MADELAINES CLÁSICAS

Como no todo puede ser tofu y privaciones, aquí les paso un clásico francés súper versátil que aprendí en Le Cordon Bleu. Pueden modificar el sabor a su gusto (ralladura de limón, lima o naranja, extracto de vainilla o almendra…), y una vez que le agarren el truco a la masa, pueden experimentar más y hacerlas de chocolate, matcha, café o cualquier otra versión que se les ocurra. Son buenísimas para sacarse el antojo de comer torta, y se hacen volando.

 

INGREDIENTES

(Para 12 madeleines grandes)

 

2 huevos medianos

95 g azúcar extra fina (caster)

Ralladura de limón (del amarillo)

115 g harina todo uso

7 g polvo de hornear

95 g mantequilla derretida (¡no margarina!)

 

  • Batir bien los huevos con el azúcar, hasta que se disuelva. Agregar la ralladura.

 

  • Cernir los ingredientes secos, y añadir la mezcla anterior, revolviendo bien para que no queden grumos.

 

  • Finalmente, agregar la mantequilla derretida (pero no caliente) y mezclar bien. Tapar la mezcla con un papel plástico, y guardar en la nevera por unas horas. Este paso se puede obviar, pero el sabor mejora considerablemente cuando la masa se deja descansar.

 

  • Precalentar el horno a 180º C / 355º F. Engrasar y enharinar bien un molde de madeleines. Suavizar la mezcla con una espátula y poner en una manga pastelera con pico grueso. Rellenar cada concha con unos 30 g de mezcla.
    • Si no tienen manga, también pueden poner la mezcla usando una cuchara, ayudando a  distribuirla un poco con la parte de atrás.
    • Si no tienen balanza, pues al ojo, tratando de poner la misma cantidad para que la cocción sea pareja.

 

 

  • Al meter en el horno, bajar la temperatura a 170º C / 340º F y hornear por 8-9 minutos hasta que inflen y se doren. Desenmoldar inmediatamente y dejar enfriar en una rejilla.

 

  • Aunque nunca lo he intentado, creo que podrían hacerse gluten-free sin problema mezclando 50-50 de harina de avena con harina gluten-free tipo Bob’s Red Mill o Yes You Can. La textura no va a quedar tan ligera y esponjosa como con harina de trigo, pero no debería quedar nada mal. En lo que haga la prueba, les cuento qué tal.

 

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Si se fijan bien, pueden notar que no engrasé bien el molde y la superficie de las madeleines quedó fea al desenmoldar…

VEGETALES y TOFU AL WOK

OK, está claro que esta semana los ingredientes de moda son el tofu y el kimchi. Aquí va otra receta muy fácil (y muy parecida a la anterior, pero sin arroz), ya que estoy en la onda meatless & low carb. A ver cuánto me dura… La idea es apenas saltear los vegetales para que queden crujientes y conserven su valor nutricional al máximo.

 

INGREDIENTES

Tofu, cortado en cubos

Bok choy / Pak choi, cortado en tiras (separar el tallo y las hojas)

Zanahoria, pelada y cortada en cuadritos finos

Cebolla, cortada en trozos pequeños

Aceite de sésamo / ajonjolí

Salsa de soya

Kimchi, para acompañar

 

  • Comenzar por marinar el tofu con un chorrito de aceite de sésamo y salsa de soya, mientras se cortan y saltean los vegetales.

 

  • En un wok bien caliente, con un chorrito de aceite de sésamo, saltear la cebolla, la zanahoria y los tallos del bok choy hasta que comiencen a estar tiernos. Hacia el final de la cocción, agregar las hojas (que se cocinan volando), y agregar un chorrito de salsa de soya para sazonar. Si no consiguen bok choy, pueden usar repollo chino (nappa cabbage) o acelgas. También pueden incluir brócoli, rábano blanco o cualquier otro vegetal de su preferencia. Jueguen con el grosor de los vegetales de manera que la cocción sea rápida y pareja. Una vez listos, reservar en un plato.

 

  • En el mismo wok, saltear los cuadritos de tofu hasta que estén dorados por fuera. No demasiado tiempo para que se mantengan suaves por dentro. Mezclar con los vegetales y servir inmediatamente. Acompañar con kimchi.

 

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ARROZ FRITO CON KIMCHI

Este es el típico plato de sobras que le gusta a todo el mundo. En este caso lo preparé con tofu, pero si tienen alguna pechuga de pollo por ahí, o tal vez cerdo, también quedaría bien.

 

INGREDIENTES

Para 4 personas

Unas 4 tazas de arroz cocido

Tofu firme, cortado en cubos (la cantidad depende de cuánta proteína quieran ponerle a su plato, pero calculo que tal vez 250 g sea suficiente)

1 cebolla mediana, cortada en cuadritos (blanca o morada, como quieran)

1 zanahoria grande, cortada en cuadritos finos

Kimchi, al gusto, cortado en cuadritos

Salsa de soya

Aceite de sésamo/ajonjolí

 

  • Mezclar un poco de salsa de soya con un toque de aceite de sésamo, y poner a marinar el tofu en la mezcla.

