensales son MUY maniáticos, también se puede agregar en este paso el ají dulce o pimentón. Poner todo en un recipiente grande, junto con la carne y revolver un poco.
  • Sobre el aliño: hacer esta clase de mezclotes para sazonar es un clásico de mi mamá. Ahorra tiempo (en lugar de estar picando la cebolla, machacando el ajo, cortando las hierbas, etc.) y, la verdad, así se impregna mejor la carne sin correr el riesgo de que la sal quede por una parte y las especias por otra.
  • Ají dulce: ya lo he comentado en otras gastrocrónicas, pero para los recién aterrizados, el ají dulce es un ingrediente básico en la cocina venezolana. Es igual a un chile habanero, pero no es picante (aunque también existe el ají picante). Es mucho más perfumado que un pimentón / morrón y tiene un toque ácido leve.
  • Pelar la zanahoria y rallarla finamente (puede ser con la parte del rallo que usan para el queso parmesano, por ejemplo). Rallar también el calabacín, pero dejándole la concha. Si la ralladura bota mucho líquido, se puede poner todo en un colador y exprimir un poco con la parte de atrás de una cuchara (así no hay que usar tantas migas de pan después). Una vez escurrido, pasar al recipiente con la carne aliñada.
  • También lo he comentado antes: el calabacín en Venezuela es mucho más aguado, más parecido al pepino, que el que calabacín que venden en EE.UU. y Europa, que es más compacto, con semillas más pequeñas (por eso se puede rallar fácilmente). Si donde usted vive venden el «calabacín venezolano», trate de comprar los más pequeños y tiernos, y escúrralos bien.
  • Dependiendo del nivel de manía, se puede o no incluir el célery/apio. Si decide hacerlo, deshilar los tallos para que no queden fibrosos los trocitos. Luego picarlo finamente (si el célery está tierno, es decir, verde claro, ni se va a sentir al cocinarse pero le va a dar un gusto rico a las albóndigas). Echar a la carne.
  • Si no se incluyó el pimentón o ají antes, cortarlo en trozos pequeños y agregarlos a la carne ahora.
  • Si el médico le recomendó que incluyera más hierro y calcio en su dieta, agarre un buen puñado de espinaca, pique las hojitas finamente y también métaselas a las albóndigas.
  • Mezclar bien todo, incluyendo el bulgur remojado (lamento informar que la mejor de hacerlo es meterle la mano sin miedo). Si el bulgur no absorbió toda el agua, eliminar el exceso antes de echarlo en la carne.
  • Incorporar las migas de pan. Dependiendo de cuánto líquido tengan las verduras (y la misma carne), se puede necesitar más o menos pan. Si se le pone poco, las albóndigas quedan mucho más suaves, pero hay que compactarlas bien al formarlas y luego tener cuidado al freírlas para que no se desmoronen. Si se le pone mucho pan, pueden llegar a quedar como meteoritos. No abusar.
  • Una vez que se mezclen bien todos los ingredientes, le recomiendo dejar reposar en la nevera un rato (media hora, una hora). De este modo la carne se marina, y el bulgur y las migas terminan de absorber toda la humedad (y luego es más fácil formar las peloticas).
  • OJO: tapar bien el recipiente, si no quiere que la nevera apeste por años…
  • Formar las albóndigas del tamaño de su preferencia. Yo las hago más o menos del tamaño de una pelota de golf y pueden llegar a salir unas 25. Hay gente que las pasa por harina antes de freírlas, pero yo no creo que sea necesario. Esto, en todo caso, le forma una capita crujiente.
  • Si usa una buena sartén o caldero de teflón, no hace falta poner más que un chorrito de aceite (de oliva, mucho más sano). No es necesario sumergir las albóndigas en 10 cm de aceite… A fuego medio alto, dorar bien todos los lados (dos minutos por lado es suficiente). Claro, he aquí una pregunta filosófica: ¿cuáles son los «lados» de una albóndiga? Pero bueno, usted me entiende. Selle la albóndiga lo más posible por todas partes. Recomiendo hacerlo por tandas, para que sea más fácil voltearlas. Una vez que estén todas selladas, devolverlas a la sartén, tapar y dejar cocinar solas o con salsa de tomate (ver receta abajo) por unos 45 minutos a fuego bajo, removiendo una o dos veces.


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Esta salsa se puede hacer aparte, mientras las albóndigas se están sofriendo (y luego incorporar en el último paso), o se puede cocer junto con las albóndigas. Todo depende de cómo le guste el sabor de la salsa: si se deja poco tiempo, el tomate es más fuerte, un poco más ácido, y las cebollas se notan más (tanto en sabor como en textura). Si se comienza a cocinar previamente, el tomate agarra un sabor más dulzón y la cebolla se suaviza. Doy las dos opciones:

SALSA DE TOMATE

2 latas (de 400 g c/u) de tomate (mejor si ya viene picado)
1 cebolla mediana
1-2 dientes de ajo
Orégano, al gusto
1 cubito de carne
Sal y pimienta, al gusto
1/2 taza de vino tinto (si tiene alguna botella abierta)
Una pizca de azúcar, si el tomate está muy ácido

  • Si se va a comenzar a cocinar aparte, cortar la cebolla en trozos pequeños y machacar el ajo. Sofreír la cebolla en un poco de aceite de oliva por 2-3 minutos a fuego medio, removiendo constantemente para que no se queme, y luego añadir el ajo. Saltear por un minuto más y agregar el tomate (si viene entero, le recomiendo que lo pique un poco antes).
  • Condimentar al gusto con orégano, sal y pimienta. Yo usualmente trituro un cubito de carne y se lo echo también (pero le pongo muy poca sal). También se pueden usar otras hierbas, en lugar de orégano: albahaca (mejor si está fresca), mejorana, perejil…
  • Ponerle un chorrito de vino tinto (como aquí en Irlanda el tomate en lata suele ser muy dulzón, no me importa que el vino esté un poco avinagrado). Probar y rectificar la sazón. A veces el tomate está muy ácido y hay que ponerle una pizca de azúcar para neutralizar un poco.
  • Revolver bien, tapar y cocinar por unos 20-30 minutos a fuego medio-bajo. Luego pasar a la olla de las albóndigas y terminar de cocer ahí.


