TARTALETAS DE BAYAS Y RICOTTA

Comenzó la temporada de moras, y en un primer intento recogimos casi kilo y medio, así que después de hacer mermelada y helado, también preparamos estas tartaletas que quedan riquísimas con cualquier tipo de bayas (o un mix).  La receta está tomada casi igual de Cooking desserts (Murdoch Books, 2005), pero con algunas diferencias en las cantidades.  Pongo las cantidades en gramos y en tazas, como lo indica el libro, pero la verdad es que para hacer repostería siempre es mejor usar una balanza, porque no es lo mismo una taza de harina cernida, por ejemplo, que una taza de harina compactada.

La masa es deliciosa y fácil de manejar (siempre y cuando esté bien fría); se la recomiendo para cualquier relleno dulce.

INGREDIENTES
6-8 tartaletas
Masa
150 g (1¼ tazas) harina de trigo todo uso (NO leudante)
35 g (1/3 taza) almendras molidas
1 cucharada de azúcar extrafina (caster)
85 g mantequilla, bien fría y cortada en cubitos
1 yema de huevo
1 cucharada de agua helada
Relleno
300 g (2½ tazas) de bayas (fresas, moras, frambuesas, arándanos…)
1 huevo a temperatura ambiente
60 g (1/4 taza) azúcar extrafina (caster)
1 cucharada de jugo de limón
250 g (aprox. 1 taza) ricotta suavizado
Un poco de nevazúcar / azúcar impalpable / glas para espolvorear (opcional)
  • En un procesador o licuadora, poner la harina, almendras molidas, azúcar y mantequilla en cubitos.  Darle toques hasta que la mezcla tome la textura de migas de pan.
    • Si usan una mantequilla sin sal, echarle una pizca de sal a la harina.
  • Agregar la yema de huevo y una cucharada de agua helada.  Procesar un poco más hasta que la mezcla de harina forme una bola más o menos compacta.
  • Verter todo sobre un mesón y compactar con las manos, formando una bola.  Si la masa está muy seca y se desmorona, echar una cucharada más de agua.  Recuerden que la pasta quebrada no se debe amasar, sino solamente cohesionar.  Aplastar un poco la bola, formando un disco plano, envolver en papel transparente / envoplast, y refrigerar al menos unos 30 minutos.
    • Este paso es importante para que luego la masa sea fácil de estirar y no se pegue de todo.  Aparte, la masa fría, no derretida, es lo que hace que la masa no se encoja y luego tenga una consistencia suave y crujiente a la masa después de horneada.
  • Mientras tanto, preparar el relleno poniendo el huevo, el jugo de limón y el azúcar en un molde de vidrio resistente al calor (tipo pyrex), sobre una olla con agua hirviendo ligeramente.  Asegúrense de que el agua no llegue a tocar el molde de vidrio.
  • Usando una batidora eléctrica, batir la mezcla por unos 5-6 minutos hasta que tome un color pálido y esté ligera y espumosa.
    • Tengan cuidado porque el molde de vidrio se va a poner caliente y, además, cuando lo levantes va a haber un montón de vapor acumulado en la olla.
  • Remover el pyrex del fuego e incorporar el ricotta, mezclando bien.
  • Engrasar ligeramente 6-8 moldes de tartaletas de 8-10 cm de diámetro, de unos 2 cm de profundidad (mejor si son desmoldables).
  • Sacar la masa de la nevera, enharinar un poco la superficie de trabajo y el rodillo, y estirar la masa (debería tener unos 3 mm de grosor).
    • Dependiendo del grosor, salen entre 6 y 8 tartaletas.
  • Cortar la masa usando un cortador de galletas (o una copa, o lo que tengan a mano) de 10-12 cm de diámetro.  Pasar a los moldecitos, asegurándose de que los bordes no estén demasiado finos (para que, al desmoldar, mantengan la forma).
    • Truco: con lo que les sobre de masa, si no da pasa rellenar otro molde, se puede hacer un poco de patch work, agarrando pedacitos y pegándolos en los sitios donde vean que está demasiado delgada la masa.
  • Pinchar varias veces la base de las tartaletas con un tenedor y refrigerar por otros 10-15 minutos.
  • Precalentar el horno a 200º C / 400º F / Gas 6.
  • Cuando ya se hayan enfriado de nuevo las tartaletas, rellenar con las bayas y luego poner un par de cucharadas de ricotta (pero que no desborde, porque al cocinarse va a levantar un poquito).
    • Si usan fresas o moras grandes, es preferible cortarlas en dos o tres pedacitos.
    • No creo que sea buena idea usar bayas congeladas, porque al calentarse botan demasiado líquido y el relleno puede quedar demasiado aguado.  Si usa, asegúrense de descongelarlas bien sobre un colador.
  • Hornear por 20-22 minutos, hasta que los bordes se pongan dorados.
    • Les recomiendo poner las tartaletas sobre una bandeja, para que sea más fácil meterlas y sacarlas del horno.

