TORTA TRES LECHES

He etiquetado este postre como «venezolano», sólo porque la receta está basada en la de Mamana, la abuelita de Hugo, pero en realidad es una torta / pastel que se come en toda América Latina.  Alguna vez escuché que era original de Nicaragua, pero no sé a ciencia cierta.  Así que sin ánimos de entrar en conflictos sociológicos, aquí les va mi versión del tres leches, con algunos tips para que el bizcocho quede más esponjoso y el merengue quede mejor.

El truco para que un buen tres leches no quede aguado, a pesar de todo el líquido que lleva, es que la torta no tenga grasa (sólo huevos, harina y azúcar).  Hay otras variantes, por ejemplo el «cuatro leches», que en lugar de tener merengue arriba, va coronado con dulce de leche o cajeta (como en la primera foto).  Dudo que haya una combinación mejor…  Y otras versiones (como la de mi abuela Gloria), en que las tres leches se «envenenan» con un poquito de ron.  Queda a gusto del consumidor.

Las fotos con merengue no están muy buenas.  La de arriba es sólo para mostrar lo que les decía antes: el bizcocho no nada en líquido, sino que lo absorbe todo porque es poroso y esponjoso.  La de abajo sirve para mostrarles lo que le pasa a un merengue cuando hay mucha humedad en el ambiente, pero ya tocaré ese punto más adelante.

Sin más preámbulos…

 

INGREDIENTES
 
Para una molde de 23×33 cm (9×13″)
El bizcocho
7 yemas de huevo (de los 4 huevos que se usan para el bizcocho + 3 que sobran del merengue)
3/4-1 taza de azúcar (mejor si es extrafina / caster)
1 chorrito de vainilla
1 1/2 taza de harina leudante
4 claras de huevo
Las tres leches
1 lata (400 g) de leche condensada
1 lata (410 g) de leche evaporada
1 lata o potecito (250 ml) de crema de leche
El merengue
3 claras de huevo
3/4 taza de nevazúcar / azúcar glas / impalpable
Un chorrito de vainilla, si quieren
Canela en polvo, al gusto
  • Precalentar el horno a 180º C / 350º F y enmantequillar un molde rectangular de 23×33 cm (9×13″).
  • Tip general: Los huevos se separan mejor cuando están fríos, pero las claras levantan más fácilmente cuando están a temperatura ambiente.
  • Con una batidora eléctrica, batir yemas al menos por 10 minutos en un recipiente grande, hasta que tomen un color pálido y una textura espesa (en las fotos de abajo pueden ver la diferencia de color entre las yemas apenas mezcladas y ya batidas).  Lentamente añadir el azúcar y la vainilla, y continuar batiendo por unos 7 minutos más.  Para comprobar que el azúcar se haya disuelto, agarrar un poco de masa entre los dedos.  Si se siente granulosa, batir por unos minutos más.  Esto parece un montón, pero hace la diferencia entre un bizcocho pesado y uno esponjoso.
    • Sobre la cantidad de azúcar:  Mamana le pone una taza entera de azúcar, pero tanto la leche condensada como el merengue son dulces, así que se puede reducir a 3/4 de taza sin problema.  Hagan la prueba antes de cortarla a 1/2 taza, no vaya a ser que les quede insípido.  Ya saben que no todas las marcas de azúcar endulzan igual…
  • En un recipiente aparte, batir (con batidora eléctrica) las 4 claras a punto de suspiro (las otras 3 claras se van a usar más adelante en el merengue), hasta formar picos suaves.  Incorporar a la mezcla de yemas, usando una espátula con movimientos envolventes muy suaves (NO usar la batidora eléctrica).  La idea es dejar atrapada la mayor cantidad de aire posible, para que el bizcocho crezca y quede esponjoso.
  • Cernir la harina sobre el recipiente, y mezclar con los huevos suavemente usando la espátula, con movimientos envolventes.  Es importante NO BATIR, de manera que los huevos no pierdan la textura esponjosa.
    • Si no tienen harina leudante, mezclar 1 1/2 taza de harina normal con 2 cucharaditas rasas de polvo de hornear y 1/4 cucharadita de sal.  Cernir sobre los huevos.
  • Verter en el molde y hornear por 15-20 minutos, hasta que el bizcocho esté firme en el centro.  Para comprobar que esté cocido, pueden insertar un palillo en el centro.  Si sale limpio, la torta está lista.
  • Mientras el bizcocho se cocina, mezclar las tres leches en una licuadora.
    • La abuelita de Hugo no le pone crema de leche, sino que prepara una leche espesa: usando la misma lata de la leche condensada, mezcla agua con 8 cucharadas de leche en polvo.  Es una alternativa un poco más sana.
    • Si van a «envenenar» el tres leches con ron, éste es el momento de agregarlo y mezclarlo bien con el resto del líquido.
  • Al sacar el bizcocho del horno, pincharlo muchas veces por todas partes utilizando un tenedor de dientes largos.  Hay gente que recomienda dejar enfriar antes de mojar con las tres leches, pero yo encuentro que absorbe mucho mejor cuando todavía está caliente.  Verter entonces el líquido poco a poco, asegurándose de que se empape todo.  Tal vez inicialmente pareciera que no puede absorber más, pero si lo dejan reposando, el bizcocho poco a poco va chupando todas las leches.
  • Una vez que se haya absorbido todo el líquido, se puede preparar el merengue.  Aquí les paso algunos tips que también copié en la receta del flan de coco macuteño.  Son tomados de esta página:
    • Batir las claras de huevo a punto de suspiro con una batidora eléctrica a alta velocidad, y luego agregar el azúcar poco a poco mientras se sigue batiendo.  El recipiente tiene que estar perfectamente limpio, sin nada de grasa (por eso recomiendan usar uno de metal o vidrio, porque el plástico siempre conserva algo de grasa).  Agregar la vainilla, si deciden ponerle.
    • En el caso del merengue para el tres leche, se utiliza azúcar impalpable (que en Venezuela conocemos como nevazúcar, por la marca), pero para otros merengues, el azúcar debe ser extrafina (caster), para que se disuelva bien.  Si el merengue queda granuloso, se desinfla y «llora» más rápido.  Para comprobar que se haya disuelto bien, basta con agarrar un poco de merengue entre los dedos y frotar.  Si se sienten los granos de azúcar, seguir batiendo un poco más.
    • Yo solía cortar la cantidad de azúcar en el merengue porque me parecía excesiva, pero siempre se me «espichaba».  Resulta que no es buena idea ponerle menos de dos cucharadas por clara de huevo que se utilice.  El azúcar es lo que mantiene firme el merengue.  Dicho esto, también tengo que confesar que Mamana le pone una taza entera, pero yo no soporto el remordimiento de conciencia, así que le pongo 3/4.
    • Cuando los picos estén bien firmes, echar sobre la torta aún caliente, sellando bien los bordes con una espátula.  De este modo, el calor del bizcocho ayuda a que el merengue se comience a cocinar desde abajo también, y no se despegue.  Darle la forma que prefieran (con picos, olitas, etc.).  Espolvorear la canela en polvo por encima.
    • En el caso del tres leches, el merengue no se cocina en el horno, sino que se come tal cual.
    • Recomiendan no hacer merengues en días húmedos y lluviosos, porque la humedad hace que llore y se separe del flan.  Yo tenía mis sospechas sobre esto, pero he comprobado que es cierto.  Para muestra, miren cómo se desinfló este merengue:
  • Si van a utilizar dulce de leche / cajeta en lugar de merengue, entonces sí les sugiero que dejen enfriar por completo antes de untar el bizcocho.  Si quieren hacer un dulce de leche casero, aquí está la receta.  La decoración que pueden ver abajo está hecha con virutas de chocolate blanco.