 

  • Mientras el tofu se marina, saltear la cebolla y zanahoria en un wok bien caliente, con un toque de aceite de sésamo (no abusar con este aceite, porque el sabor es realmente fuerte), revolviendo constantemente. La idea es que los vegetales se suavicen ligeramente, pero que queden crujientes. Hacia el final de la cocción, aderezar con un chorrito de salsa de soya, revolver bien y reservar en un plato aparte.

 

  • En el mismo wok, todavía bien caliente, saltear el tofu hasta que quede dorado y crujiente por afuera, pero aun suave por dentro (si lo saltean por mucho tiempo, se encoge y queda muy seco).

 

  • Bajar el fuego, agregar los vegetales, el arroz y el kimchi cortado. Mezclar bien, probar y ajustar la sazón. Si sienten que le falta sal, pueden poner un poco más de salsa se soya.

 

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KIMCHI

Tener memoria de la primera vez que uno probó algo es un privilegio (y un regalo añadido de la globalización). En especial, ese tipo de cosas que te abren las puertas a una cultura completamente diferente.

Creo haberlo probado antes, pero el momento eureka fue en verano del 2005. Hacía un calor insoportable y caminaba por las calles de Oakland, Pittsburgh, con mis estudiantes koreanos. Me habían invitado a comer después de un intensivo de inglés que era parte tanto de los requisitos para entrar en sus respectivos programas de PhD, como de mi certificación de TESOL. La invitación fue significativa. Creo que en cualquier cultura, cerrar un ciclo con una buena comilona debe ser una de las mejores recompensas. Estos estudiantes venían del otro lado del mundo, becados (la mayoría por compañías de su país), con el peso de la responsabilidad y la incertidumbre de no manejar bien el idioma. Por mi parte, yo también cargaba una cuota de responsabilidad por los nervios de no ser native speaker y dejar bien parado al ELI (English Language Institute de Pitt, asociado al Departamento de Lingüística). Pero había un idioma común: las ganas de aprender, la complicidad de ser extranjeros, las risas honestas por los errores inevitables. Simplemente hicimos click. El restaurante era pequeño y evidentemente familiar. No había nada escrito en inglés en el menú. Ocupamos varias mesas y enseguida comenzaron a llegar platos tras platos de comida. Pero mi memoria y mi paladar solo se concentraron en el kimchi. Recuerdo haber pensado: ¿cómo pude haber vivido tanto tiempo sin esto?

El kimchi es epítome de la historia koreana: una península pobre con un clima extremo. Como en tantas otras culturas de climas similares, conservar la cosecha de otoño para los duros meses de invierno es un hilo conductor de la creatividad culinaria. Las familias y comunidades se reúnen a trabajar juntas y compartir el resultado. Hacer kimchi forma parte fundamental de la cultura koreana a tal punto que la tradición tiene un nombre: gimjang. Antiguamente llenaban jarrones de barro con los vegetales y los guardaban en sótanos, semi enterrados para evitar que llegaran a congelarse. Durante los meses fríos, la fermentación desacelera hasta parar por completo. A medida que la temperatura sube, comienza de nuevo el proceso pero, bien almacenado, el kimchi puede durar por un largo período de tiempo.  Hoy en día existen neveras especiales para guardarlo: por una parte,  controlan la temperatura de manera que no se sobrefermente y quede muy ácido; y por otra, aislan el olor, que es bastante fuerte y puede impregnar todo lo demás que se guarde junto al kimchi. A modo de dato curioso, se dice que la introducción del elemento picante ocurrió entre los siglos XVI y XVII. Anteriormente se hacía sin ají, y hoy en día la versión no picante se conoce como kimchi blanco.

Cuando nos mudamos a Tailandia, en cualquier automercado se podía comprar kimchi, tanto koreano como japonés (kimuchi), pero nunca como aquel que probé esa tarde pegajosa en un sucucho de Pittsburgh.  Leyendo un poco sobre nutrición y comida sana, todos los expertos recomiendan tener un buena dosis de comidas fermentadas en el menú, por aquello de que ayuda a la flora intestinal, así que desde hace tiempo tenía entre ceja y ceja aprender a prepararlo. Fastforward hasta el 2017, en la cocina de mi amiga Miyoung. Qué lujazo tener amigos de todas partes del mundo que comparten no solo el gusto por la buena comida, sino también sus tesoros personales.

Vale decir que hay tantas recetas como familias. Cada quien la adapta según el gusto personal (y regional). Esta es una versión de Seoul, aunque Miyoung dice que hoy en día ya la gente en la ciudad no lo hace sino que lo compra listo.  El kimchi se usa como acompañamiento para cualquier plato, o como condimento (más abajo hay algunas ideas sobre cómo usarlo).