 

  • Dejar enfriar un poco antes de desmoldar.
  • Espolvorear con azúcar impalpable antes de servir (opcional).

CAMARONES ENVUELTOS EN TOCINETA

Esta receta le llegó a Hugo en el boletín online de la revista Saveur, tomada a su vez de Simply Recipes.  Una delicia sólo apta para gentiles (lo siento, amigos judíos).  Si no quieren usar tocineta, los camarones marinados en salsa de limón y chipotle son igualmente buenos.  Aquí les paso entonces la receta, con varios tips extras.

INGREDIENTES

Para 3-4 personas, tipo entrada o tapa

12 camarones grandes, pelados, desvenados y sin cabeza
Ralladura y jugo de 1 limón (verde)
2 cucharadas aceite de oliva
Chile chipotle en polvo, en hojuelas o salsa de chipotle, al gusto
6-12 tocinetas / bacón, fin@s
12 palillos cortos ó 4 largos

  • Limpiar bien los camarones, si los compran enteros.
  • Si van a usar palillos de madera, ponerlos a remojar en agua fría (al menos media hora).
  • Mezclar la ralladura y el jugo de limón con el aceite de oliva y el chipotle.
    • En la receta original se usa chipotle en polvo, pero yo usé salsa (bastante, porque me encanta el sabor). Para saber un poquito más sobre este chile, vean este link.
    • Supongo que se puede usar cualquier otro ají / chile, pero la ventaja del chipotle es que tiene un sabor ahumado que combina perfecto con la tocineta, es un picante moderado y tiene un dejo dulzón que contrasta bien tanto con el ácido del limón, como con lo salado de la tocineta.
    • No hace falta añadir sal.
  • Pueden untar cada camarón usando una brocha o, más ordinario, meterlos todos en la salsa.
  • Precalentar el grill a fuego alto, o el horno a 230º C / 450º F.
  • Mientras tanto, poner las tiras de tocineta sobre un plato que se pueda meter en el microondas, forrado con varias capas de papel absorbente.  Cubrir con más papel y cocinar por 1½ minutos en el microondas (a temperatura normal).  La idea es que la tocineta comience a botar la grasa y a tostarse, pero todavía manteniendo su flexibilidad.
    • Arriba pongo 6-12 tocinetas.  En la receta original se piden 6, cortadas longitudinalmente por la mitad, pero supongo que se trata de tocinetas anchas.  Las que conseguí eran bastante delgadas, así que usé 12.  Lo fundamental es que sean lonjas muy delgadas, no tipo el rasher irlandés, que es una tocineta carnosa y más gruesa que la americana (o la que comemos en Venezuela).  Creo que la pancetta italiana es una buena opción, aunque suele tener más grasa que carne.
  • Envolver cada camarón marinado con la tira (o media tira) de tocineta pre-cocida.
  • Se pueden ensartar individualmente si van a usar el horno en lugar de la parrilla /asado / BBQ.  La idea es que el camarón se mantenga cerrado y que la tocineta se quede en su sitio.
    • Si lo van a hacer a la parrilla, es mejor usar palillos largos.  En la foto de abajo pueden ver que usé dos palillos por «pincho», siguiendo la recomendación de la receta original.  Esto hace que sea más fácil voltearlos a media cocción, para que no bailen en el palillo.  La alternativa es usar palillos planos.
    • Si van a usar horno, les sugiero poner los «pinchos» sobre una rejilla con bandeja abajo (mejor si está forrada con papel aluminio) para minimizar el desastre porque la tocineta va a seguir botando grasa.
  • Antes de cocinar, barnizar todos los camarones con lo que sobre de marinada.
  • Cocer por 5-7 minutos por cada lado, hasta que el camarón se ponga rosado.  Servir inmediatamente.