 

  • El tres leches se sirve a temperatura ambiente o frío.  Debe guardarse en la nevera, preferiblemente cubierto con envoplast (papel transparente) para que no se seque.  Si notan que el frío lo resecó demasiado, rehidratarlo con un chorrito de leche (pero no echarlo sobre el merengue, sino por un costado).

 

COLCANNON

El colcannon es un plato tradicional irlandés que se suele comer en otoño e invierno, cuando es temporada de col verde (también conocida como col crespa o berza col, kale en inglés).  Según la tradición, se prepara en Halloween y se le ponen adentro monedas o un anillo, para augurar riqueza o un próximo matrimonio, respectivamente, a quien encuentre los «tesoros» (si es que antes no se muere asfixiado).  También se suele preparar con repollo verde.

La receta que les paso abajo es un compendio tomado de Irish Food & Cooking, de Biddy White Lennon y Georgina Campbell, de Forgotten Skills of Cooking, de Darina Allen, y algunos tips pescados de Internet.  Más abajo también les doy una sugerencia para hacer una comida irlandesa entera.

INGREDIENTES
Para 6-8 personas
450 g col verde (curly kale) o repollo verde, cocid@
450 g papas, peladas y hervidas (Darina sugiere Golden Wonders o Kerr’s Pinks)
Un chorrito de leche
2 cucharadas (50 g) de mantequilla (y un poco más para servir)
1 cebolla grande, cortada finamente
Sal y pimienta negra, al gusto
  • Cocinar al vapor (o hervidos) la col o repollo (cortado en cuartos, sin el corazón) hasta que estén tiernos, y cortar finamente.
  • Hervir las papas en bastante agua con sal, escurrir y pisar con el pasapuré.  
    •  Mucha gente prefiere hervirlas con la piel y luego quitársela después de cocidas.  Si deciden hacer esto, traten de que todas las papas sean del mismo tamaño, de modo que se cocinen parejo.
    • Hacer el puré mientras las papas estén calientes.  De lo contrario, se ponen durísimas y el muy difícil machacarlas.
  • Mezclar el puré con la col o repollo, y agregar un poco de leche si sienten que está muy tieso.  Salpimentar al gusto y reservar.
    • Un toque de nuez moscada no le queda nada mal.
  • Derretir 1 cucharada de mantequilla en una sartén a fuego medio, añadir la cebolla y cocinar hasta ablandar.  Remover del fuego y mezclar bien con el puré. 
    • La cebolla se puede sustituir por escalonias / chalotes (shallots). 
    • También se le puede agregar un ajo machacado.
    •  Mucha gente se come el colcannon así: tipo una variante de puré.  Para un sabor más intenso y una apariencia diferente, sigan leyendo…
  • Derretir lo que queda de la mantequilla, y cuando la sartén esté  bien caliente, echar el puré y distribuir por toda la superficie, aplastando con una espátula o con la parte de atrás de una cuchara.  Freír hasta dorar, cortar trozos gruesos (con la misma espátula) y seguir friendo hasta que todos los pedazos estén crujientes y dorados
  • Servir con un buen trozo de mantequilla por encima.
* * *