Con respecto a las cantidades, va todo al ojo. Sé que muchos gastrolectores me van a querer ahorcar, pero bueno… Las cantidades son siempre relativas. ¿Cuánto espacio tienen para almacenar?  ¿Quieren balancear la proporción entre repollo, zanahoria y rábano?  ¿Cuánto picante aguantan?  ¿Son amigos del ajo o, también, qué tan potente es el ajo que compran? Para que tengan una idea, esta vez hicimos unos 10 repollos de buen tamaño, 4 zanahorias medianas, 2 rábanos estilo koreano grandes, 4 manzanas rojas pequeñas, calculo que unos 200 g de ajo, 4 cebollas medianas, dos tallos gruesos de ajoporro, y el resto al ojo (Miyoung iba probando sobre la marcha). Al final, compartimos el tesoro entre tres familias.

INGREDIENTES

Repollo chino / col china (nappa cabbage), cortados longitudinalmente

Zanahoria, peladas y cortadas en julienne

Rábano blanco / rábano japonés (daikon / white radish), pelados y cortados en julienne

Ajoporro / Puerro, también cortados en tiritas finas

Manzanas, peladas y sin semillas

Ajo

Cebollas

Ají/chile rojo koreano en polvo (gochugaru / gochutgaru)

Salsa de pescado

Pasta de camarones koreana (saeujeot)

Azúcar o miel

Caldo de carne

Arroz glutinoso cocido (opcional)

Sal, mucha sal

 

  • Cortar los repollos longitudinalmente y lavar bien, sin romper.
  • Para salar, se pueden usar dos métodos:
    • Poner en bandejas (con cierta profundidad) y espolvorear muy bien (Miyoung dice que este es el método tradicional, pero ella prefiere el otro, para que la sal penetre mejor). O…
    • Hacer una salmuera bien concentrada (tal vez unos 3 litros de agua con 1 kg de sal) y remojar las mitades de manera que el agua penetre en todas las capas del repollo. Escurrir un poco (pero no por completo), y ponerlos horizontalmente en bandejas o recipientes profundos. Dejar salar toda la noche (puede ser fuera de la nevera). Esto va a suavizar las hojas del repollo, pero sin llegar a perder la textura por completo. Al día siguiente van a encontrar que el repollo botó una buena cantidad de agua.
  • Cortar el rábano, la zanahoria, el ajoporro y la mitad de las manzanas en tiritas. Se podría usar una mandolina en este caso. En otras versiones he visto la zanahoria en lajas finas, por ejemplo.
  • En un procesador, poner las cebollas, el ajo (lo que ven en la foto ya estaba en forma de pasta), la otra mitad de las manzanas, la salsa de pescado, la pasta de camarones y un toque de azúcar o miel, para balancear un poco (y ayudar a la fermentación). Miyoung también le pone varias cucharadas soperas de arroz glutinoso (sticky rice) ya cocido, tanto para darle sabor como consistencia (supongo que este paso se puede omitir). Y también le pone caldo de carne (que en la foto se ve como un bloque gelatinoso). Procesar hasta que quede una mezcla pastosa y homogénea.
  • Notas sobre los ingredientes:
    • Cada país asiático tiene su propia versión de la salsa de pescado (en Tailandia, por ejemplo, se llama naam pla, y en Filipinas, patis), y varía según el tipo de pescado que se utilice . En mi limitada experiencia, la salsa de pescado koreana (eojang) es más densa y terrosa, tal vez no tan salada como la Thai. Si tienen la suerte de vivir en un país tipo Argentina, que tiene una comunidad koreana enorme, seguramente podrán encontrar los ingredientes originales. Pero, obviamente, a falta de eojang, supongo que pueden hacer el intento con la versión Thai, que es mucho más fácil de conseguir incluso en automercados regulares.
    • La pasta de camarones tampoco es igual a la del sureste asiático (que, de por sí, tiene variaciones de país en país en cuanto a textura, color e intensidad). La saeujeot koreana conserva enteros los mini camarones, como pueden ver en la foto de abajo.
    • Tanto la salsa de pescado como la pasta de camarones sirven para salar el kimchi, para darle intensidad de sabor, y para ayudar en la fermentación, ya que ambos ingredientes son, a su vez, productos fermentados.
    • Para hacer una versión vegana, se puede sustituir la salsa de pescado y la pasta de camarones por miso, la pasta de soya fermentada típica de la comida japonesa.
    • Si no tienen sticky rice, y quieren ayudar a darle un poco de consistencia a la pasta, supongo que no hay problema en usar arroz normal cocido.
  • Transferir a un bowl grande y agregar el ají en polvo. Ya pueden ver en la foto que no hay que ser tímidos con el picante, pero esto sin duda depende del gusto personal.
    • Una nota sobre el gochugaru: no sé exactamente cuál es la variedad de ají que usan en Korea, pero tiene un sabor ligeramente ahumado, dulzón y afrutado, y no es tan picante como el ají Thai u otras variedades mexicanas. Por ahí leí que a falta de gochugaro, hay quienes usan pimienta de Aleppo (pero buena suerte con el precio…).