CHILE CHIPOTLE

El chile / ají chipotle es el mismísimo jalapeño, pero ahumado.  Es rojo porque se ha dejado madurar, y luego se seca con humo, a diferencia de muchos chiles que se secan sólo al sol.  Es un ingrediente muy usado en la cocina mexicana, y con razón: no sólo tiene un nivel de picante perfecto (no es demasiado fuerte como para llegar a opacar los demás sabores), sino que también es gustoso per se (tiene un sabor dulzón ahumado bien particular).

Si lo compran entero, se puede tostar y triturar (como polvo) o cortar (como hojuelas).  O se puede tostar, remojar y moler (como pasta).

También lo venden enlatado en escabeche o adobo, o ya preparado en salsa, como en la foto que ven abajo.

Si nunca han preparado comida mexicana, o si están comenzando a experimentar con chiles / ajíes, les recomiendo usar chipotles.

Recetas que llevan CHIPOTLE en las Gastrocrónicas:

 

CEVICHE VERDE, versión 2

Aunque visualmente «extraño», este ceviche es delicioso.  Aprendí la receta de una chef mexicana llamada Margarita Carrillo, en unas clases que dio en la Embajada Mexicana en Dublín.  Es un método diferente de prepararlo, que hace que no quede tan aguado o tan ácido.  Si no les gusta el color verde, pueden modificar la receta pero manteniendo la forma de preparación (primero cocido en ácido, después aliñado).  Como en la receta de ceviche peruano que monté hace poco, en ésta tampoco se cocina el pescado en el ácido por horas, sino por 30 minutos máximo, así que es importante conseguir un pescado ultra fresco.

INGREDIENTES
 
Para unas 8-10 personas (se calculan 100 g de pescado por persona)
1 kg de pescado blanco de carne firme (rape / monkfish, bacalao / cod, lenguado, corvina…), limpio y cortado en cubitos pequeños
1/2 taza de jugo de limón (del verde)
1/2 taza de vinagre de sidra
2 hojas de laurel
1/2 cebolla blanca, cortada en tiras finas
Orégano seco, al gusto
30 g perejil fresco
30 g de cilantro fresco
15 g de menta fresca
1 diente de ajo, machacado
2-3 ajíes / chiles verdes, desvenados y sin semilla
1/2 taza de aceite de oliva extra virgen
Sal y pimienta, al gusto
  • Se combinan el jugo de limón, el vinagre de sidra, 1/4 taza de agua fría, las hojas de laurel y el orégano en un recipiente hondo no reactivo (plástico o vidrio).  Se pone el pescado, asegurándose de que quede todo cubierto.  Se deja reposar por un máximo de media hora en la nevera.
  • Si quieren suavizar un poco el sabor de la cebolla, se ponen las tiras en un bol con bastante sal y se cubre con agua fría.  Se deja reposando también durante 10-20 minutos, dependiendo de cuánto quieran aplacar el sabor.  Se escurre bien antes de incorporar al resto del ceviche.
  • Mientras tanto, en la licuadora o procesador se ponen las hierbas frescas, el ají / chile verde, el aceite de oliva, el ajo, la sal y la pimienta.  Se licúa hasta obtener una pasta (ajustar la cantidad de aceite dependiendo de cuán líquida la quieran).
    • Los tallos del cilantro y el perejil son muy gustosos, y da dolor botarlos, en especial cuando todo va a la licuadora, así que úsenlos también.
    • El toque de menta le da un gusto increíble al ceviche, pero no les recomiendo excederse porque puede llegar a aburrir.
    • Si les gusta la albahaca, pueden sustituir una de las hierbas, o agregar unas hojitas a la mezcla.
    • Pueden aumentar o disminuir la cantidad de ají / chile dependiendo del gusto y del aguante picantoso.
    • Sobre el ajo: como siempre, tengan cuidado.  Si ven que está muy fuerte, reduzcan la cantidad.  La idea es darle un toque de sabor, no opacar todo el resto de los ingredientes.  Si no, usen ajo en polvo.
    • Otra alternativa, si no quieren licuar las hierbas, es picarlas súper finas con una medialuna.
  • Pasada la media hora, sacar el pescado de la nevera y colarlo, reservando el líquido.  Mezclar el pescado con la salsa verde y las cebollas escurridas.  Probar y rectificar la sazón.  Si sienten que le hace falta más ácido, se le puede poner un poco del líquido de limón y vinagre. Servir inmediatamente.
  • Este ceviche queda mundial con unos palitos de yuca frita.