  • Si le da flojera ensuciar otra olla y no le molesta el sabor a tomate un poco más fuerte, entonces seguir los mismos pasos de arriba, pero le sugiero que condimente y mezcle todo bien antes de echar la salsa a las albóndigas, para que sea más fácil revolver. Otra opción, si no quiere sentir los trozos de cebolla, es licuar todo antes de cocinar.


Sugerencia para servir: con pasta, arroz blanco o cuscús.

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Si el gastrolector está harto de comer albóndigas con salsa de tomate, aquí hay otra opción. Seguramente debe tener algún nombre exótico que ignoro, pero básicamente es la misma salsa que le ponen a los shawarmas. Aquí va mi versión, todo al ojo (vaya poniendo todo de a poquito, probando y ajustando al gusto).

SALSA ESTILO MEDITERRÁNEO

2 tazas de yogur griego (o algún yogur bien cremoso)
1-2 cucharadas de tahini
Chorrito de limón (del verde)
±1 ajo, machacado (o en polvo)
1 pizca de comino en polvo
Sal, al gusto

No tiene mucha ciencia: mezclar todos los ingredientes y listo. Algunos comentarios:

  • El tahini es una pasta hecha de semillas de sésamo/ajonjolí que se usa en la cocina del Medio Oriente. Tiene un sabor difícil de describir (bueno, todos los sabores son difíciles de describir…) pero, en pocas palabras, tiene un regusto amargo y dulzón, como el que queda en la boca después de comer nueces. Se consigue, obviamente, en tiendas árabes. Si logra comprar un frasco, tenga cuidado al usarlo: algunos son más fuertes que otros y si le pone mucho, le mata el sabor a los demás ingredientes. Se usa también, por ejemplo, en el babaganoush (la pasta de berenjenas que tanto se come en la cocina griega).
  • Si el tahini viene muy pastoso, hay que revolver bastante para que no queden grumos en la salsa.
  • Como ya el tahini es aceitoso, yo no le pongo más nada, pero puede echarle un chorrito de aceite de oliva también.
  • El limón le da un gusto rico, refrescante, pero si ya el yogur está muy ácido, no le ponga demasiado.
  • Como el yogur es un sabor delicado, todo lo que ponga en exceso en esta salsa le puede matar el sabor a los demás ingredientes, así que vaya probando al poner el ajo y el comino también.
  • Esta salsa se puede servir fría. De hecho, no creo que quede muy bien caliente.


Sugerencia para servir: abrir unas pitas por la mitad, rellenarlas de lechuga en tiritas, un par de albóndigas tibias y salsa de yogur. ¡Alucinante!

CACHITOS DE JAMÓN

Al exiliadx venezolanx le hacen falta muchas cosas: su familia, la playa y el buen clima, el Ávila (si es caraqueñx), la fiesta por cualquier motivo, la tranquilidad de infringir una que otra ley sin miedo a la multa, la gasolina barata… Pero, sin duda alguna, lo que más falta le hace, más aun que su propia madre, es el cachito de jamón.

Desconozco su origen. Presumo que fue la creación de algún genio portugués en algún punto del temprano siglo XX. Para lxs gastrolectorxs no venezolanxs, un poco de contexto: a finales del XIX y durante la primera mitad del siglo XX, hubo varias oleadas migratorias provenientes de Europa, principalmente de España, Portugal e Italia. En Venezuela, lxs portugueses, entre otras cosas, se dedicaron a abrir panaderías y mezclaron los sabores locales con los de su tierra. El resultado es maravilloso, aunque poco conocido en el exterior. La panadería y repostería venezolanas no tienen igual (y lo digo con conocimiento de causa, después de haber viajado un montón por países que se precian de tener buena cocina).

En fin, que de ahí salió el cachito de jamón: una especie de pan endulzado (pero que no llega a ser completamente dulce) que se enrolla en torno a un picadillo de jamón (y no llega a ser croissant). Lo cierto es que el aroma dulzón del cachito evoca mañanas de cielo azul, de montaña limpia, de día por empezar. Si lx gastrolector se anima a hacerlos, desayune un par con una buena taza de café con leche e imagine tiempos mejores para un país que poco a poco se va convirtiendo en una referencia remota para esta exiliada.

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Esta receta tiene años circulando en varias páginas de Facebook, e incluso ha sido reproducida (SIN PERMISO), con fotos y todo, en algunas revistas. Obviamente si la publico es porque no me importa compartirla. De hecho, me encanta la idea de tener amigxs regadxs por todo el mundo que llevan un pedacito de Venezuela (y de mí) cada vez que la hacen. Tengo incluso unxs amigxs húngarxs que han incorporado los cachitos como menú fijo en sus fiestas de cumpleaños, y es algo que me hace muy feliz. Lo que me parece inaceptable es que se reproduzca al pie de la letra sin citar la fuente. Así que ya saben, plagiar es horrible (e innecesario).