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  • Una vez que agreguen el picante, prueben y ajusten la sazón. Obviamente el ajo y la cebolla van a predominar, pero deberían sentir el dulzor de la manzana y la miel, y debería estar bien salada (tal vez más de lo que instintivamente aceptarían). Varios comentarios:
    • Recuerden que el repollo y los demás vegetales van a botar agua, y la sal se va a diluir con el líquido.
    • También tengan en mente que el kimchi está hecho para durar. A mayor cantidad de sal, menos bacterias merodeando por ahí.
    • También ajusten el nivel de picante a su gusto.
  • Cuando ya estén satisfechos con su pasta base, mezclen con todos los ingredientes cortados en julienne. Calculo que debería haber partes iguales (en volumen) de aliño y repollo. No se asusten, de verdad no va a sobrar. O, en todo caso, como dijo Miyoung, es preferible que sobre aliño porque siempre se puede comprar más repollo y completar (o, si no, unas chuletas de cerdo marinadas en esta pasta deben quedar mundiales).
  • El siguiente paso es importante hacerlo con guantes (de hecho, si son de piel  muy sensible, les sugiero que usen doble guantes de látex… Ya les contaré otro día mi experiencia haciendo harissa…). Con una mano sostener la mitad de repollo y con la otra untar generosamente el aliño en todas parte, levantando con cuidado las hojas para que llegue a todos los pliegues.
  • Ir poniendo en el recipiente de su elección (preferiblemente de vidrio, esterilizado), e ir compactando de manera que no queden burbujas de aire entre repollo y repollo (oxígeno = bacterias). Cuando ya hayan untado todas las mitades, si les sobra aliño, esparcirlo por encima, terminar de compactar bien, poner una capa de papel plástico / envoplast, cerrar herméticamente y dejar fermentar afuera de la nevera.
    • Nota sobre la fermentación: la gente suele tenerle miedo a todo lo que implique hongos/levadura, pero si uno le echa un poco de cabeza al asunto, tenemos miles de años usando estos métodos para conservar nuestros productos (piensen en yogur, pan de sourdough, la chicha andina, innumerables bebidas alcohólicas, etc etc). Afortunadamente, trabajé con un chef que era fanático de fermentar todo lo que se le cruzaba por enfrente, y aprendí que jugar con los límites y confiar en la nariz. Si el gastrolector vive en latitudes extremas y decide hacer kimchi en otoño/invierno, le recomiendo dejar su recipiente cerca de una fuente de calor. Si, por el contrario, vive sudoroso en las inclemencias del trópico, como esta servidora, basta con dejarlo en el mesón de la cocina y prestarle atención. En días frescos, como cuando hicimos nuestro kimchi (25-26º C), bastaron unas 36 horas para ver resultados. Supongo que podría haber empujado un poco hasta 48 horas sin mucho problema. De verdad confíen en su nariz. Miyoung, por ejemplo, solo los deja unas 24 horas fuera de la nevera porque no le gusta que quede muy ácido. Una vez que estén satisfechos, ya lo pueden refrigerar.
    • Les recomiendo dejarlo «sellado» con el papel plástico para que el olor no les invada toda la nevera. Esto se hace poniendo el plástico en contacto con la comida y dejándolo airtight, no sobre la boca del frasco, porque esto puede hacer que más bien no quede hermético.
  • Pueden comenzar a comerlo una vez que ya esté listo para guardarlo en la nevera, pero obviamente mejora con el tiempo.

Algunas ideas para comer kimchi

Nuestra anfitriona nos deleitó con gyozas y  jajangmyeon o jajangmyun, un plato chino-koreano de noodles gruesos servidos con una salsa negra y espesa hecha de pasta de soya, caramelo y carne. Y de postre, unos dulces súper delicados hechos con ube o batata/camote morad@.

Un clásico fácil es el arroz frito con kimchi (en este caso, se usa como ingrediente). Otra opción es saltear vegetales en el wok y usar el kimchi como acompañamiento.