BLONDIES / CATIRES

En estos días una amiga tenía en su estatus de Facebook que acababa de hornear blondies.  La verdad, no sabía qué eran hasta que vi la foto…  Brownies «catires» (rubios, monos, güeros).  Por supuesto –monkey see, monkey do-, no me pude resistir y  empecé a buscar recetas.  Como siempre, Allrecipes no decepciona jamás.  Ésta que les paso tenía casi 700 comentarios (TODOS favorables), así que había que probarla.  Aquí les va mi versión, con algunos tips propios y de otros gorditos.

INGREDIENTES
Para 16 blondies de 5×5 cm
1 taza de harina de trigo todo uso (NO leudante)
1/2 cucharadita de polvo de hornear
1/8 cucharadita bicarbonato de sodio
1/2 cucharadita de sal (a menos que usen mantequilla salada)
1/2 taza de nueces picadas
1/3 taza de mantequilla
1 taza de azúcar morena (o menos, 3/4 taza)
1 huevo, ligeramente batido
1/2 cucharada de vainilla
2/3 taza de chispas de chocolate (semisweet, o de 60%)
  • Precalentar el horno a 180º C / 350º F.
  • Cernir la taza de harina junto con el polvo de hornear, el bicarbonato y la sal.  Añadir las nueces picadas y mezclar bien.
    • A mí me fastidia el sabor metálico del polvo de hornear, así que suelo poner un poquito menos de lo que piden las recetas.  Viviendo a nivel del mar, esta reducción no afecta el resultado final.
    • Dos opciones para incorporar las chispas de chocolate: pueden hacerlo en este momento, o pueden esparcirlas al final, una vez que ya se haya echado la mezcla en el molde (así lo dice la receta original, pero en las fotos pueden ver que yo las mezclé antes).
    • Un opcional que es de morirse: aparte (o en lugar) de las nueces picadas, también se puede poner trozos de caramelo (los que en el mundo anglo se llaman toffee o butterscotch).  Asegúrense de que sean los masticables, para que se derritan en el horno.  Y tomen en cuenta que son bastante dulces, a la hora de poner el azúcar.
  • Derretir la mantequilla en un recipiente grande y agregarle el azúcar morena.  Mezclar bien.  Dejar enfriar un poco para que el huevo no se cocine ni las chispas se derritan antes de tiempo.
    • En la receta original dicen que si se usa manteca vegetal (shortening), hay que añadir una cucharada de agua caliente.  Por lo general, trato de usar buena mantequilla en mis postres, en lugar de margarina o grasa vegetal, a menos que la receta lo especifique.
    • Sobre el azúcar: dependiendo del tipo de chispas que usen, pueden modificar esto.  En las fotos pueden ver que no usé chispas, sino una tableta de chocolate de leche (El Rey, Mijao 60%).  Como este chocolate es bastante dulce, reduje la cantidad de azúcar a 3/4 taza.  En la receta original piden chispas «semisweet«, así que supongo que la taza entera es necesaria.  Por otra parte, NO les recomiendo sustituir el azúcar morena por blanca.  Se perdería buena parte de la textura de los blondies y quedaría más como una torta.
  • Incorporar la vainilla y el huevo y batir un poco.  Añadir la harina, poco a poco, mezclando bien (no hace falta usar batidora eléctrica).
  • Esparcir en un molde de 20×20 cm (8×8″).  Si no las incorporaron antes, salpicar con las chispas de chocolate.
    • En la receta original usan un molde más grande, de 23×23 cm (9×9″), con lo cual, los blondies quedan más delgados y necesitan menos tiempo de cocción, pero a mí me gustan un poco más esponjosos y por eso usé un molde más pequeño.  Consideren esto a la hora de calcular el tiempo en el horno.
    • Si van a duplicar la receta y usan un molde rectangular de 23×33 cm (9×13″), también tienen que ajustar el tiempo de cocción, tal vez alargándolo por otros 10 minutos.
  • Hornear por unos 25 minutos.
    • Al sacar del horno, los blondies van a estar crujientes en la capa superior, pero van a parecer aguados en el centro.  Tengan paciencia y déjenlos enfriar un poco.  Cuando estén listos, van a tener una consistencia firme pero chiclosa a la vez, ¡deliciosos! Si los dejan demasiado tiempo en el horno no quedan mal, más tipo galleta, pero pierden la textura como de brownies.