[Versión actualizada julio 2021]

INGREDIENTES

Salen 32 cachitos pequeños

7 g levadura en polvo (un sobrecito / 1 cucharada) ó 15 g levadura fresca

100 g huevo, ligeramente batidos (=2 huevos regulares)

240 g / 1 taza de leche

75 g / ⅓ taza azúcar

610 g / 4+3/4 taza) harina para pan

6 g / 1 cucharadita sal

90 g / ⅓ taza mantequilla, en cubitos

700-1000 g jamón en lonjas finas, cortado en tiritas (la cantidad depende de cuán generosos sean en cada cachito)

1 huevo batido para barnizar

[En mi versión antigua, sugería que se activara la levadura en un poco de agua tibia con azúcar, pero hoy en día ese paso ya no es necesario con las levaduras instantáneas. Aquí les va mi versión post Le Cordon Bleu]

  • En un recipiente grande mezclar la leche con el azúcar, la sal y los dos huevos previamente batidos. Incorporar la levadura, e ir agregando la harina taza por taza, revolviendo bien (en especial las primeras dos tazas) para que no queden grumos. Esto se puede hacer a máquina o a mano. Si están usando máquina, les sugiero agregar la mantequilla en cubitos (firmes), pero si están amasando a mano, es más fácil con la mantequilla un poco suavizada.
    • En recetas antiguas, la gente solía pedir que los líquidos estuvieran tibios para activar rápido la levadura. Yo les recomiendo empezar con ingredientes fríos (la leche, los huevos, la mantequilla). Esto garantiza que cuando terminen de amasar, con toda la fricción, la masa va a estar entre 24-26ºC. Esta es la temperatura ideal para que las masas levanten y se desarrollen a plenitud. Si la masa está más caliente, corre el riesgo de sobre crecer (overproofing).

  • Cuando esté incorporada toda la harina, amasar vigorosamente por unos 8-10 minutos (a máquina) o 12-15 minutos a mano, hasta que la masa no se pegue de los dedos. Esta masa suele ser firme y fácil de trabajar, y no necesita harina extra. Confíen en la receta y denle tiempo a la harina de absorber el líquido. La masa está lista cuando se vea suave, brillante y elástica.
    • A veces la harina es muy fina y absorbe más líquido, otras veces los huevos son demasiado grandes (más de 50 g por huevo) y le añaden más humedad al asunto. Si tienen rato amasando y sienten que de verdad está muy pegajosa, pueden espolvorear un poquito más. Si, por el contrario, notan que la masa está muy seca, le pueden agregar un poco más de leche. Pero ¡resistan la tentación! La mayoría de las veces lo que la masa necesita es tiempo. Esta receta está súper-recontra probada (con muchos tipos de harina distintos, en muchas latitudes), y las proporciones suelen funcionar bien.
  • Una vez amasada, hacer una bola compacta, poner la masa en un recipiente grande tapado con una bolsa plástica limpia (yo prefiero usar plástico que trapos húmedos) y dejar reposar. Hay dos métodos para dejar que crezca la masa: el método directo y el método controlado.
    • Con el método directo, la masa se tapa y se deja afuera hasta que casi duplique su tamaño. A la media hora de reposo, se vuelve a poner en el mesón, se saca el aire atrapado y se vuelve a formar una bola. Esto ayuda a darle estructura a la masa. El tiempo total de crecimiento o proofing depende de la temperatura y humedad de sus cocinas, y de cuánto manipularon la masa. Aquí en el Trópico, esto puede ser bastante rápido, pero en invierno, en una cocina fría, esto puede demorar hasta 4 horas.
    • Con el método controlado (mi recomendado para este tipo de masas enriquecidas, es decir, que tienen mantequilla), se forma la bola, se tapa y se deja reposar por 15 minutos afuera. Se aplasta de nuevo, se saca el aire, se vuelve a formar la bola y de vuelta al recipiente. De ahí, MUY BIEN TAPADA, se mete en la nevera por varias horas, preferiblemente toda la noche. La masa va a crecer muy lentamente, ayudando con el sabor y la estructura.
  • Una vez que crezca la masa, o que estemos listxs para armar los cachitos, enharinar muy ligeramente la superficie de trabajo, poner la masa y sacarle el aire por completo apretando con el talón de la mano. Hacer un disco plano y dividir (con cuchillo o scraper) en cuatro porciones iguales. Como yo soy bastante maniática, me gusta hacerlo con la balanza.
  • Formar una bola con cada porción. Darle una buena forma al principio, ayuda a que cada disco sea más parejo y cada cachito salga del mismo tamaño. Enharinar un poco el rodillo e ir estirando cada disco hasta hacer un círculo de unos 25-30 cm de diámetro (el grosor depende del gusto personal: si a usted le gustan esos cachitos medio transparentes y grandes, entonces estire bien la masa; por el contrario, si usted es de esos que disfrutan del gusto dulzón de la masita, con un toque moderado de jamón, entonces déjela más gruesa). Una vez que esté bien estirada la masa, dividir en 8 porciones (tipo una pizza). Cada triángulo es un cachito. Usualmente hay que estirar un poco más cada triangulito por separado, para que el cachito quede de buen tamaño. 

  • Poner el jamón (al gusto) en la base del triángulo (suponiendo que es un triángulo isósceles) y enrollar hacia el vértice. Dos trucos para que el jamón no se desparrame: uno, antes de comenzar a enrollar, doblar los bordes como haciendo un bolsillo alrededor del jamón y enrollar hasta el final; y dos, al colocar los cachitos sobre la bandeja (previamente engrasada, o con un mat de silicón), poner el piquito hacia abajo. ¡Esto es importante! Si los ponen al revés, hay riesgo de que el cachito se abra al crecer. Dejar espacio entre cada uno, porque crecen considerablemente.
    • Los primeros cachitos salen horribles (es un hecho científico), pero ya los siguientes se van pareciendo más a los de la panadería.