MOJO VERDE o PESTO DE CILANTRO

 Esta receta no tienen ninguna ciencia, pero es una de esas cosas que siempre deberíamos tener a la mano porque sirve para todo. Además, es una manera de conservar las hierbas que suelen tener tan corta duración en la nevera. ¿Y con qué se come esto, preguntará el Gastrolector poco ocurrente? Pues bien, tome nota:
  • Una cucharada de mojo en su vinagreta usual le cambia por completo el sabor a una ensalada.
  • Como spread base para sánduches (imagínese esto: una rebanada de sourdough tostado, una capita de mojo, trocitos de aguacate, queso feta desmoronado por encima… O también: ciabatta, mojo verde, mozzarella derretido desbordándose por las fronteras del pan, prosciutto crudo…)
  • Para hacer arroz verde con cerveza.
  • En patacones o tostones.
  • O como dip para tosticos/totopos. Es más, hasta con cotufas/palomitas/pipocas/pochoclos quedaría bien…
  • Para marinar pechugas y pescados, y después ponerlos al grill.
  • O para servirlo de salsa,como se haría con el chermoula o el chimichurri.

 

¿Inspirados? Los ingredientes van al ojo. El balance de sabores depende del gusto personal.

 

INGREDIENTES

Cilantro

Cebollín / Cebolleta

Ajo

Ají/Chile verde fresco (opcional)

Semillas de cilantro, tostadas y molidas (opcional)

Un toque de comino en polvo (opcional)

Amchoor en polvo (opcional)

Aceite (ver comentarios abajo)

Sal

 

Explicación rápida:

  • En un procesador o mortero, poner todos los ingredientes y licuar bien. La textura es a gusto personal, por supuesto.

 

Explicación detallada:

  • En Tailandia, se utiliza hasta la raíz del cilantro. Obviamente se lava muy bien, se pela la capita exterior si está muy gruesa o sucia, se machaca bien y se usa como condimento. Para hacer caldos, las raíces son perfectas también. Están llenas de sabor.

 

  • Cuando hago ensaladas o platos que solo llevan las hojitas de cilantro, seco bien los palitos y los guardo en el congelador en una ziploc. Luego los uso para hacer caldos, cuando preparo granos, o cuando hago este mojo.

 

  • Si tienen perejil, también puede agregárselo al mojo. Como dije arriba, el balance de sabores depende de ustedes. Lo mismo aplica para la cantidad de cebollín y ajo que le quieran poner.

 

  • Usualmente hago el mojo con aceite de oliva, pero si quieren un sabor más neutro, pueden usar canola o grapeseed oil. Si le quieren dar otra personalidad, también queda rico con aceite de coco.

 

  • Si licúan los sólidos primero, y luego van agregando el aceite de manera gradual mientras baten, la mezcla se emulsiona y queda cremosa (esta es la técnica para hacer mayonesa, por ejemplo). Mientras más aceite pongan, más tiempo se conserva en la nevera, preferiblemente guardada en un frasco de vidrio esterilizado.

 

  • Del mismo modo, pueden jugar con las especias: al ponerle comino, pues le da  un toque más indio. Las semillas de cilantro intensifican el sabor y lo hacen más profundo y terroso. El amchoor (mango seco en polvo) es otra especia india que se usa mucho en ensaladas y le da cierta acidez afrutada. El ají lo convierte en otra cosa por completo.

 

  • Si lo quieren convertir en vinagreta, basta con añadir limón o lima, o vinagre de vino blanco.

TOMATES SEMI SECOS

Cuando vayan al mercado o al farmers’ market y encuentren tomates preciosos a buen precio, hagan la prueba y deshidrátenlos. Son divinos como antipasto, para una tabla de quesos, como acompañantes en ensaladas o pastas, etc. Lo único que les recomiendo es que hagan una buena cantidad para justificar las horas que el horno pase encendido. Las cantidades van al ojo.

 

INGREDIENTES

Tomates maduros

Aceite de oliva extra virgen

Ajo, cortado en láminas

Sal gruesa

Hierba de su preferencia, seca o fresca (albahaca, orégano, mejorana, romero…)

 

  • Cortar los tomates longitudinalmente y sacar las semillas (¡pero no botarlas! Si las acumulan en un tupper en el freezer, se pueden colar y usar luego como base de cualquier sofrito). Poner en bandejas con el corte hacia arriba y rociar con aceite de oliva, la hierba de su preferencia, sal gruesa, y láminas de ajo.

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  • Secar a fuego muy bajo, entre 80-110º C / 175-230º F por unas 4-7 horas.
    • No puedo dar temperaturas o tiempos exactos porque esto depende de la potencia del horno y del grosor de los tomates. En mi horno de Bangkok, por ejemplo, habría bastado hacerlos a 90º C por 4-5 horas, mientras que en mi horno actual tuve que subirle a 110º por unas 7 horas.
    • También vale decir que el nivel de secado depende del gusto personal. Se pueden deshidratar por completo (y no haría falta conservarlos en aceite), o se pueden dejar semi secos, como en las fotos de este post.

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  • Una vez que estén listos, guardarlos (aun calientes) en frascos esterilizados y cubrir por completo con un buen aceite de oliva.
    • No sé exactamente cuánto tiempo durarían fuera de la nevera. Suelo refrigerarlos y, siempre y cuando el aceite cubra los tomates por completo, se conservan por meses sin problema.