VINAGRE DE FRAMBUESA

Sé que más de un amigo citadino se burlará a morir con esta gastrocrónica (empezando por mi hermano), pero aquí voy de todas maneras.  Yo crecí en plena Caracas, entre antenas parabólicas y avenidas ruidosas, pero pasé buena parte de mi infancia y adolescencia en el monte, disfrutando de primera mano las ventajas de comer cosas no procesadas.  Era un clásico pasar los fines de semana por la finca de mi abuelo Patricio y salir cargados de huevos criollos (equivalentes hoy en día a los llamados «orgánicos»), queso de cincho y naranjas.  O era normal que mi papá llegara del Llano con una pierna de res entera y luego pasara horas en la cocina preparándola como un carnicero experto. En mi casa no se compraban limones, mangos ni aguacates.  En una época, hasta las semillas de onoto salían de la finca.  Una de las cosas que recuerdo con más nostalgia es el sabor del cilantro de fraile con el que Berta, la encargada de la finca, preparaba los granos.

Algunos años después, cuando viví en Italia, solía pasear por el Carso con mi querida amiga gallega Catu, y siempre le comentaba lo ajeno que ese paisaje era para mí.  No reconocía los árboles, ni siquiera el monte me era familiar.  Con Catu y Paul Tout, mi profesor de ecología, aprendí a detectar espárragos y fresas salvajes, y a entender lo que era la magia de las estaciones.

Ya dejando la prehistoria atrás, cuando empezó la primavera fuimos con los enanos a un parque que queda cerca de la casa, y llevamos un librito sobre flora y fauna irlandesa que habíamos comprado apenas nos mudamos a la isla. St. Edna’s es un parque bastante pequeño, sin embargo nos quedamos locos con la cantidad de matas distintas que encontramos.  Decidimos entonces buscar alguna guía sobre plantas comestibles para ver si aprendíamos a reconocer algo más allá de un romero o una lavanda.

Investigando un poco en Internet, Hugo dio con estos dos libros, famosos en el mundo anglo: Food for free, de Richard Mabey Harper (Collins Publishers, 2007), publicado originalmente en los 70s, y Wild food, de Roger Phillips (Macmillan, 1983).  No salimos de nuestro asombro…  Europa, pequeña, industrial y superpoblada, tiene unos tesoros que la gente parece haber olvidado.

No puedo decir que hemos pasado el verano alimentándonos de la caza y recolección, pero sí hemos redescubierto el placer que es pasear viendo atentamente alrededor.  En uno de esos paseos por un bosque que queda a 10 minutos de la casa, nos tropezamos inesperadamente con una sorpresa veraniega: las frambuesas.

Es difícil describir la emoción de los niños al hacer la conexión entre planta y fruta.  Esto parece algo obvio, pero cuando la conexión habitual es automercado-fruta, recoger las frambuesas directamente del arbusto por primera vez fue algo que, estoy segura, recordarán para siempre.