Ya lo hemos dicho en otras recetas, pero vale la pena repetir el piropo: nada como la carne de cerdo en Irlanda.  Es muy común encontrar jamón salado, que se tiene que poner a desalar toda la noche en remojo, y luego se hierve.  El colcannon queda buenísimo como acompañante de un buen jamón o lomo de cerdo.   Aquí les paso, entonces, la receta de una salsa de ruibarbo, que es la combinación perfecta para el cerdo. Es tomada también de Irish Food & Cooking (aunque las autoras la sugieren para coronar un filete de arenque, y le añaden también estragón).

SALSA DE RUIBARBO
2 cucharadas (25 g) de mantequilla
250 g de ruibarbo, cortado en rodajitas de 1 cm
2-4 cucharadas (25-50 g) de azúcar extrafina (caster)
1/3 taza (75 ml) de agua
  • En una sartén a fuego bajo, derretir la mantequilla y poner el ruibarbo, dos cucharadas de azúcar y el agua. Cocinar hasta que el ruibarbo esté tierno (pero no deshecho por completo).  Esto no demora demasiado (calculo que entre 5-8 minutos).  
  • Probar y ajustar la cantidad de azúcar, en caso de que esté muy ácido (pero recordar que la salsa debe tener un sabor fuerte).

AJÍ DE GALLINA


Esta gastromaravilla es el plato peruano por excelencia.  Hace no mucho, escribiendo sobre cocina y literatura, hice esta comparación entre Vargas Llosa y el ají de gallina:

Primero en la lista, el ají de gallina es el Vargas Llosa de la cocina peruana: clásico, picante, lleno de textura, nutritivo. Se trata de un plato fuerte que amalgama ingredientes europeos y americanos: pollo, ají mirasol, nueces, papas, huevo, aceitunas. Cada familia tiene su lectura de este plato: está la versión picantosa con un toque extra de ají mirasol, al mejor estilo de Pantaleón y las visitadoras. La versión más balanceada, La ciudad y los perros, la que tiene una salsa cremosa que sirve de hilo conductor para el resto de los ingredientes, nueces crujientes que rompen con la voz monótona y la suavidad del pollo y la papa, la ocasional aceituna que interrumpe los sabores tradicionales y le da un giro inesperado al plato. También hay versiones no ortodoxas, para paladares más exquisitos, como el ají de langostinos, o los ensayos críticos de Don Mario (García Márquez, historia de un deicidio, La orgía perpetua: Flaubert y “Madame Bovary”, La tentación de lo imposible, tantos otros). En cualquiera de sus facetas, el ají de gallina, así como Don Mario, nunca decepciona.
(Si quieren el artículo completo, está en ReLectura.org)
 

La receta que les paso está basada en El arte de la cocina peruana, de Tony Custer, con modificaciones personales y otros tips que he leído en Internet.  Ya hemos hecho referencia a este libro en muchas otras recetas, y seguimos insistiendo: si les gusta la comida peruana, si disfrutan de un recetario con fotos hermosas, tienen que comprarlo.  A lo largo de la receta hago algunos comentarios sobre los ingredientes y posibles sustitutos.

INGREDIENTES
Para 4 personas
1 pollo entero (limpio y despiezado), ó 3-4 pechugas completas
1/2 barra de pan cuadrado /de molde, sin corteza
1 1/2 taza de leche evaporada
1 cebolla blanca, picada en cuadritos
2 dientes de ajo, machacados
8 cucharadas de pasta de ají mirasol o ají amarillo (ver nota abajo)
2 tazas de caldo de pollo
Sal y pimienta, al gusto
1/4 taza aceite de oliva
100 g de nueces picadas
125 g de queso parmesano rallado
1 docena de aceitunas negras
4 huevos duros, descascarados y cortados en 4
6-8 papas amarillas, sancochadas (para servir)
Arroz blanco, ya cocido (para servir)
  • Sancochar las pechugas o las piezas como se indica en la receta de caldo de pollo.  Dejar enfriar en él y luego desmenuzar en trozos gruesos.  Reservar el caldo.
  • Remojar el pan en la leche evaporada y pasarlo por la licuadora o procesador hasta formar una pasta espesa.
  • En una sartén grande (o en un caldero), sofreír las cebollas en aceite hasta dorar (a fuego medio), luego echar el ajo y el ají licuado, freír bien por unos minutos y agregar el pan remojado.  Salpimentar al gusto.
    • Si no consiguen el ají ya en bolsita o frasco, abajo les pongo la receta de Tony Custer (es para ají amarillo, pero supongo que se pueden utilizar ajíes mirasol también).
  • Ir agregándole el caldo caliente por cucharadas, revolviendo hasta espesar un poco.  Añadir el aceite de oliva y mezclar bien.
  • Agregar el pollo deshilachado, el queso parmesano y las nueces.  Si espesa demasiado, echar un poquito más de caldo, siempre revolviendo muy suavemente para no deshacer el pollo por completo.
  • Hervir hasta que el aceite se vea en la superficie de la salsa.
  • Servir caliente con papa amarilla sancochada y arroz blanco, adornado con las aceitunas negras y el huevo duro.
    • No sé exactamente cuál es el nombre técnico de la papa amarilla peruana, ni cómo se puede llamar en otros países, pero por lo que he visto en fotos, tiene un color y una textura parecidas a la papita colombiana (llamada papa criolla en Colombia).   La idea es que se acompañe con una papa gustosa.