  • Una vez en la bandeja, cubrirlos con la bolsa de plástico, y dejar reposar por una hora (otra eternidad más, pero insisto: vale la pena). Si viven en zonas frías, se pueden poner en un sitio tibio. Si viven en zonas calientes, en cualquier mesón sirve. 

  • Pasada la hora, o cuando sientan que han crecido, pero siguen estando firmes al tacto, precalentar el horno a 350º F / 175º C y pintar cada cachito con huevo batido usando una brocha de repostería (o los dedos, para qué engañarnos). Hay gente que los pinta con mantequilla derretida o con una mezcla de leche con azúcar. La idea de pintarlos es que la masa no se agriete mientras crece, y que se dore al hornear.
    • Update: Una lectora nos sugirió hacer una mezcla de huevo con papelón derretido (1-2 cucharadas de papelón rallado, mezclado directamente con el huevo, o disuelto en 1 cucharada de agua tibia). ¡Altamente recomendado! Ahora siempre los barnizamos con esa mezcla y no se imaginan la delicia. ¡Gracias, Veruska! 
    • Antes los barnizaba dos veces: una, antes de dejarlos reposar, y otra justo antes de hornearlos. Desde que los cubro con plástico y no con trapos húmedos, no hace falta hacerlo dos veces. Sólo antes de hornear.

  • Hornear por 12-15 minutos (hasta que se vean doraditos). Dejar enfriar en una rejilla.

Variaciones no ortodoxas:

  • Hay gente que usa de relleno una mezcla de jamón con tocineta picada (yo no haría un 50-50, porque creo que quedaría muy grasoso y repugnante de sabor). En mi caso, uso una mezcla de picnic ham (2/3) y algún jamón ahumado (1/3).
  • Hay gente que les pone un toque de diablito (jamón endiablado) junto con el jamón (lo he hecho y les da un sabor a panadería buenísimo, pero ojo: no usar demasiado diablito).
  • También se les puede poner un poco de queso; por ejemplo, un cheddar o edam suave rallado, o incluso queso de cabra, pero hay que cerrar muy bien cada cachito, o se puede desparramar. O se puede usar jamón de pavo, aunque es mucho más seco. La combinación de jamón de pavo y queso crema queda súper bien.

Notas extras:

  • Si 32 cachitos son demasiados, esta masa se puede congelar perfectamente. Una vez que le saquen el aire, la meten en una bolsa de plástico, la cierran bien y listo (yo le echo un chorrito de aceite a la bolsa para que luego al descongelar no se pegue). Cuando la saquen a descongelar, recuerden abrir la bolsa porque la masa va a crecer otra vez.
Aquí pueden ver cómo congelar la masa (ya dividida en 4 y un poco aplastada, en forma de discos)
  • Por cierto, esta receta es una mezcla de varias que saqué de Internet, junto con la del pan de jamón navideño de mis padres, y ajustada según ensayo y error. Si tienen algún comentario con respecto a cantidades o método, con gusto lo incorporaré aquí.

PASTEL DE MAÍZ/ELOTE DE ALE


Esta receta es un híbrido entre el pastel de maíz/elote/choclo de mi suegra y el pastel de calabacín/zucchini de mi amiga mexicana Ale. Buenísimo. El contraste dulce-salado-picante es delicioso.

INGREDIENTES

Para unas 9 porciones

4 mazorcas de maíz/elote/choclo, desgranadas ó 2 latas de crema de maíz* (aprox. 500 g)
1/2 taza crema de leche (o leche, si lo quieren hacer un poco más sano)
1/4 taza mantequilla
1/2 taza azúcar
2 huevos
1 taza harina
1 1/2 cdta polvo de hornear
1 taza queso fresco rallado (blanco, jack, chihuahua, o una mezcla cheddar-mozzarella)
Rodajitas de ají/chile tipo poblano, al gusto (opcional)

  • Sobre la mazorca de maíz: debe estar fresca, no precocida ni congelada. Para desgranarla, basta con pasarle un cuchillo al ras (no demasiado profundo para no cortar la tusa/centro). Hay que tener cuidado y nunca hacerlo hacia uno, sino hacia afuera, alejándose del cuerpo.
  • El maíz que venden en EE.UU. y en Europa suele ser más dulce (y con más agua) que el que venden en América Latina. Consideren esto a la hora de endulzar.
  • Si no consiguen maíz fresco (o les da flojera toda la preparación), pueden usar maíz enlatado, aunque el sabor y la textura cambian bastante. Al menos en Venezuela, hay dos presentaciones: el maíz de grano entero y la crema de maíz. Si compran el primero, escúrranlo bien y pásenlo por la licuadora brevemente (dándole toques, pero que quede con un poco de textura).
  • Una vez desgranado el maíz, ponerlo en la licuadora junto con la crema de leche (para que no resulte difícil licuar el maíz porque está muy seco) y licuarlo hasta conseguir una pasta gruesa (a mí me gusta con textura, pero se puede licuar por completo si no quieren sentir los grumos). Agregarle la mantequilla, el azúcar y los huevos y mezclar bien (en este punto pueden probar si la mezcla está lo suficientemente dulce, o puede llevar un poco más de azúcar).
  • Incorporar la taza de harina y el polvo de hornear (el vaso de mi licuadora es bastante grande y puedo revolver todo ahí, pero si ven que la cosa está estrecha, pasen la mezcla a un bol y luego echen la harina, revuelvan bien y finalmente agreguen el queso rallado (y el chile en rodajas, si quieren darle el toque picante).
  • Verter toda la mezcla en un pyrex engrasado de 9×9″ / 23×23 cm y cocinar en el horno precalentado a 350ºF/180ºC por 40-60 min, hasta que el centro esté firme y el tope se dore.