Esto inevitablemente me llevó a buscar qué hacer con el «exceso».  No vayan a creer que recogimos cantidades industriales y sobraron kilos de kilos.  Andrés comió hasta que prácticamente se quedó dormido en el proceso.  Pero con lo poco que sobró, decidí hacer vinagre de frambuesa, tema central de esta gastrocrónica.

La receta es una compilación de tips sacados de los libros de arriba y de Forgotten skills of cooking, de Darina Allen (Kyle Cathie Limited, 2009).  Aparentemente, este vinagre está de moda en las últimas tendencias de cocina internacional, y ha sido tradicionalmente usando en el mundo anglo como ingrediente para postres, salsas, bebidas refrescantes (1 parte de vinagre por cada 5 de limonada) y hasta como remedio para el dolor de garganta (diluido con agua caliente)…

Les doy las medidas en porcentaje, para que sea más fácil de calcular con lo que consigan.  La verdad es que no hace falta preparar litros de vinagre.  Se puede hacer la prueba con un poquito primero y después ver si quieren preparar más.

INGREDIENTES
100% frambuesas
50% vinagre de vino blanco
Azúcar blanca
  • Por cada 100% de frambuesas que tengan, usar la mitad del peso en vinagre.  Es decir, si tienen 500 g de frambuesas, se necesitan 250 ml de vinagre.
  • En un recipiente no reactivo, poner las frambuesas y magullar con una cuchara de madera.  Echar el vinagre y dejar macerando por 4-5 días en la nevera, revolviendo de vez en cuando.
  • Pasados los días, colar la mezcla en un colador muy fino o con muselina.  Si usan tela, es probable que se demore horas en colar completamente.
    • Yo, la verdad, usé un colador de alambre fino y revolví (sin apretar mucho) con una cuchara para acelerar el asunto, pero colé el líquido varias veces.
  • Por cada 100% de líquido que obtengan, agregar 50% de azúcar (es decir, si al final tienen 300 ml de líquido, hay que usar 150 g de azúcar).
  • Poner en una olla a fuego medio-bajo, y cocinar por 10-15 minutos revolviendo para que se disuelva bien el azúcar.  No dejar hervir.
    • Darina Allen sí hierve la mezcla, pero Roger Phillips dice que esto, aunque no afecta el sabor, le quita el color brillante al vinagre.
  • El vinagre dura indefinidamente.

CHUTNEY DE MANGO, TAMARINDO Y CHIPOTLE

He etiquetado este chutney como «Tailandesa», pero la verdad es que es in invento de último minuto para tratar de salvar un mango que ya estaba demasiado maduro para mi gusto.  Lo usé para acompañar salmón así que, como pueden ver, es una receta completamente ecléctica (mango y tamarindo, salmón y chipotle…), pero puede quedar muy bien con camarones, por ejemplo.  Creo que la idea es combinar los tres sabores -ácido, dulce y picante- que caracterizan a la cocina tai.