PASTA DE AJÍ AMARILLO
Para 1 taza
1/2 kg de ají amarillo (o mirasol)
1/2 taza de azúcar
1/4 taza de vinagre
2 cucharadas de aceite (no de oliva)

  • Cortar el tallo de los ajíes, eliminar semillas y venas, y ponerlos  en una olla grande con agua fría (suficiente como para que cubra todo), agregar el azúcar y el vinagre.  Llevar a punto de ebullición, reducir el calor y cocer por 30-40 minutos, hasta que los ajíes estén suaves.
  • Colar y licuar con el aceite hasta obtener una pasta cremosa (para hacerla más líquida, poner un poco más de aceite), colar, eliminar los residuos y refrigerar.  Esta pasta dura un montón en la nevera.

CALDO DE POLLO

Me he dado cuenta de que muchas veces repito recetas base (como por ejemplo los caldos), o hago los mismo comentarios sobre algunos ingredientes una y otra vez (tipo el papelón), así que he decidido crear una nueva «etiqueta» para estos casos, en lugar de estar copiando trescientas veces lo mismo.
 
Aquí les va la receta del caldo de pollo, que se puede modificar según lo que tengan en la nevera.  La idea es sancochar un pollo (o varias piezas) en agua «enriquecida» con el sabor de otros ingredientes, de modo que luego el caldo pueda ser utilizado como base para otras sopas en lugar de estar usando agua con cubitos.
 
En la carnicería donde usualmente compro la carne, venden el pollo entero y sale a buen precio. Aunque es un fastidio despiezarlo y limpiarlo, vale la pena porque se aprovecha todo. Con la carcasa o las piezas que no se quieran utilizar para otros platos, se puede hacer un caldo básico.
 
 
INGREDIENTES
1.5-2 litros de agua
1 pollo entero, limpio y despiezado, o varias piezas (preferiblemente con hueso)
2 hojas de laurel
1-2 dientes de ajo, pelados
3-4 ramitas de perejil o cilantro
1/2 ajoporro / puerro, cortado en trozos gruesos (ó 1/2 cebolla grande cortada en 2-4 gajos)
Un pedacito de jengibre (opcional)
3-4 pepas de pimienta negra
 
 
  • Se echa todo junto en una olla grande (incluyendo el pollo), se cubre con agua fría, se lleva a ebullición y luego se baja el fuego a medio-bajo. Se deja cocinar tapado por 45-60 minutos.

  • Yo nunca echo el pollo con piel.  Siempre lo limpio y lavo bien antes de usarlo.  Tampoco le pongo las vísceras. Echar la carcasa con los pulmones, por ejemplo, oscurece el caldo.

  • En cuanto a las hierbas, en lo personal prefiero el sabor del cilantro en el caldo, pero el perejil es lo que se usa en la cocina tradicional francesa. A mí, por ejemplo, me encanta ponerle jengibre.
    • Mi mamá suele ponerle unas tiras de pimentón rojo también, pero me parece que a veces el sabor del pimentón opaca todos los demás.  En todo caso, si consiguen ají dulce, también le pueden poner (cortado en 4, sin semillas).

  • Si ustedes tienen olla de presión, se puede hacer lo mismo, pero en muchísimo menos tiempo (no tengo idea de cuánto, porque yo no la sé usar).

  • Empezar el caldo con agua fría hace que la carne (sea de res, cerdo, pollo o pescado) bote la albúmina y otros desperdicios, por eso se forma esa espuma que hay que remover (en francés eso se llama écumer). Al remover la espuma, el caldo queda mucho más claro. Si empiezan con agua hirviendo, el caldo no va a botar tanta espuma, pero va a quedar mucho más oscuro, como pueden ver en las fotos de más abajo.

  • No echar sal. Es preferible hacer el caldo base sin nada de sal, y sazonar una vez que el plato final esté listo.

  • Se deja enfriar con pollo y demás ingredientes adentro, luego se cuela y se desechan las hierbas, cebolla, ajo y pimienta.  Se reserva el pollo (para utilizarlo en lo que quieran, sea la misma sopa, sea un plato distinto que necesite pollo sancochado). Una vez frío, se mete el caldo en la nevera como por una hora. Después de este tiempo, debería formarse una capa de grasa visible, que se puede eliminar fácilmente con una cuchara (también se puede desgrasar caliente, pero es más difícil). Hay gente que dice que el gusto está en la grasa, pero es mentira… Ya el caldo queda impregnado con el sabor de la carne sin necesidad de taponar las arterias.