Variaciones

  • En lugar de maíz, se puede hacer con calabacín (zucchini) rallado, pero en ese caso se debe poner un poco más de harina y de azúcar hasta conseguir la consistencia de torta y el dulzor que se desee.


Nota extra

  • Si están haciendo esta receta con el maíz que les sobró de los tamales regios (en cuyo caso estarían usando 6-8 mazorcas), pueden desgranar todo el maíz, usar sólo la mitad para un pastel y congelar el resto.

EMPANADAS TURCAS (Puaca)

Tengo tiempo con ganas de montar esta receta. Para la gente que le tiene miedo a todo lo que incluya masas y rodillos, estas empanadas son la manera perfecta de quitarse la fobia. Esta es la masa más fiel que he hecho. Es elástica, fácil de amasar, rápida y sabrosa. El relleno también es rico, pero es sólo una sugerencia. Se le puede hacer un millón de variaciones. La receta es tomada de un libro que me regaló mi mamá hace años: Turkish Cooking, de Bade Jackson (Apple Press, 1998).


INGREDIENTES

Para 12 empanadas medianas

Masa
½ taza margarina (o mantequilla)

1 huevo
½ taza yogur natural (yogur griego altamente recomendado)
2 cdtas polvo de hornear

3 tazas de harina no leudante

Relleno base
250 g queso feta*
½ taza perejil fresco picado
1 cdta páprika
1 cdta pimienta negra recién molida
1 yema de huevo, ligeramente batida
Semillas de sésamo/ajonjolí o de amapola, para rociar por encima de las empanadas

Opcionales
250 g espinaca fresca
Tomates, frescos o secos, cortados en cuadritos

Piñones tostados

Queso mozzarella rallado

Carne molida, salteada con ajo, cebolla y bastante comino

  • Derretir la margarina (o mantequilla) y, cuando se enfríe, batir junto con el huevo, yogur y polvo de hornear. Añadir la harina y amasar hasta formar una pasta suave y homogénea.
  • Desmoronar el queso feta y mezclar bien con el perejil, páprika y pimienta (o demás ingredientes). 
    • Si no consiguen feta, o les parece muy fuerte, se puede sustituir con ricotta* (pero escurrir bien si tiene mucho líquido, para que la masa no se rompa cuando se ponga el relleno; lo mismo con el feta si viene en salmuera).
    • Mi relleno favorito es una mezcla de 200 g ricotta, 50 g mozzarella rallado, 250 g espinaca fresca picadita, páprika y pimienta. 
  • Precalentar el horno a 200ºC/400ºF. Hacer peloticas de masa del tamaño de una nuez y estirarlas con rodillo sobre una superficie enharinada, formando un círculo. Esta masa es bien elástica, así que se puede rendir bastante si les gustan las empanadas bien finas (pero recuerden que si el relleno está muy húmedo, se pueden romper durante la cocción). Poner el relleno en una de las mitades del círculo, mojar el borde con el dedo húmedo (no hace falta demasiada agua), doblar la mitad libre y sellar bien. Se puede cortar el exceso de masa con un cuchillo o un cortador de galletas, para que queden más bonitas. Repetir hasta que se acabe todo.
    • Si les sobra masa, se puede guardar en una bolsa plástica en la nevera y terminar al día siguiente, o se puede congelar. Lo bueno de estas empanadas es que no hay que comerlas inmediatamente. Se pueden recalentar al día siguiente e igual saben deliciosas.
  • Untar cada empanada con un poco de yema de huevo (usando una brocha) y rociar con las semillas. Poner en una bandeja engrasada, y hornear por unos 20-30 minutos, hasta que se doren.
  • Noten que la receta no lleva sal. El feta suele ser lo suficientemente salado, pero si usan otro queso, prueben el relleno y ajusten la sazón.

KEBABS DE CORDERO Y PISTACHO (fistikli kebap)


Uno de los platos más ricos que probamos en Turquía fue los kebabs de pistacho del restaurant Hamdi, en Eminönü. Tratando de reproducir ese sabor, aquí les copio la receta tomada de esta página y modificada por esta grastrocronista.

INGREDIENTES

1/2 kg cordero molido
1/2 taza pistacho picado (sin la cascarita marrón)
1/4 cebolla, picada en cuadros pequeños
1 diente de ajo machacado
1 cdta sal
1 cdta pimienta aleppo (si consiguen)
1/2 cdta comino en polvo
1/2 cdta pimienta negra

  • Mezclar bien todos los ingredientes y refrigerar por dos horas.
  • Hacer bolitas alargadas (de unos 4 cm) con la carne (o hacer un rollo delgado y largo, y cortar). Ensartar en pinchos (si son de madera, remojarlos por media hora en agua fría), tratando de no apretar demasiado una bolita con otra. Se puede alternar con vegetales (como en la foto): pimentón rojo, tomates cherry, cebolla, etc.
  • Cocinar sobre una rejilla al grill (a fuego alto). Si usan el horno, puede que tome un poco más de tiempo (6-8 minutos por cada lado), pero si los hacen a la parrilla, hay que girar los kebabs con frecuencia para que no se quemen (6-8 minutos en total).
  • Servir con pita (con bulgur o cuscús queda muy bien). 