 

ENSALADA DE VEGETALES AL GRILL CON HABAS

Esta ensalada es bastante parecida a la ensalada de mariscos de mi tocaya Ceci V en su preparación. Los vegetales se hacen por separado, y luego se combinan. Es la típica ensalada para limpiar la nevera. Si le ponen trocitos de pechuga, puede ser una comida completa.

 

INGREDIENTES

Calabacín / Zucchini

Berenjena

Pimentón amarillo (el color es solo para darle diversidad al plato)

Tomates cherry, cortados por la mitad

Tomates semi secos (opcional)

Habas / broad or fava beans (de lata, si les da flojera prepararlas de cero. Cualquier grano sirve, en realidad)

Aceitunas negras, en rodajitas

Aceite de oliva

Lima (de la amarilla), o vinagre de vino si prefieren

Sal y pimienta

Ajo en polvo

 

  • Cortar las berenjenas longitudinalmente (tal vez un poco más finas que en la foto), echar bastante sal y poner a llorar por unos 10-15 minutos, mientras preparan el resto de los ingredientes. Esto ayuda a que estén menos amargas.

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  • Cortar el calabacín de la misma manera y aliñar con sal, pimienta y un toque de ajo en polvo (no hace falta poner a llorar).

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  • A pesar del título del post, esta vez no cociné los vegetales en un grill sino en un par de sartenes bien calientes con un toque de aceite de oliva, vuelta y vuelta hasta que estuvieran dorados.
    • Antes de cocinar las berenjenas, hay que secarlas un poco en papel absorbente (no hace falta aliñar más).
    • Una vez listos, cortar en tiritas y combinar con el resto.

 

  • El pimentón se puede cortar en cuadritos y añadir crudo, para que le dé un toque crujiente a la ensalada. Cortar los tomates por la mitad, agregar los tomates semi secos (también cortados si son muy grandes), las aceitunas en rodajitas, y las habas (o el grano de su preferencia) bien escurridas.

 

  • Como ya el calabacín y la berenjena están cocinados en aceite, y los tomates semisecos usualmente también vienen conservados en aceite, yo no le añadiría más. Sólo un chorrito de lima (amarilla) o, si prefieren, un toque de vinagre de vino. Y un toque extra de sal (pero recuerden que ya las aceitunas y los vegetales al grill están aliñados).

 

 

SUSPIROS

Éste es un clásico de clásicos. Tengo que confesar que no era muy amante de los suspiros cuando era niña, a pesar de que mi abuela hacía unos legendarios. Pero en diciembre estaba experimentando con una receta de pavlova, y con lo que me sobró de merengue, hice unos suspiritos y los niños alucinaron. Me dio risa la emoción con la que Diego describía lo que estaba sintiendo en la boca, y me puso a pensar que hay tantas recetas familiares que uno ni valora, pero que son verdaderos tesoros. Después de ese primer experimento, los hemos hecho muchas veces más, incluso para llevar a clase. El mejor amigo de Andrés los llama «the white thingies».

Sin más preámbulos…

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INGREDIENTES

(Para unos 35 suspiros)

 

70 g claras de huevos (eso es más o menos dos huevos medianos)

110 g de azúcar extra fina (caster)

2 g (1/2 cucharadita) maicena (corn starch)

Esencia o sabor al gusto (vainilla, ralladura de naranja o limón, anardana, etc.)

Algunas goticas de colorante, si le quieren dar un tono especial.

 

  • Batir claras, azúcar (previamente mezclado con el toque de maicena) y esencia hasta que estén -valga la redundancia- a punto de suspiro. Esto es, bastante firme, que el piquito se mantenga parado.
    • Explicación larga: los chefs pasteleros recomiendan romper primero las claras, es decir, batirlas hasta que empiecen a formar espuma, antes de echar el azúcar. De esta manera levantan más y conservan el volumen. Una vez que esto suceda, comenzar a agregar el azúcar gradualmente (por la misma razón, para que el peso del azúcar no aplaste el aire atrapado en las claras). Cuando se usa azúcar extra fina (caster), los granos se disuelven más rápido.
    • Si van a usar esencias líquidas o colorantes, recuerden que esto también afecta la textura del suspiro. Mientras más líquido incluyan, más azúcar deberían usar.
    • Hay gente que utiliza cremor tártaro en lugar de maicena. Esto es especialmente necesario si las claras se levantan a mano, porque actúa como estabilizante. El problema es que si se usa mucha cantidad, los suspiros tienden a agrietarse.

 

  • En una bandeja anti-adherente (o utilizando un silpad o algo del estilo), dos opciones:

a) armar los suspiros con cuchara (así los hacía mi abuela y le quedaban perfectos), o

b) poner la mezcla en una manga pastelera con punta de estrella, y formarlos, tratando de que todos sean del mismo tamaño para que se cocinen parejo.