  • Si las piezas que usaron tienen bastante carne, esperar que se enfríen y separar con los dedos. Esta carne se puede utilizar más adelante para la sopa amarilla, o para cualquier picadillo (ver, por ejemplo, los pastelitos de Boconó).

  • Una vez desgrasado el caldo, se puede reducir aun más para que sea más fácil de almacenar, y luego congelar en tuppers para usar cuando lo necesiten.

CALDO DE CARNE

Siguiendo con el tema de las recetas base, aquí les va la del caldo de carne. Es el mismo procedimiento  del caldo de pollo: comprar alguna pieza que tenga hueso y echar en la olla con el resto de los ingredientes. En estos días hice un caldo con los restos de una pata de cordero que preparó Hugo. Un sabor delicioso. Con lo que queda de carne, pueden hacer un cubito casero: escurrir bien, meter en la licuadora y volver polvo. Esto se puede meter en bolsitas plásticas en el freezer. Cada vez que preparen una sopa con caldo de carne, echar un poco de este polvito para intensificar el sabor.

 

Los caldos comerciales tienen muchísimo sodio, y ese sabor ultra intenso es casi siempre artificial. Por eso de verdad recomiendo hacer el caldo casero, en una buena cantidad, y luego congelarlo en varios tuppers para ir usando según se necesite.

Hay varios métodos para hacer caldos, y los ingredientes varían. En Le Cordon Bleu, por ejemplo, aprendí que en Francia suelen poner zanahoria y célery, y mi chef solía clavar un par de clavitos de olor en la cebolla antes de echarla al caldo. Todo depende de lo que tengan en la nevera. La idea, creo yo, es no desperdiciar ingredientes y usar lo que se tenga a mano. Un buen caldo es la diferencia entre una sopa normal y una sopa espectacular.

Otra técnica es rostizar los ingredientes antes de hacer el caldo. Esto, por supuesto, intensifica el sabor y oscurece el color. Hagan la prueba y escojan cuál les gusta más.

Última nota: a los caldos bases NO se les suele echar sal. ¿Por qué? Imagínense que hacen el caldo, lo salan al gusto, y luego lo tienen que usar para una salsa que se va a reducir hasta quedar espesa. Eso quiere decir que la cantidad de sal también va a estar concentrada y fuera de proporción con respecto a los demás ingredientes. Es preferible hacer el caldo sin nada de sal, y sólo salpimentar el producto final.

 
 
INGREDIENTES
 
 
2-3 litros de agua
2-3 piezas de carne grandes, que tengan hueso
2 hojas de laurel
2 dientes de ajo, pelados
1/2 cebolla grande (ó 1/2 ajoporro / puerro, cortado en trozos gruesos )
1/2 zanahoria grande, cortada en dos trozos
2 palitos de célery / apio españa
3-4 ramitas de perejil (o cilantro)
Algunas ramitas de tomillo
3-4 pepas de pimienta negra
 
 
  • Se echa todo junto en una olla grande (incluyendo la carne), y se cubre con agua fría, se lleva a ebullición y luego se baja el fuego a medio-bajo. La carne suele demorar más en cocinar que el pollo, así que dejar al fuego por 60-90 minutos.
    • Yo suelo limpiar bien la carne y cortarle los excesos de grasa.
    • En cuanto a las hierbas, en lo personal prefiero el sabor del cilantro en el caldo, pero el perejil y el tomillo es lo que se usa en la cocina francesa.
    • Mi mamá suele ponerle unas tiras de pimentón rojo también, pero me parece que a veces el sabor del pimentón opaca todos los demás.  En todo caso, si consiguen ají dulce, también le pueden poner (cortado en 4, sin semillas).
    • Si ustedes tienen olla de presión, se puede hacer lo mismo, pero en muchísimo menos tiempo (no tengo idea de cuánto, porque yo no la sé usar).
    • Pro tip: no agregar la pimienta hasta después de haber removido la espuma que sale con el primer hervor, porque las pepitas flotan y se pierden en la espuma.
    • Empezar el caldo con agua fría hace que la carne (sea de res, cerdo, pollo o pescado) bote la albúmina y otros desperdicios, por eso se forma esa espuma que hay que remover (en francés eso se llama écumer). Al remover la espuma, el caldo queda mucho más claro. Si empiezan con agua hirviendo, el caldo no va a botar tanta espuma, pero va a quedar mucho más oscuro, como pueden ver en las fotos de más abajo.

  • Se deja enfriar con carne y demás ingredientes adentro, luego se cuela y se desechan las hierbas, cebolla, ajo y pimienta, y trozos de hueso sin carne.  Se reserva la carne (para utilizarla en lo que quieran, sea la misma sopa, sea un plato distinto que necesite carne sancochada). Una vez frío, se mete el caldo en la nevera como por una o dos horas. Después de este tiempo, debería formarse una capa de grasa visible, que se puede eliminar fácilmente con una cuchara (también se puede desgrasar caliente, pero es más difícil). Hay gente que dice que el gusto está en la grasa, pero es mentira… Ya el caldo queda impregnado con el sabor de la carne sin necesidad de taponar las arterias.

  • Luego, si quieren, pueden reducir más el caldo para que sea más fácil almacenarlo en el freezer.

  • Si las piezas que usaron tienen bastante carne, esperar que se enfríen y separar con los dedos. Esta carne se puede utilizar más adelante para cualquier picadillo (ver, por ejemplo, los pastelitos de Boconó).