    PASTELITOS DE BOCONÓ


    Para nuestra familia, ir a Boconó -el pueblo de mis abuelos Ruiz Matera- es siempre una experiencia 100% sensorial. Cada color, cada textura, cada sonido está ligado a nuestra infancia y a nuestra historia. De hecho, toda mi cultura culinaria sale de ese lugar macondiano. Por eso, aquí les copio un sabor de mi infancia y parte del legado familiar.

    La receta no es la original de mis Tías (abuelas), pero según Pilli, facilitadora de esta receta -y según mi paladar- así sabe Boconó…

    UPDATE: Las medidas que tenía publicadas para la masa no me estaban funcionando, así que aquí les paso un intento por mejorarla.  Espero que les resulte más fácil así. De igual manera, si la preparan y modifican, dejen sus comentarios.   

    INGREDIENTES PARA LA MASA

    Para 24 pastelitos medianos

    600 gr (unas 4 tazas, más o menos) de harina de trigo (no leudante)
    4 cucharaditas de azúcar
    1 cucharadita de sal
    1 taza de mantequilla, cortada en cubitos
    2 huevos, ligeramente batidos
    4-6 cucharadas de agua fría (o más)
    • Hay dos maneras de hacer la masa: a mano o con procesador.  De igual manera, lo mejor es trabajar con los ingredientes fríos (en especial la mantequilla). 
    • Cernir la harina y mezclarla bien con el azúcar y la sal.  Si van a usar un procesador o licuadora, ponerla en el recipiente junto con la mantequilla y darle «toques» hasta que la mezcla tenga la consistencia de migas gruesas de pan.  Si van a hacerlo a mano, con la punta de los dedos y trabajando rápidamente, frotar la mantequilla en la harina, tratando de «disolver» los cubitos de modo que no queden pedazos gruesos de grasa. 
    • Hacer una rueda con la harina sobre el mesón, tipo volcán, y en el medio echar los huevos previamente batidos y el agua fría.  Usando la mano tipo espátula, ir incorporando el líquido a la mezcla de harina e ir amasando un poco.  No se trata de una masa de pan o pizza, suave y elástica, sino de una masa tipo pasta quebrada, así que no se puede manosear mucho.  La idea es ir compactándola, formando una bola.  Si notan que está muy seca, se puede echar un poco más de agua, cucharada por cucharada.  
      • Es difícil conseguirle el punto ideal a la masa.  Siempre da la impresión de que no cohesiona, pero tengan paciencia.  Una vez enfriada, agarra forma al estirarse con el rodillo.
    • Envolver en envoplast (papel plástico, cling film) y dejar reposando en la nevera al menos 1/2 hora.  Esto hace que se asiente bien y sea más fácil de manipular a la hora de estirarse.
      • Esta masa congela bien.  Para descongelarla, basta con dejarla a temperatura ambiente o en la nevera por varias horas.  Recuerden que tiene que estar fría y firme antes de usarse.

    RELLENO

    4-5 pechugas de pollo grandes ó 500 g carne molida
    2-3 cucharadas de aceite
    1 cebolla grande, cortado en cuadritos
    1 pimentón rojo grande, cortado en cuadritos
    2 cucharadas de vino dulce (tipo Moscatel)
    4 cucharadas de pasta de tomate
    1 cucharadita de sal
    1 cucharadita de azúcar
    1-2 cucharadas de pan molido
    Pasitas al gusto (1/4 taza, más o menos)
    Alcaparras al gusto (2-3 cucharadas)
    Aceitunas al gusto (rellenas de pimentón, cortadas en aritos)
    3 huevos duros, previamente cocidos, enfriados y cortados en 8 gajos c/u

    • En un sartén o caldero amplio, sofreír la cebolla y el pimentón por unos 4-5 minutos a fuego medio-alto, hasta que la cebolla se ponga transparente.
    • Agregar la pechuga cruda cortada en trocitos o la carne molida y sofreír por 5 minutos más o menos, hasta que pierdan el tono rosado.  Luego agregar la sal, el azúcar y la pasta de tomate, y cocinar 10 minutos revolviendo constantemente para que no se pegue.
    • Cuando la pechuga o la carne esté cocida, bajar el fuego (a medio) y agregar el vino, las pasitas, las alcaparras, las ruedas de aceituna y el pan rallado. Mezclar todo bien. Cocinar por 5 minutos más.
      • Si no tienen moscatel, un chorrito de Oporto no le queda nada mal.
      • Sobre las alcaparras: si vienen en salmuera, les sugiero dejarlas remojando en agua fría unos 15-20 minutos antes de usarlas, para desalarlas un poco.  Si vienen en agua, no es necesario hacer esto.
      • El pan rallado sirve para absorber un poco el exceso de líquido que pueda tener el relleno, de manera que no se rompan los pastelitos luego.  Ajusten la cantidad dependiendo de cuán mojado les haya quedado.
    • Retirar del fuego y dejar enfriar antes de usar.
      • Este picadillo también congela bien.
    Las Tías los hacían usualmente de carne, pero en vez de molida, ellas utilizaban falda (no tengo la menor idea de cómo se pueda llamar este corte en otros países) y la sancochaban, luego la desmenuzaban y la pasaban ligeramente por la licuadora agregándole algo de caldo para molerla, y después la cocinaban según la receta de arriba (el relleno debe quedar bastante seco para que no se salga de la masa a la hora de freír los pastelitos). Nosotros los hacemos con carne molida (mucho más fácil) y quedan buenísimos.