INGREDIENTES
 
Para 2 tazas
3 chiles chipotles
2-3 cucharadas de pasta de tamarindo
1 cucharada de aceite de coco
2 chalotes / escalonias / shallots grandes, bien picaditos
1 mango grande, bien maduro, pelado y cortado en cuadritos
  • Poner bastante agua hirviendo en un recipiente hondo y echar los 3 chipotles.  Usar una cuchara (o lo que se les ocurra) para mantenerlos sumergidos.  Dejar remojando por 10-15 minutos, hasta que se ablanden.
    • La cantidad de chipotle depende del paladar de cada quien.  Estos que tengo en mi despensa no son demasiado fuertes.  Con tres medianos el chutney salió ligeramente picante.
    • Preferí usar chipotle, en lugar de algún ají / chile fresco, porque me gusta mucho el toque ahumado que le da a las comidas, y porque es un picante bastante sutil que no compite con los demás sabores.
    • Otra opción es tostar primero el chipotle en un sartén seco, hasta que se comience a ampollar la piel.  Luego poner a remojar hasta ablandar como se indica arriba, escurrir, cortar y sacar venas y semillas.  Por último, poner en un mortero y moler hasta que se forme una pasta.  Agregar a las cebollas ya caramelizadas.
  • Mientras tanto, mezclar media taza de agua hirviendo con el tamarindo.  Revolver bien hasta que se deshaga y se forme una pasta espesa.
    • Tal vez haga falta un poquito más de agua, dependiendo del tipo de tamarindo que consigan.  El que compro aquí viene en una panela compacta que corté trozos pequeñitos para que se deshicieran más fácilmente.  Usualmente viene con semillas e impurezas, así que es preferible colarlo, restregando con una cuchara para que no se quede toda la sustancia en el colador.
  • Escurrir los chipotles, remover el tallo, cortar longitudinalmente y quitar venas y semillas. Picar en pedacitos pequeños.
  • En una olla mediana a fuego alto, echar los pedacitos de chipotle y saltear por un par de minutos, revolviendo constantemente para que no se quemen.
  • Bajar el fuego (a medio) y echar el aceite de coco.  Cuando se derrita, agregar los chalotes y saltear, revolviendo constantemente hasta que se pongan transparentes, 2-3 minutos.  Bajar el fuego un poco más (medio-bajo) y dejar cocinando hasta que los chalotes comiencen a caramelizarse (4-5 minutos más).
    • Sobre el aceite de coco: viene como una pasta blanca que se derrite apenas se manipula.  Es bastante aromático y le da un sabor rico y «exótico» a las comidas, pero si no consiguen o no quieren comprar un frasco entero sólo para una receta, pueden usar mantequilla o aceite (NO de oliva).
  • Agregar el mango y la pasta de tamarindo colada.  Revolver bien, y cocinar tapado por unos 15 minutos, revolviendo una o dos veces, hasta que el mango comience a deshacerse.
    • El mango que usé estaba súper maduro y no hizo falta agregarle azúcar al chutney.  El mango le dio el toque dulce, el tamarindo el toque ácido, y el chipotle el toque picante.  Si no está suficientemente dulce para sus gustos, les sugiero que usen azúcar morena.

 

 

CÓMO ESTERILIZAR FRASCOS

En varias recetas se sugiere guardar la comida (mermeladas, chutneys, vinagre, etc.) en frascos esterilizados.  Para no estar repitiendo el procedimiento, lo copio aquí aparte.

  • Antes que nada, los frascos tienen que ser de vidrio, en perfecto estado, limpios y secos a la hora de guardar la comida. Las tapas (si son de metal), no pueden estar oxidadas (de hecho hay gente que prefiere no usar tapas de metal porque el ácido las puede corroer y se contamina la comida). Si usan tapas de plástico, obviamente no elegir el método #3. No ponerle a los frascos papel aluminio, celofán o envoplast (película plástica, cling film), porque no sellan bien. Varios métodos:
  1. Poner frascos y tapas en el lavaplatos eléctrico en el ciclo de enjuague, a máxima temperatura y sin detergente.
  2. Poner frascos y tapas en una olla grande, cubiertos de agua fría por completo. Hervir por unos 10-15 minutos, sacarlos con pinzas (limpias, obvio) y escurrir bien.
  3. Poner frascos y tapas (si no son de plástico) en una bandeja, meterlos al horno frío y encender a temperatura baja (100 ºC / 210 ºF).  Contar unos 20-30 minutos una vez que el horno llegue a la temperatura establecida.
  • Guardar y cerrar el frasco mientras la comida todavía está caliente.  Esto es lo que hace que el frasco quede sellado al vacío y la comida se conserve.
 

SCONES, versión de Ceci

Ya Hugo había montado hace tiempo una receta de scones, esos pancitos dulzones tan populares en el mundo anglo, pero yo sentía que algo le faltaba…  

Aquí en Irlanda es costumbre hacer vida social en el pub, pero no sólo los adultos, sino la familia entera. Por eso es normal servir comida hasta ciertas horas.  Nunca nos habíamos animado a ir (la idea de comer en un pub es oximorónica), pero uno de esos domingos en que hay flojera absoluta de cocinar, decidimos montarnos en el carro a ver a dónde nos llevaba el camino.  Así terminamos cayendo en un pub por el que siempre pasábamos: el «Dropping Well» (sí, parece sacado de El Señor de los Anillos).  