  • Una vez desgrasado el caldo, se puede congelar y usar cuando lo necesiten (en una deliciosa sopa de cebolla, por ejemplo).

POLLO LIMÓN-PIMIENTA AL GRILL

No mentía cuando dije que pienso usar mi nueva sartén-grill hasta reventarla.  Un experimento con sabor veraniego (aunque por estas latitudes la temperatura se niega a subir demasiado).  No pongo cantidades, porque depende del gusto personal, como siempre.  El toque especial de este plato son las semillas de cilantro.  Si no tienen, vale la pena comprar una bolsita.  No les puse tanta cantidad como para «empanizar» las pechugas, pero sí como para que les diera un toque crujiente y gustoso.

INGREDIENTES
Pechugas limpias
Chorrito de aceite de oliva, para que de adhieran los condimentos
Adobo de sal-limón-pimienta 
Un buen puñado de semillas de cilantro, tostadas y machacadas gruesas (no pulverizar)
  • Primero, en una sartén seca (sin aceite), tostar las semillas de cilantro hasta que empiecen a saltar y a botar el aroma.  Luego, machacarlas un poco en un mortero (pero sin llegar a pulverizarlas).
  • Untar las pechugas con un poquito de aceite y adobar por ambos lados. Espolvorear las semillas también.
    • Este adobo lo venden en todas partes.  En inglés se llama lemon pepper salt, pero si no lo consiguen, se puede improvisar con ralladura de limón verde, sal (gruesa) y pimienta negra recién molida.
  • Precalentar el grill a fuego medio alto y echar las pechugas cuando esté bien caliente.  Cocinar, vuelta y vuelta, hasta que la carne no se vea rosada.  Esto depende del grosor de las pechugas, pero tal vez unos 5 minutos por lado sea suficiente.  Igual, yo prefiero ir por lo seguro: le echo un corte a la parte más gruesa de alguna de las pechugas y chequeo el color.
  • Comer inmediatamente para que el pollo conserve sus jugos.  Luego, recalentada, la pechuga se pone muy seca (aunque es buena para ensaladas, tipo una césar con pollo).

HELADO DE CAFÉ

Seguimos probando recetas de nuestro libro Best-Ever Book of Ice Cream, de Joanna Farrow y Sara Lewis.  Esta vez tocó la del helado de café.  Debo confesar que nunca fui amante del sabor, pero después de vieja me ha entrado una nostalgia tremenda por los helados Efe venezolanos, en especial por el de café, así que apenas vi la receta decidí meterle mano.

Es fundamental que usen un buen café.  Nada de instantáneos, esencias o cosas raras.  Si quieren aumentar la intensidad del sabor, por ejemplo, les recomiendo que no aumenten la cantidad de líquido para que el helado siga quedando cremoso.  La receta original pide una taza completa de espresso (café negro), pero yo lo reduje a 3/4 de un café bien concentrado.

Aquí les va, entonces, mi versión, en honor a mi abuelo y a mi hermano, que no tienen sangre en las venas sino café…

INGREDIENTES
1 litro, aproximadamente
3/4 taza de café tipo espresso, preparado y enfriado (tratar de hacer un café bien oscuro)
4 yemas de huevo
6-8 cucharadas de azúcar extrafina (caster)
1 cucharadita de maicena / fécula de maíz
1 1/4 tazas de leche (puede ser descremada)
3/4 taza (300 ml) crema de leche (para batir)
  • Preparar el café en cafetera de espresso (o media, o cafetera eléctrica, lo que usen).  Les recomiendo hacer 3/4 de taza de agua con la cantidad de café molido que normalmente utilizarían para una taza completa, de modo que el café quede bien oscuro y concentrado. Dejar enfriar y luego meter en la nevera.
    • Obviamente, estoy hablando en términos venezolanos (y creo que cualquier gastrolector colombiano o centroamericano tendría el mismo estándar).  Para los que no vienen de una cultura cafetera y están acostumbrados a un café muy diluido, piérdanle el miedo y hagan un buen café-brea.
    • No usen café instantáneo para esta receta.  Dudo que el sabor sea lo suficientemente intenso como para que el helado quede bien gustoso.
    • En el libro sugieren usar 90 g / 6 cucharadas de café molido.  Yo lo hice al ojo, calculando según mi propia cafetera.
  • Batir las yemas junto con el azúcar y la maicena hasta que se forme una pasta esponjosa y cremosa (de color más bien pálido), asegurándose de que el azúcar se disuelva.
    • La cantidad de azúcar depende de lo fuerte que quieran el sabor del helado: si les gusta que resalte el amargo del café, 6 cucharadas son suficientes.  Para un helado un poco más dulce, pueden aumentar a 8 cucharadas, pero les recomiendo que no se pasen con el azúcar.  Toda la gracia de este helado es el contraste amargo-dulce.  El azúcar no debería opacar el sabor del café.
  • En una olla mediana de fondo grueso (y que no pegue), calentar la leche hasta llevarla a un hervor suave.  Es preferible hacerlo a fuego bastante bajo aunque se tarde un montón, de manera de no quemar la leche.
  • Una vez que rompa a hervir, remover del fuego y echarle la mezcla de huevo y azúcar, revolviendo constantemente hasta que todo se combine bien.  Devolver al fuego y cocinar, sin dejar de revolver, hasta que espese.
  • Retirar del fuego, dejar enfriar un poco, pasar a un recipiente limpio y meter en la nevera hasta que se enfríe por completo.
  • Una vez que el café y la natilla estén fríos, batir la crema de leche con una batidora eléctrica hasta formar picos suaves.
  • Mezclar la natilla con el café, combinando bien, y luego agregarle la crema batida con movimientos envolventes, SIN BATIR, hasta que todo se combine bien.
  • Dos métodos para terminar el helado:
    • Con máquina: pasar todo al recipiente de la heladera eléctrica y seguir las instrucciones de la máquina.  En el caso de la Cuisinart, creo que son necesarios los 60 minutos completos, y además, vale la pena meterlo en el freezer un rato para que se ponga firme (sin que llegue a cristalizar) antes de servir.
    • Sin máquina: pasar todo a un recipiente que se pueda meter en el congelador y poner en el freezer por una hora.  Pasado este tiempo, sacar y batir vigorosamente (puede ser con un batidor de alambre, con un tenedor, o con la batidora eléctrica).  Esto sirve para romper los cristales de hielo que se van formando, de modo que quede un helado cremoso.  Repetir esto unas 2 ó 3 veces más, cada hora.  Si quieren un helado completamente firme, simplemente dejarlo tranquilo en el freezer hasta servir.
  • Servir con unos granos de café cubiertos de chocolate. 