    ARMADO DEL PASTELITO
    • Si van a hacer la cantidad de arriba, para unos 24 pastelitos, les sugiero dividir la masa en dos o tres porciones (cortándola con un cuchillo afilado).  Extender la masa con un rodillo, dejándola fina pero no demasiado porque luego se van a estirar un poco más.

    • Cortar círculos con un cortador de masa o, en su defecto, con una copa de cristal grande (tal vez de unos 7 cm de diámetro).

    • A cada redondel se le pasa nuevamente el rodillo hasta dejar la masa delgada (pero no demasiado porque se rompe al rellenarla), colocar en el centro una cucharada generosa de relleno y un gajito de huevo duro.
      • El relleno tiene que estar frío.  Si lo ponen caliente, se rompe la masa.

    • El formato original de los pastelitos es redondo, es decir, una tapa arriba y una abajo. Dependiendo del grosor y flexibilidad de la masa, a veces los hago así o tipo empanadas.  De igual manera, hay que untar las orillas con agua y con un tenedor apretar los bordes hasta que sellen. 
      • Las Tías hacían el archifamoso «repulgo»: de un modo misterioso, cerraban los pastelitos haciendo una especie de trenza en el borde que no sólo sabía a gloria, sino que se veía espectacular. Lamentablemente, el milenario arte del repulgo parece haber desaparecido por completo en mi familia. 

    • En la receta original se fríen los pastelitos en aceite no muy caliente, hasta dorarse un poco. Pero…

    • Si no quieren freírlos, se pueden hornear a 175º C / 350º F (con el horno precalentado) por unos 15-20 minutos, pero antes hay que barnizarlos con una mezcla de yema de huevo batida y un chorrito de leche, sobre una bandeja con papel parafinado / de cera / para hornear (los pastelitos de la foto de abajo son fritos, pero los de las primeras fotos son horneados).

    No puedo decir con certeza que ésta es una receta boconesa de pura cepa (y mucho menos, exclusiva de mi familia). Posiblemente la hagan también en otras partes de Venezuela. De hecho, como se pueden haber dado cuenta, los ingredientes son 100% europeos: pasas, alcaparras, aceitunas y harina de trigo. Pero esos ingredientes, justamente, se utilizan en la mayoría de los platos criollos (hallacas, pan de jamón, tortas de navidad, etc). Sea como sea, prueben esta receta. Es muy fácil de hacer (la masa no requiere de mucha técnica y el relleno es sencillísimo), y el sabor es increíble. Si la hacen, ¡dejen sus comentarios!

    SOUFFLÉ DE ATÚN

    [Actualizado 4/10/2021]

    El soufflé de atún es un clásico de mi mamá. Tenía siglos sin hacer esta receta, y revisando este post, me di cuenta de que estaba demasiado al ojo y no era fácil de seguir, así que aquí les va una versión mejorada, basada en la original de mi mamá.

    Es súper fácil de hacer, así sigan la versión extendida. También es «budget friendly«, porque los ingredientes no solo son baratos, sino que son cosas que usualmente tenemos en la nevera.

    INGREDIENTES

    Para 4-6 personas

    4 rebanadas de pan cuadrado (puede ser viejo)

    170 g / 3/4 taza leche, para empapar los panes
    2 latas de atún en agua (de 150 g c/u)
    4 huevos, separados
    1/4 de cebolla
    1 cdta polvo de hornear
    60 g queso parmesano, pecorino o grana padano

    VERSIÓN RÁPIDA DE MI MAMÁ

    • Se ponen todos los ingredientes, menos el atún, en una licuadora y se licúan «hasta que quede un menjurje pastoso» (Carmen dixit).
    • Hay dos opciones para agregar el atún (siempre bien escurrido):
      • Licuándolo bien hasta que quede una pasta homogénea.
      • O dándole «toques» a la licuadora para que queden pedacitos enteros. Esto depende del nivel de maña personal con respecto a los grumitos.
    • No recomiendo usar atún en aceite, porque se pierde la textura ligera del souflé.
    • ¡¡¡NO PONERLE SAL!!! El atún y el queso son suficientemente salados.
      • Mi mamá le pone una combinación de queso blanco rallado (el típico queso fresco latinoamericano) y queso parmesano.
    • La pasta se pone en un molde enmantequillado (yo uso el clásico pyrex rectangular de 22x12x7 cm / 8.5×4.5×2.5 in), con un poco de queso extra por encima, y se hornea a 350º F/180º C hasta que se dore, entre 30-40 minutos (eso depende del tipo de horno: gas, eléctrico, convección, con resistencia arriba o abajo)
    • Método rapidísimo de cocción: se tapa el molde (de vidrio, obviamente) con película plástica y se mete en el microondas por 5-8 minutos hasta que la mezcla cuaje, y luego se mete en el horno, misma temperatura) hasta que dore.
      • Con este método, el resultado es más tipo pastel de atún, más denso y pesado.

    Aquí pueden ver la textura más densa del pastel, hecho sin separar los huevos.