 

  • Por supuesto, los pueden hacer con la forma que quieran. Con la punta de estrella quedan como en las fotos, y la cantidad de ángulos hace que queden más crujientes por fuera. Pero también se pueden hacer con una punta redonda. A gusto del consumidor.

 

  • Hornear (en horno precalentado) a 130-140º C / 265-285º F por 20-25 minutos. Apagar el fuego y dejar la bandeja adentro hasta que el horno se enfríe.
    • Aquí la única fórmula mágica es ensayo y error. Tal vez 140º es muy fuerte en sus hornos, tal vez 130º es muy bajo y necesitan los 25 minutos enteros. El otro factor es el tamaño de los suspiros y su gusto personal: ¿les gustan todos crujientes, o crujientes por fuera y chiclosos por dentro?

 

  • Conservar en un recipiente airtight, si es que duran…

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BESITOS DE VIEJA o PAPITAS DE LECHE

Este es un clásico venezolano, y es más o menos el mismo concepto de los brigadeiros brasileros.  No hay una persona de mi generación que no se haya hartado de estos dulcitos en piñatas, bautizos y demás fiestas infantiles.  Investigando un poco, leí que son típicos de la región de mis abuelos -Los Andes.  Por alguna razón, parecen estar desapareciendo del gusto criollo, así que aquí les paso la receta de mi familia.  Se suelen servir en una bandeja, cada uno en un capacillo individual.  Hay quienes le estampan a cada bolita algún motivo decorativo usando moldes de repostería (tipo flores), pero lo más común es encontrarlas sólo con un clavo de olor en el centro.  Son dulces visualmente delicados, muy fáciles de hacer.  Creo que el nombre «original» es papitas de leche, pero en mi familia se le conocen como besitos de vieja, ocurrencia (según mi mamá) de la querida Tía Eca.  Esta receta lleva canela, pero en la mayoría de las que vi en Internet no le ponen.  Queda a gusto del consumidor…

 

INGREDIENTES

Para 75 besitos, aproximadamente

400-500 g de nevazúcar / azúcar impalpable/ azúcar glas o glacé / azúcar flor
(en inglés: powdered sugar / confectioner’s sugar / icing sugar)
1 lata de leche condensada
2 tazas de leche en polvo
1 cucharadita de canela en polvo (opcional, ver variaciones abajo)
Clavitos de olor o sprinkles, para decorar

  • En un recipiente profundo cernir y mezclar bien la nevazúcar, canela y leche en polvo. A mucha gente le da flojera el tema de cernir harinas etc., pero es vital en latitudes tropicales, porque la humedad no perdona y apelmaza todo. Si quieren una textura uniforme y que no queden grumos, hay que hacerlo. Esto es válido tanto para esta receta, como cualquier otra que use ingredientes en polvo.
  • Con una cuchara ahuecar el centro (tipo volcán) y echar la leche condensada.  Mezclar poco a poco, integrando los ingredientes secos con el líquido hasta formar una masa consistente y moldeable. Esto se puede hacer sin problema en la KitchenAid con la paleta (no sé si una batidora manual tenga la suficiente fuerza, porque la masa es bastante sólida).
    • Si notan que está muy dura, se puede agregar una cucharadita de leche líquida (pero hacerlo poco a poco de manera que la masa no vaya a quedar muy aguada).
    • Si, por el contrario, les queda muy aguada, vayan ajustando con leche en polvo y/0 azúcar impalpable.
    • Les recomiendo guardar la masa en la nevera al menos media hora. Mucho mejor si lo hacen de un día para otro. Mejoran muchísimo la textura y el sabor.
  • Hacer bolitas del tamaño que se prefiera (yo suelo hacerlos «bite-size«, es decir, que se puedan comer de un sólo bocado, tal vez del tamaño de un quarter o €2).  Poner un clavito en cada una y servir en capacillos. Si quieren modernizarlas, también se pueden poner pepitas de colores.
    • Creo que la manera más fácil de hacer las bolitas es empezar por agarrar la cantidad deseada con una cucharita, y luego moldearlas con las manos húmedas, para que no se pegue la masa de los dedos (pero no demasiado mojadas, para que no se ponga aguada).
    • Capacillo es el papelito tipo bombón. No pasa nada si las ponen sin papelito. La masa debería ser lo suficientemente sólida como para mantener su forma.

 

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Alternativas:

  • En lugar de canela, pueden ponerle un toque de vainilla y cacao en polvo. La cantidad depende de la calidad de cacao que usen, y de lo oscuros que los quieran.
  • Otra opción es hacerlos con sabor a café, usando Nescafé en polvo (o alguna marca similar).
  • También pueden hacerlas de colores agregando colorante a la masa (pero cuidado, que las manos terminan manchadas después).