ENSALADA DE QUINUA

La quinua es una semillita que se cultiva en los Andes, principalmente en Perú, Bolivia y Ecuador.  Aparentemente es súper nutritiva (y baja en grasas), y se usa mucho en la gastronomía de estos países andinos.  La primera vez que la probé fue en un restorancito pseudo-peruano que quedaba a tres cuadras de nuestra casa en Pittsburgh.  Desde entonces, quedamos fascinados.

Este plato sirve de acompañante o de principal para una comida vegetariana, o se puede servir frío como ensalada.  Llena un montón, no es caro, y no es tan difícil de conseguir (aquí la he visto en el mercado, en tiendas naturistas o donde los chinos, como siempre).

INGREDIENTES
Para 4-6 personas
3/4 taza de quinua
1 1/2 taza de caldo de vegetales (o agua)
1/2 cebolla grande, cortada en cuadritos
2 dientes de ajo grandes, machacados
4-5 ajíes dulces ó 1/2 pimentón / morrón rojo pequeño, cortados en cuadritos
2-3 tallos de célery / apio, cortados en rodajitas
1/2 calabacín grande, en cuadritos

Comino en polvo, una pizca

Pimienta cayena, una pizca
Jugo de medio limón (o más, al gusto)
3-4 cucharadas de maíz en lata, escurrido
6-8 tomates cherry, partidos por la mitad
2 palitos de cebollín, en rodajitas
Cilantro picadito, al gusto
  • En un colador, lavar y enjuagar la quinua (algunos dicen que esto ayuda a eliminar un gusto amargo que tiene).  Escurrir bien.
    • Aunque en algunas recetas lo piden, les recomiendo que no la dejen remojando.  No hace falta (de hecho, quedaría como un puré).
  • En una olla mediana, calentar a fuego medio-alto un poquito de aceite y hacer el sofrito base con la cebolla, ajo y ajíes (o pimentón).  Saltear hasta que la cebolla esté transparente, cuidando de no quemar el ajo.
    • El calabacín y el célery se pueden saltear junto con el sofrito, o se pueden echar a mitad de la cocción para que queden más al dente.
  • Agregar el caldo y la quinua.  Condimentar con el comino y la pimienta cayena.  Si el caldo que usan está simple, echar un poco de sal.
  • Llevar a hervor, bajar fuego y dejar a fuego medio-bajo por 15-20 minutos (15 tapado, 5 destapado si queda mucha agua).
    • Si no agregaron el célery y el calabacín antes, hacerlo cuando falten unos 10 minutos para terminar de cocinar.
  • Una vez que se haya absorbido el agua, retirar del fuego y agregar el maíz, tomates, cebollín y cilantro.  Poner jugo de limón al gusto, probar y rectificar la sazón.
  • Se puede comer tibio, como acompañante (o incluso como plato principal vegetariano), o frío sobre una cama de lechugas, como ensalada.

ESPÁRRAGOS AL GRILL

Todo sabe mejor al grill; es ley de vida.  Esta semana fui a Ikea y por poco menos de 8 Euros me compré una sartén-grill de teflón.  No sé si dentro de dos meses tenga que botarla y comprar una nueva, pero mientras dure, tengo toda la mala intención de «sacarle la chicha» este verano…

Aquí les va esta recetica, facilísima y rápida, aprovechando que es época de espárragos (abril-mayo, en el norte).  Lo bueno de esta sartén-grill es que los espárragos quedan crujientes y luego puedo rescatar los trocitos de ajo, que van a estar tostados, y  ponerlos por encima al servir.