    VERSIÓN EXTENDIDA

    Para que quede como soufflé, esponjoso e inflado, es necesario ponerle los huevos separados:

    • Antes que nada, separar claras y amarillas de los huevos. Reservar las claras en un recipiente preferiblemente de metal, perfectamente limpio.
      • Las claras levantan mejor si están a temperatura ambiente (aunque se separan más fácilmente de las yemas cuando el huevo está frío).
    • Poner todos los demás ingredientes en una licuadora, incluyendo las yemas, y licuar bien. Pasar esta mezcla a un recipiente grande y reservar.
    • Misma advertencia de antes: ¡¡¡NO PONERLE SAL!!! El atún y el queso son suficientemente salados.
    • Con una batidora eléctrica, batir las claras de huevo a alta velocidad a punto de suspiro (es decir, hasta formar picos firmes que no se caigan). Incorporar el huevo a la mezcla de atún usando una espátula, SIN BATIR, suavemente con movimientos envolventes. La idea es que el huevo mantenga todo el aire que atrapó al batirse. Este aire (junto con el polvo de hornear) es lo que hace que el soufflé crezca.
    • Verter la pasta en un molde engrasado (o en varios moldecitos de soufflé, solo hasta 3/4 para que luego no desborde).
    • Se puede espolvorear queso por encima, si les gusta la capita dorada.
    • Hornear (en horno precalentado) a 350º F/180º C hasta que se dore, entre 35-40 minutos para el molde rectangular, o unos 20 minutos, si son moldecitos individuales.
      • No abrir el horno por ningún motivo durante la cocción, porque se desinfla el soufflé. De igual manera, éste es un plato que hay que servir inmediatamente, porque sólo dura unos pocos minutos inflado.
    • Si van a usar ramekins o moldecitos individuales, les recomiendo ponerlos sobre una bandeja, para que sea más fácil meterlos y sacarlos del horno, y a modo preventivo en caso de que los  llenen demasiado y se desborden.

    SALSA (opcional)

    Se prepara una salsa bechamel normal y corriente, pero usando el agua de una lata de guisantes verdes (petit pois). Se sazona con sal, pimienta blanca, nuez moscada, y se añaden los guisantes al final. Esta salsa, que es bastante suave, le queda buenísima al soufflé. ¡Lo dice mi madre!


    TORTICAS DE SALMÓN

    Como nosotros no comemos para vivir, sino que vivimos para comer
    Como somos sibaritas
    Epicúreos
    Glotones, en fin
    Como le rendimos devoto culto a Dioniso, Baco y a P.F. Chang
    He aquí este haikú en castellano para inaugurar las Gastrocrónicas

    Después de ese inspirado saludo, a continuación les copio una receta buenísima y fácil de hacer. Está basada en el libro Fish, de Sophie Grigson y William Black, pero con algunas modificaciones.

    TORTICAS DE SALMÓN


    Para 4 personas

    INGREDIENTES

    300 g (aprox.) papas
    30 g mantequilla, ablandada
    225 g filetes de salmón, cocidos (alternativas: bacalao, trucha de mar, o smoked haddock -cuya traducción en español es un misterio lingüístico)
    1 cda. eneldo fresco, picado finamente
    2 cds. perejil, picado
    1 cda. jugo limón
    Ralladura (bien fina) de un limón
    1 huevo, batido
    Harina
    Mantequilla y aceite para freír (aceite de oliva también sirve)
    Sal y pimienta

    Se puede acompañar con salsa de perejil, holandesa, tártara o mayonesa de limón.

    PREPARACIÓN

    Precalienta el horno a 200º C/400º F/Gas 6 y hornea las papas con su concha hasta que estén suaves. Si no tienes tiempo de hornearlas, cocínalas en el microondas. Hervirlas las deja enchumbadas*, pero si no tienes otra alternativa, hiérvelas con concha. Pélalas y machácalas con la mantequilla (esto debería dar aprox. 225 g de puré).

    Si no tienes el salmón cocinado, puedes hacerlo así: sancocha el filete en un poco de caldo de pescado con un toquecito de vinagre. Una vez cocido, ‘esmecha’ el salmón y añádelo al puré junto con el eneldo, perejil, jugo y ralladura de limón, sal y pimienta al gusto. Añade suficiente huevo como para formar una masa suave, pero firme. La receta dice en este punto que decidas si quieres hacer 4 tortas grandes u 8 más pequeñas. Yo sólo las he hecho pequeñas, tipo arepitas, pero me salen muchas más que 8. Enharínate las manos y moldea las torticas. Déjalas al menos media hora en la nevera, o hasta que se vayan a comer (este paso es vital para que agarren buena consistencia y no se te desmoronen al cocinarlas). Cubre cada torta uniformemente con un poquito de harina.

    UPDATE: En lugar de enharinarlas, las últimas veces que las hemos preparado, las hemos cubierto con semolina.  ¡100% recomendable!  La semolina les da un color y una textura increíbles (la foto de arriba es con semolina, y la de abajo con harina).  También hemos hecho la prueba de mezclar salmón con atún.  El sabor, muy bien.  El color, no tanto.  El atún (fresco, no de lata) oscurece un poco la carne, pero si los gastrolectores no son prejuiciosos, adelante.  A experimentar.

    Calienta el aceite y la mantequilla en un sartén y fríe las tortas por ambos lados hasta que estén bien doradas (yo apenas le pongo un chorrito de aceite de oliva, como para que no se peguen, pero no hace falta más si el sartén es bueno). Servir inmediatamente con gajitos de limón y cualquier salsa. Hugo y yo compramos una de sweet chili, medio dulzona, medio picantosa, que le quedó buenísima.

    * Al traducir y escribir esta receta, me veo en un meollo lingüístico. En primer lugar, ¿doy las instrucciones con el impersonal infinitivo «precalentar, picar, sofreír», o con el antipático imperativo «precalienta, pica, sofríe»? En segundo lugar, ¿utilizo un español estándar o dejo que se me salga el boconés? Dejaré que sea el lector el que dicte la pauta… Por ahora, el boconés le gana a mi Nebrija interno…

    Saludos a todos,
    C.