SOPA DE ARVEJAS Y PLÁTANO VERDE

Éste es un clásico boconés.  Cada vez que oigo la expresión en inglés «comfort food«, esta sopa es lo que se me viene a la mente.  Recuerdo a la Comadre Carmen acercándose a la mesa con una sopera antigua, dejando una estela de humo y olor a familia.  El calor del trapo en que están envueltas las arepas recién sacadas del budare, la nata que tanto le gusta al abuelo, el frío sabroso del Páramo y los periquitos de la Tía Eca haciendo un escándalo en el patio.  La memoria es una cosa seria…
Lo verdaderamente difícil en esta Gastrocrónica es la traducción del tipo de grano que se usa.  La «arveja» venezolana es un grano redondo, de color verde o amarillo que venden entero o partido.  No es igual a la arveja española (que se traduce, si no me equivoco, como guisante en muchos países latinoamericanos). Es un poco más pequeño que un guisante, no tan duro como un garbanzo, pero tampoco tan suave como una lenteja.  Lo más cercano que he visto, tanto en sabor como en textura es el yellow split pea.

 

Independientemente del grano que usen, si deciden hacer esta receta, creo que lo que termina de darle un gusto fantástico es el plátano verde, mejor si es el llamado topocho.  Sé que para los gastrolectores que no crecieron en el Trópico, siempre hay cierta reticencia al usar este tipo de verduras, pero hagan la prueba.  En esta sopa, el plátano cumple la misma función que la papa en un cocido o en una sopa de garbanzos: le da cuerpo y textura al plato.  Como añadidura, también le da un sabor muy particular.  Eso sí, recuerden que no hablo de la banana o guineo, sino del plátano grande (plátano macho, plantain), que se debe comer cocido.  No será difícil conseguirlo verde porque, de hecho, así es como siempre lo venden en los mercados latinos o asiáticos. En Filipinas, por ejemplo, usamos saba banana.

Sin más preámbulos, aquí les va mi versión, tratando de emular la sazón de mi querida Carmen Carrillo.

INGREDIENTES
Para 4-6 personas
1 cebolla pequeña, cortada en cuadritos
2 dientes de ajo, machacados
3-4 ajíes dulces, sin semillas y picaditos*
6-8 tazas de caldo de carne o vegetales
500 g de arvejas secas (enteras o partidas)
2-3 plátanos verdes, pelados y cortados en rebanadas de 3-4 cm
2 hojas de laurel
Varias ramitas de cilantro (mejor si es cilantro de fraile/culantro)
Sal y pimienta negra al gusto
  • Si las arvejas están enteras, es preferible dejarlas remojando toda la noche. Cuando las sustituyo por split peas o algún dal indio, encuentro que esto no es necesario.

arvejas_enteras_remojadas

  • Como en todas mis sopas, empiezo por hacer un sofrito base, salteando la cebolla, el ajo y el ají en un poco de aceite de oliva, a fuego medio-alto, en una olla grande y profunda.  Sofreír por 4-6 minutos, hasta que se suavice la cebolla.
  • Echar el caldo y subir la temperatura al máximo.  La Comadre dice que cuando se usan granos como la arveja y la lenteja, es mejor agregarlos antes de que el agua hierva, de manera que el grano se mantenga entero y no se desconche (y si la comadre lo dice, es porque es verdad).
    • Pueden empezar por poner 6 tazas, e ir agregando más caldo si notan que se seca mucho.
  • Echar los trozos de plátano, el laurel y el cilantro.
    • El plátano verde no es tan fácil de pelar como el plátano maduro.  Primero, hay que cortar las puntas; luego, pueden hacer el intento cortando una línea longitudinal con un cuchillo, y abriendo la concha por ahí.  Lo más probable es que buena parte se quede pegada a la pulpa, así que hay que armarse de paciencia y pelarla con cuchillo.
  • Tapar la olla y contar unos 10 minutos a partir de que el agua empiece a hervir.  Pasado este tiempo, destapar y probar el grano.  Lo más probable es que necesite otros 10 minutos más si usan arvejas partidas, pero no me atrevo a dar tiempos de cocción precisos, porque eso depende del tipo de grano (enteros o partidos) y del gusto personal.  A mí me gusta que el grano se mantenga al dente, pero si se fijan en la foto de arriba, pueden ver que en esa ocasión se deshizo bastante y quedó tipo crema.  Por eso es preferible ir ajustando el tiempo (y la cantidad de agua) sobre la marcha.
    • Si, por ejemplo, pusieron demasiada agua y quieren que merme un poco, dejar la olla destapada.
  • Los trozos de plátano deberían estar firmes pero tiernos.
  • Al terminar la cocción, pescar las hojas de laurel y las ramas de cilantro. Salpimentar al gusto.
  • Acompañar con una arepa recién hecha.


*El ají dulce es un ingrediente más común en la comida oriental (costeña) de Venezuela, no tanto en la andina.  Boconó (el pueblo de mis abuelos) donde esta receta se origina, queda en el Estado Trujillo, en plenos Andes venezolanos.

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