INGREDIENTES
Para 2 personas
1 manojo de espárragos (no sé, ¿tal vez 150-200 g?)
Chorrito de aceite de oliva
2 dientes de ajo, picaditos (mejor no machacar)
Sal gruesa, al gusto
Pimienta negra recién molida, al gusto
  • Lavar y cortar la parte de abajo de los espárragos (la que tiene un tono morado y suele ser más dura y fibrosa).
  • Calentar el grill a fuego medio-alto y poner los espárragos, echar por encima un chorrito de aceite de oliva, salpicar con los ajos y salpimentar al gusto.  Ir dándole vueltas a los espárragos hasta que cambien a un tono verde oscuro y luego comiencen a tostarse.
  • Servir tibios.

SALSA BOLOÑESA

No hay manera de que un ragù alla bolognese quede mal (a menos que se utilicen ingredientes de  muy mala calidad).  Yo creo que todo el mundo debería saber hacer esta salsa.  Primero, porque siempre gusta; segundo, porque rinde un montón y no es cara; tercero, porque es de ese tipo de platos que revela la sazón de cada quien.  Los ingredientes son sencillos, no hay mucha técnica ni misterio; sin embargo, no hay dos boloñesas iguales.  Ésta es mi receta personal.  No sé si le es fiel a la tradición italiana, pero sí sé que le es fiel a la tradición familiar (sabe parecida a la de mi abuela, hija de italianos, y a la de mi mamá).  Da para un montón (disculpen, tengo la manía de cocinar para un batallón), pero la boloñesa congela bien.  Se puede guardar en potecitos como para dos platos, e ir sacando a medida que se necesite.
INGREDIENTES
 
Un chorrito de aceite de oliva
2-3 tiras de pancetta (tocineta / bacon), picaditas
1 cebolla mediana, cortada en cuadritos pequeños
2-3 tallos de célery / apio grandes, cortados en cuadritos pequeños
2 dientes de ajo grandes, machacados
2 cucharadas de pasta (concentrado) de tomate
1/2 kg de carne molida
3 latas de 400 g (1.200 g en total) de tomate (mejor si ya viene cortado)
Orégano seco, al gusto
1 cubito de carne (opcional)
Sal y pimienta al gusto
Vino tinto, si tienen una botella abierta
  • En una olla grande de fondo grueso, poner a calentar un poco de aceite de oliva a fuego medio.  Cuando esté bien caliente, saltear la pancetta hasta que comience a dorarse.  Agregar las cebollas y el célery, y sofreírlos por un par de minutos.  Luego agregar el ajo.  Seguir cocinando hasta que las cebollas estén tiernas y transparentes, cuidando de no quemar el ajo.  Agregar la pasta de tomate y mezclar bien.  Saltear por 1 minuto más.
    • Pueden obviar la pancetta, pero la salsa pierde ese gusto ahumado que caracteriza a la boloñesa. Si las tiras que escojan tienen mucha grasa (y si la olla que utilicen es de teflón y no pega), pueden suprimir el aceite de oliva y dejar que la misma grasa que bota la tocineta cocine luego los vegetales.
    • Las recetas tradicionales llevan zanahoria, pero yo nunca le pongo.  Me da la impresión de que el sabor dulce compite con el tomate.  En todo caso, si quieren incluirla, creo que una zanahoria mediana, pelada y cortada en cuadritos pequeños es suficiente.  Agregar junto con el célery y la cebolla.
  • Añadir la carne y subir el fuego a medio-alto.  Saltear, revolviendo y tratando de separar los pedazos de carne con una cuchara de palo, de manera que quede bastante suelta.
  • Una vez que la carne pierda su color rosado, echar las latas de tomate, el orégano (la cantidad depende del gusto personal y qué tan aromático esté el que ustedes compren; calculo que puede ser hasta una cucharada).  
  • Si los gastrolectores no tienen reservas religiosas contra el cubito, les sugiero que deshagan uno de carne entre los dedos y lo mezclen en la salsa.  Con toda la cantidad de líquido que hay, la salsa no va a tomar un gusto prefabricado, pero sí se va a beneficiar con un poco más de sabor.
  • Probar, salpimentar al gusto y, si tienen un fondito de vino tinto, añadir un poquito (una media taza no le hace daño a la boloñesa).
  • Es posible que el tomate esté un poco ácido.  Si éste es el caso, se le puede poner un poquito de azúcar a la salsa.  Una vez pillé a mi mamá echándole un chorrito de coca-cola a una salsa de tomate, por ejemplo…
  • Tapar, llevar a un hervor y bajar el fuego a medio otra vez.  El tiempo de cocción depende de la disponibilidad de cada quien.  Con unos 20 minutos de hervor suave, la salsa va a estar cocida; sin embargo, mientras más tiempo se le deje, más cuerpo va a tener.  Yo usualmente la dejo al menos 45 minutos a fuego medio (pero el fuego medio de mi cocina es bastante moderado, así que tal vez tenga que ser un poco más bajo que eso, en especial si usan cocina a gas).
  • Una vez lista la salsa, probar y rectificar la sazón.  Pueden dejarla como está, o pueden darle unos toques en la licuadora para una textura más fina (eso sí, hacerlo por tandas y cuando ya se haya enfriado un poco; de lo contrario, puede saltar y quemarlos).
  • Servir con la pasta de su preferencia y bastante queso parmesano o pecorino rallado.