Hugo y yo comimos un modesto desayuno irlandés (con lo cual, nuestra expectativa de vida se redujo en unos 9-12 meses), y a los enanos les pedimos unos scones para comer con mermelada. 

¡Resultaron ser los scones perfectos!  Con ese sabor y textura en mente, aquí les va entonces mi versión personal, basada en las recetas de Darina Allen en Forgotten skills of cooking (Kyle Cathie, 2009), y Daniel Stevens en River Cottage Handbook No. 3 -Bread (Bloomsbury Publishing, 2009).  Hugo sigue prefiriendo su versión, así que los reto a hacer ambas y decidir cuál es la que más les gusta a ustedes.


INGREDIENTES
 
8-10 scones grandes 
450 g harina de trigo no leudante (puede ser blanca o integral)
Una pizca de sal
1 cucharadita sopera (generosa) de polvo de hornear
50 g (1/4 taza) de azúcar extrafina (caster, pero si no consiguen, no pasa nada)
          ó 25 g de azúcar extrafina para la masa y 25 g de azúcar morena para salpicar por encima
90 g (1/3 taza generosa) de mantequilla (¡NO margarina!), fría y cortada en cubitos
1.5 huevos (lo que sobre se usa para barnizar)
215 ml de leche entera (un poco menos que una taza)
 
Para barnizar
El medio huevo que sobra de arriba
1 cucharada de leche
 
  • Cernir la harina junto con la sal y el polvo de hornear.   Mezclar bien con el azúcar.  Dos métodos para mezclar la mantequilla:
  1. Con las manos bien frías, disolver los cubitos de mantequilla en la harina con la punta de los dedos, trabajando rápidamente para que no se derritan.  La idea es que al final la harina tenga la consistencia de migas gruesas de pan.
  2. Poner todo en una licuadora o procesador y darle toques hasta conseguir la consistencia de migas de pan.
  • Sobre el azúcar: pueden usar los 50 g de azúcar extrafina, o sólo poner la mitad y salpicar de azúcar por encima después de barnizar.  Los scones no deberían ser excesivamente dulces.
  • Poner la mezcla sobre el mesón de trabajo y abrirle un hueco en el centro, tipo volcán.
  • Batir ligeramente (en un recipiente aparte) uno de los huevos y echarlo en el hueco.  Batir el siguiente y echar sólo la mitad (reservar lo que sobre para barnizar luego).
  • Mezclar ligeramente para que los ingredientes secos se empapen con el líquido, y tratar de formar una bola compacta (no hace falta amasar demasiado, basta con apretar un poco).
  • Envolver la bola de masa con papel envoplast (película plástica, cling film) y dejar reposar en la nevera por media hora.  Esto ayuda a que la masa se asiente y sea más fácil trabajarla luego.
  • Precalentar el horno a 250º C / 475º F / Gas 9.
  • Enharinar un poco el mesón, poner la bola de masa y aplasta un poco hasta formar un disco.  Usando un rodillo, estirar la masa un poco, dejándola de 2.5 cm de grosor.
  • Hacer círculos usando un cortador de galletas de unos 7 cm (o un vaso invertido).  Tratar de hacer los cortes parejos, haciendo presión en un sólo movimiento.  Esto ayuda a que la masa tenga cortes limpios y luego levante parejo.
  • Poner los círculos sobre una bandeja ligeramente engrasada, dejando un poquito de espacio entre cada uno.  
  • Usando una brocha de cocina, barnizar con la mezcla del medio huevo restante y 1 cucharada de leche.
  • Salpicar con un poco de azúcar morena, si quieren, y hornear en el medio del horno por 10-12 minutos, hasta que se doren por encima.
    • La temperatura es bastante alta, así que vigilen que no se arrebaten.  En mi horno funciona bien, pero ajusten según su propio horno.
  • Servir inmediatamente con una taza de té, un poquito de crema batida y con mermelada casera. Los scones son mejores recién hechos.